27 de mayo de 2012

La escuela del deber versus la escuela del deseo



Una ola de conservadurismo inunda la educación. Los centros educativos se atiborran de leyes, de normas, de dictámenes y diagnósticos. Los libros de textos imponen verdades absolutas mientras alimentan al mercado. La asamblea de aula, que en otro tiempo fue centro de construcción del conocimiento, crea urticaria cuando se nombra en ciertos círculos conservadores. Las direcciones de los centros docentes pierden poder moral mientras ganan en prebendas burocráticas.  
Se oye a muchos voceros decir que no creen en la democracia en la escuela, en un intento de conquistar la autoridad perdida. No se trata de ser democráticos cuando se alienta la participación y se promueven las votaciones en la escuela, que también. Se trata de educar, y cuando se deja al alumnado decidir se alimenta la responsabilidad y se crea ciudadanos autónomos. ¡Es que no se enteran!
Existe una escuela en la que hay que obedecer, en la que se impone la verdad, y otra, en la que se potencia el pensamiento crítico, poniendo en entredicho las verdades absolutas. En una,  impera el dogma, en la otra, el espíritu científico y la filosofía.
Frente a la escuela de los exámenes está la escuela de la reflexión. Frente a la escuela del esfuerzo sin sentido, está la escuela en donde el esfuerzo merece la pena porque tienen sentido.
Frente a la escuela de los deberes, no es casual la palabreja “deberes”, hay una escuela del deseo.
Frente a la escuela de unos pocos, está la escuela de todos y todas.
Frente a la escuela de las fichas está la escuela de la dicha.
Frente a frente, dos modelos. Frente a frente, dos mundos futuros: el de la sumisión y la verdad absoluta frente al de la libertad, la responsabilidad y la solidaridad.
Existe la escuela de las certezas y la escuela de las incertidumbres. En la escuela de las certezas, los niños y niñas hacen deberes dentro y fuera del aula, deberes basados en repetir una y mil veces una tarea hasta que se grabe a fuego en el cuerpo, nunca en el alma, pura mecánica.
En la escuela de la incertidumbre los niños y las niñas hacen preguntas, una y otra vez, hasta desmontar las verdades establecidas, hasta ensanchar sus mentes buscando el infinito.
Estoy aprendiendo a navegar en la duda y la incertidumbre para crear una escuela que no acepta verdades indiscutibles. Estoy aprendiendo a desarrollar el deseo, la madre de todos los aprendizajes. Como estoy en una escuela inacabada, sigo aprendiendo, deseo seguir aprendiendo, y eso es lo que enseño.

Cristóbal Gómez Mayorga
En mayo, los borricos son caballos, de 2012