Los ojos son el umbral en donde la identidad se asoma. No existen dos miradas iguales, porque más allá del color o de la forma, es la manera de mirar la que nos define. Ya se sabe que los ojos son el espejo del alma. En los ojos se nota cómo nos sentimos, cómo comprendemos el mundo y cómo nos relacionamos con él.
La infancia llega al aula con una
mirada que ya trae historia. A veces, heredada de una saga familiar, con una
carga genética que marca rasgos físicos, pero también con una forma particular
de observar la realidad, influida por el entorno, las experiencias y la mirada
de su familia. Cada niño, cada niña, mira desde su vivencia, perspectiva que
nunca es igual a otra persona.
La maestra de Educación Infantil
también mira de determinada manera. Su mirada no es neutra: observa, acompaña,
interpreta y sostiene. A través de los ojos, la docente conoce a su alumnado,
detecta inquietudes, necesidades, miedos y fortalezas. La forma en la que la
maestra mira a sus alumnos influye directamente en cómo la infancia se percibe
a sí misma y en cómo se siente dentro del aula. Es imprescindible trabajar las
emociones en la escuela a través de la mirada: Ojos que no ven, corazón que no siente. Por eso es imprescindible
una aguda mirada.
Del mismo modo, el alumnado observa a
su maestra. En esa mirada busca seguridad, aprobación, comprensión y afecto. Los
bebés leen los ojos del adulto antes incluso de entender sus palabras. Por eso,
una mirada atenta y respetuosa puede convertirse en una poderosa herramienta
educativa. Como dice el refrán: ojos que
ríen, alma que canta.
Los ojos también pueden expresar
emociones profundas. Pueden estar cansados por tristeza, apagados por dolor o
inquietos por aquello que perciben y sienten. Aprender a leer esas miradas
forma parte del trabajo educativo, especialmente en infantil, donde muchas
emociones aún no se saben nombrar con palabras. Porque los ojos hablan cuando la boca
calla.
Los ojos son órganos importantes de
los sentidos, del sentir, y sin ellos, estamos limitados. Pero en educación,
más allá de ver, es esencial saber mirar: mirar con intención pedagógica, con
sensibilidad y con respeto. Porque la mirada de la maestra puede convertirse en
un espejo donde el niño aprenda a verse valioso, capaz y acompañado.
Es necesario abordar en el aula la
mirada como acto de reconocimiento de las demás personas, como atención y
cuidado hacia los demás. Porque la mirada es uno de los primeros lenguajes del
ser humano, y permite desarrollar la observación y la curiosidad, fomentar la
empatía y el reconocimiento mutuo, descubrir la belleza del mundo y crear
vínculos afectivos.
Gracias a los ojos podemos ver,
aprender y descubrir. Cuando la visión presenta dificultades, existen apoyos
que acompañan el proceso: lentes, adaptaciones, materiales accesibles y tiempos
respetuosos. En el aula, ver no es solo una función biológica, sino una
oportunidad para garantizar la inclusión y el bienestar de todo el alumnado.
Es fundamental que la maestra de
infantil observe con atención la forma de mirar. La curiosidad, la atención
dispersa, el cansancio visual o la evitación de ciertas tareas pueden ser
señales de dificultades de visión o de trastornos como la dislexia. Muchas de
estas dificultades pasan desapercibidas en las primeras etapas educativas,
detectarlas a tiempo puede prevenir futuros problemas de aprendizaje y, sobre
todo, proteger la autoestima del alumnado.
Mirar a los ojos fijamente es una
actividad que nos permite sentir a partir de la mirada. Porque por la mirada
llegamos al alama de los demás. Siempre sorprendemos a quien no es capaz de
mirar fijamente, porque los corazones heridos son incapaces de mirar.
Mirarse en un espejo y dibujarse es
una apuesta por construir la identidad. Reconocerse en el espejo es acto de
valentía que nos construye como persona. Es imprescindible en el aula de
infantil tener a mano siempre un espejo que nos devuelva la imagen que tenemos.
No leer, no escribir o no seguir el
ritmo del aula no siempre es debido a falta de interés. A menudo es una dificultad
no identificada. Por eso, la mirada docente debe ser comprensiva y preventiva,
evitando el reproche, favoreciendo el acompañamiento, el refuerzo positivo, y
siempre en colaboración con la familia.
Es interesante preguntarnos para qué
sirven los ojos, cómo vemos, cómo perciben quienes no ven, que cosas son
importantes mirar, etc. Son cuestiones importantes para dialogar en asambleas
de aula, porque generan pensamiento y construyen conocimientos compartidos.
Para trabajar la mirada podemos
partir del color de nuestros ojos. Para ello es sugerente mirarnos por pareja,
dibujar los ojos de nuestros mirados y colorearlos. Un mural con el dibujo de
todos los ojos del aula será una representación plástica de la diversidad del
aula.
Canciones como “Veo, veo” son muy divertidas para explorar el mundo cercano a
partir de la inicial del nombre de lo mirado. De aquí puede surgir una
actividad de aprendizaje de lectoescritura muy conveniente mientras miramos el
mundo.
Recuerdo el microscopio en el aula
para ver las cosas que habitualmente no vemos. Qué asombroso descubrir los
múltiples ojos de la mosca o las ocho patas de la araña. Lo que no podemos ver siempre
es un mundo enigmático por descubrir. Tengamos al menos una lupa en el aula,
para descubrir lo que el ojo a penas ve.
La mesa de luz siempre es un reclamo
para el alumnado. Papeles de celofán de distintos colores producen magia a
través de la luz. Distintas figuras pueden proyectar sombras insospechadas provocando
juegos imaginativos. Jugar con linternas en la oscuridad o bailar a través de
una sábana provocando sombras son actividades que siempre sugieren situaciones
mágicas.
Una multitud de fotos de ojos: de
ancianos, de hombres y mujeres, de niños y niñas, de diferentes etnias y
culturas, etc. posibilitan dialogar sobre la diversidad de los seres humanos.
También podemos hacer teatros de
miradas. Y mostrar ojos tristes, alegres, tímidos, furiosos o miedosos. Es
importante trabajar las emociones en la escuela a partir de la mirada.
Trabajar el arte a partir de los
cuadros cubistas de Picasso, es una actividad que rompe estereotipos y
desarrolla la creatividad. También los impresionistas franceses nos pueden
ayudar a mirar la realidad a partir de puntitos de múltiples colores. Es
importante en la escuela indagar y aprender de los artistas que miraron el
mundo de otra manera. Dibujar autorretratos de los diferentes estilos nos ayuda
a vernos desde distintas perspectivas.
Los libros colectivos son una
oportunidad de unir las distintas visiones sobre el mundo. Confeccionar libros,
con la aportación de una página cada cual, sobre nuestros ojos, lo que más nos
gusta ver, nuestro color favorito o sobre lo que hemos aprendido…, es una forma
de socialización.
La escuela y las familias deben
compartir miradas educativas. Por tanto, es necesario que madres y padres
entren en la escuela para la realización de actividades o colaboren desde casa.
Es imprescindible que se sientan partícipes del aprendizaje. Para ello es
interesante acabar el proyecto de nuestras miradas con una exposición de cierre
con todo lo trabajado: autorretratos, fotos, dibujos y textos de todo lo aprendido.
Un proyecto sobre la mirada permite
desarrollar la empatía, el autoconocimiento, la diversidad, el cuidado y la educación
emocional. Porque la mirada se convierte en un acto pedagógico, ya que permite
aprender a mirar y a ser visto, a reconocer y a ser reconocido. No dejemos de
experimentarlo en la escuela.
Dice un refrán popular que no hay más ciego que el que no quiere ver.
Porque la visión es algo más de lo que dicen los ojos. Mirar es escudriñar el
mundo buscando respuestas jamás planteadas.
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