21 de enero de 2026

LA MIRADA QUE EDUCA

Los ojos son el umbral en donde la identidad se asoma. No existen dos miradas iguales, porque más allá del color o de la forma, es la manera de mirar la que nos define. Ya se sabe que los ojos son el espejo del alma. En los ojos se nota cómo nos sentimos, cómo comprendemos el mundo y cómo nos relacionamos con él.

La infancia llega al aula con una mirada que ya trae historia. A veces, heredada de una saga familiar, con una carga genética que marca rasgos físicos, pero también con una forma particular de observar la realidad, influida por el entorno, las experiencias y la mirada de su familia. Cada niño, cada niña, mira desde su vivencia, perspectiva que nunca es igual a otra persona.

La maestra de Educación Infantil también mira de determinada manera. Su mirada no es neutra: observa, acompaña, interpreta y sostiene. A través de los ojos, la docente conoce a su alumnado, detecta inquietudes, necesidades, miedos y fortalezas. La forma en la que la maestra mira a sus alumnos influye directamente en cómo la infancia se percibe a sí misma y en cómo se siente dentro del aula. Es imprescindible trabajar las emociones en la escuela a través de la mirada: Ojos que no ven, corazón que no siente. Por eso es imprescindible una aguda mirada.

Del mismo modo, el alumnado observa a su maestra. En esa mirada busca seguridad, aprobación, comprensión y afecto. Los bebés leen los ojos del adulto antes incluso de entender sus palabras. Por eso, una mirada atenta y respetuosa puede convertirse en una poderosa herramienta educativa. Como dice el refrán: ojos que ríen, alma que canta.

Los ojos también pueden expresar emociones profundas. Pueden estar cansados por tristeza, apagados por dolor o inquietos por aquello que perciben y sienten. Aprender a leer esas miradas forma parte del trabajo educativo, especialmente en infantil, donde muchas emociones aún no se saben nombrar con palabras. Porque los ojos hablan cuando la boca calla.

Los ojos son órganos importantes de los sentidos, del sentir, y sin ellos, estamos limitados. Pero en educación, más allá de ver, es esencial saber mirar: mirar con intención pedagógica, con sensibilidad y con respeto. Porque la mirada de la maestra puede convertirse en un espejo donde el niño aprenda a verse valioso, capaz y acompañado.

TRABAJAR LA MIRADA EN EL AULA

Es necesario abordar en el aula la mirada como acto de reconocimiento de las demás personas, como atención y cuidado hacia los demás. Porque la mirada es uno de los primeros lenguajes del ser humano, y permite desarrollar la observación y la curiosidad, fomentar la empatía y el reconocimiento mutuo, descubrir la belleza del mundo y crear vínculos afectivos.

Gracias a los ojos podemos ver, aprender y descubrir. Cuando la visión presenta dificultades, existen apoyos que acompañan el proceso: lentes, adaptaciones, materiales accesibles y tiempos respetuosos. En el aula, ver no es solo una función biológica, sino una oportunidad para garantizar la inclusión y el bienestar de todo el alumnado.

Es fundamental que la maestra de infantil observe con atención la forma de mirar. La curiosidad, la atención dispersa, el cansancio visual o la evitación de ciertas tareas pueden ser señales de dificultades de visión o de trastornos como la dislexia. Muchas de estas dificultades pasan desapercibidas en las primeras etapas educativas, detectarlas a tiempo puede prevenir futuros problemas de aprendizaje y, sobre todo, proteger la autoestima del alumnado.

Mirar a los ojos fijamente es una actividad que nos permite sentir a partir de la mirada. Porque por la mirada llegamos al alama de los demás. Siempre sorprendemos a quien no es capaz de mirar fijamente, porque los corazones heridos son incapaces de mirar.

Mirarse en un espejo y dibujarse es una apuesta por construir la identidad. Reconocerse en el espejo es acto de valentía que nos construye como persona. Es imprescindible en el aula de infantil tener a mano siempre un espejo que nos devuelva la imagen que tenemos.

No leer, no escribir o no seguir el ritmo del aula no siempre es debido a falta de interés. A menudo es una dificultad no identificada. Por eso, la mirada docente debe ser comprensiva y preventiva, evitando el reproche, favoreciendo el acompañamiento, el refuerzo positivo, y siempre en colaboración con la familia.

Es interesante preguntarnos para qué sirven los ojos, cómo vemos, cómo perciben quienes no ven, que cosas son importantes mirar, etc. Son cuestiones importantes para dialogar en asambleas de aula, porque generan pensamiento y construyen conocimientos compartidos.

Para trabajar la mirada podemos partir del color de nuestros ojos. Para ello es sugerente mirarnos por pareja, dibujar los ojos de nuestros mirados y colorearlos. Un mural con el dibujo de todos los ojos del aula será una representación plástica de la diversidad del aula.

Canciones como “Veo, veo” son muy divertidas para explorar el mundo cercano a partir de la inicial del nombre de lo mirado. De aquí puede surgir una actividad de aprendizaje de lectoescritura muy conveniente mientras miramos el mundo.

Recuerdo el microscopio en el aula para ver las cosas que habitualmente no vemos. Qué asombroso descubrir los múltiples ojos de la mosca o las ocho patas de la araña. Lo que no podemos ver siempre es un mundo enigmático por descubrir. Tengamos al menos una lupa en el aula, para descubrir lo que el ojo a penas ve.

La mesa de luz siempre es un reclamo para el alumnado. Papeles de celofán de distintos colores producen magia a través de la luz. Distintas figuras pueden proyectar sombras insospechadas provocando juegos imaginativos. Jugar con linternas en la oscuridad o bailar a través de una sábana provocando sombras son actividades que siempre sugieren situaciones mágicas.

Una multitud de fotos de ojos: de ancianos, de hombres y mujeres, de niños y niñas, de diferentes etnias y culturas, etc. posibilitan dialogar sobre la diversidad de los seres humanos.

También podemos hacer teatros de miradas. Y mostrar ojos tristes, alegres, tímidos, furiosos o miedosos. Es importante trabajar las emociones en la escuela a partir de la mirada.

Trabajar el arte a partir de los cuadros cubistas de Picasso, es una actividad que rompe estereotipos y desarrolla la creatividad. También los impresionistas franceses nos pueden ayudar a mirar la realidad a partir de puntitos de múltiples colores. Es importante en la escuela indagar y aprender de los artistas que miraron el mundo de otra manera. Dibujar autorretratos de los diferentes estilos nos ayuda a vernos desde distintas perspectivas.

Los libros colectivos son una oportunidad de unir las distintas visiones sobre el mundo. Confeccionar libros, con la aportación de una página cada cual, sobre nuestros ojos, lo que más nos gusta ver, nuestro color favorito o sobre lo que hemos aprendido…, es una forma de socialización.

La escuela y las familias deben compartir miradas educativas. Por tanto, es necesario que madres y padres entren en la escuela para la realización de actividades o colaboren desde casa. Es imprescindible que se sientan partícipes del aprendizaje. Para ello es interesante acabar el proyecto de nuestras miradas con una exposición de cierre con todo lo trabajado: autorretratos, fotos, dibujos y textos de todo lo aprendido.

Un proyecto sobre la mirada permite desarrollar la empatía, el autoconocimiento, la diversidad, el cuidado y la educación emocional. Porque la mirada se convierte en un acto pedagógico, ya que permite aprender a mirar y a ser visto, a reconocer y a ser reconocido. No dejemos de experimentarlo en la escuela.

Dice un refrán popular que no hay más ciego que el que no quiere ver. Porque la visión es algo más de lo que dicen los ojos. Mirar es escudriñar el mundo buscando respuestas jamás planteadas

Cristóbal Gómez Mayorga y María José Benítez Suárez 

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