3 de noviembre de 2018

SOBRE EL LÍMITE Y EL AMOR

La literatura pedagógica de los últimos tiempos es insistente: hay que poner límites a la infancia, hay que decir no, hay que contener a una chiquillada derramada... Es verdad que vivimos en tiempos líquidos y maleables, como escribe Muñoz Molina en su libro “Todo lo que era sólido”, basado en el concepto de modernidad líquida de Zygmunt Bauman .
Amor sin límites. Los límites del amor. Amar los límites. Amores limitados. Límites amorosos. Limitar los amores. Poner límites al amor,... poner amor en los límites. ¡Sí! Encontré la expresión adecuada: ¡poner amor en los límites! Esa es la esencia de cualquier proceso educativo, de cualquier litigio amoroso.
Estamos haciendo bonsáis, pequeños árboles sometidos con mil técnicas ancestrales para no dejar crecer. Ya se sabe, inseguridades y miedos nos delatan. Mejor dependientes a nuestro lado, mejor pequeños que lejanos. Las ciencias de las “Psic” lo avalan: hay que poner límites, hay que decir no, hay que someter (ellos lo llaman modificación de conducta, o no sé qué).                    
El caso es que me pongo a observar y pienso:
¿Acaso no son los niños y niñas los que nos dicen no? ¿Acaso no son las personitas de 13 ò 14 años quienes cada día nos retan? ¿Acaso los límites no es una necesidad de quienes van creciendo, especialmente en momentos claves de maduración?      
La infancia, al igual que una planta, va apuntando espacios para crecer. Va macando territorios para hacerse un hueco en el mundo. Quizás, igual que a las plantas, lo que debemos hacer es regar, dar luz, aire puro y amor. No tanto limitar.
Y es que, las personas que nos dedicamos a educar, no trabajamos sobre leyes que hay que cumplir. No hablamos de normas, ni de comportamientos adecuados o no, ni de chorradas legales con castigos ancestrales. Trabajamos sobre la complejidad de crecer, de que para madurar desarrollamos eso tan esencial que se llama identidad. Y para el desarrollo de la identidad necesitamos tiempo, espacio, e ir regando y abonando de vez en cuando, eso sí, con mucho amor. Nuestra obligación como adultos no es tanto decir no, como disfrutar de su crecimiento mientras soportamos sus no y aceptamos los límites necesarios. Menos límites y más amor. ¿O es que, acaso,  sin amor es posible poner el límite necesario?

Noviembre, 2018.

14 de octubre de 2018

CONECTADOS


Dice Humberto Maturana, biólogo y filósofo chileno, que los seres humanos somos Homo Sapiens Amoroso. Argumenta este contemporáneo humanista, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Málaga, que la razón para la convivencia y lo social es el amor. Y como la educación es el principal legado social, además de fuente de toda convivencia, podríamos consensuar que sólo desde el amor  podemos educar.
Lo veo cada día en la escuela: el profesorado que enseña es el que ama. Para enseñar primero hay que conectar, para educar, no digamos.
¿Y cómo nos vinculamos? -Con la mirada y la escucha atenta, con el roce, que hace el cariño, con sentido del humor y risas,... y, siempre, desde el amor.
Hay personas en la escuela que no enseñan, no tanto porque no sepan, sino porque tienen dificultades de conexión con los demás, porque ellos mismos no están conectados a la vida, porque hace tiempo que no fluyen desde el amor. Hay niños y niñas que aprenden a pesar de ellas, porque vienen conectados de casa. Pero en estos tiempos cada vez vemos a una infancia más desconectadas, o conectadas ciegamente a través de una pantalla.
Somos seres amorosos y sociales. Sólo desde el equilibrio que nos da el amor y el vínculo con los seres queridos tenemos la seguridad para atrevernos a lidiar con nuevos aprendizajes. Las personas inseguras no se atreven a recorrer el camino del conocimiento, siempre tan incierto y desequilibrante.
Lo aprendí ejerciendo de maestro de Educación Infantil, que es la edad en la el vínculo es imprescindible. El profesorado de esta etapa vive en una dicotomía esencial: o vincula o no educa, o ama o fracasa en la tarea de educar.
En Educación Primaria también hay personas que saben conectar y son excelentes educadores. Pero hay personas enredadas en los contenidos, en el temario, en los libros de textos, en tareas burocráticas y en la supuesta presión familiar. Tampoco La Administración ayuda obligándonos cada vez más a mirar a plataformas burocráticas. Mirar a tantos lados limita el vínculo amoroso imprescindible en educación.
A medida que ¿subimos? en el sistema educativo percibimos menos dedicación al vínculo necesario para el aprendizaje. Y luego se quejan de que no aprenden, de que no atienden, de que no se interesan, que si patatín, que si patatán.
Ahora que me dedico al alumnado con discapacidad es cuando más estoy aprendiendo sobre la necesidad de la conexión, el vínculo y el amor. Me gusta esta tarea de conectar con quienes tienen más dificultades, con quienes para vincularse necesitan que alguien los mire aceptando su peculiaridad. Suelen tener dificultades de que el profesorado conecte con ellos. Porque los docentes estamos limitados en la capacidad de empatizar con la diversidad del aula. Y estos niños y niñas nos delatan a diario, a la vez que nos dan la oportunidad de seguir mejorando.
Muchos son los motivos por los que hay  niños y niñas que no aprenden: se ven diferentes en algún aspecto o perciben que no son como cualquiera, no cumplen las expectativas, se mueven demasiado, tienen la mente en cuestiones familiares que les inquietan, necesitan más tiempo para procesar, aprenden de otra manera, sus emociones se derraman más de lo exigido, sus sistema nervioso va a su aire,... o están ensimismados en construir su historia persona. La cuestión es que para que aprendan hay que vincularlos, como a los demás. 
Vamos aprendiendo algunas estrategias para conectar con niños y niñas desconectados, que dejan de aprender: canciones, poesías o retahílas, trucos de magia, tocar la guitarra, valorar sus capacidades, decirles lo guapo, grande, alto o listas que son, escuchar lo que dicen pacientemente,... pero, sobre todo, mirar a sus ojos con atención mientras nos hablan.
Evidentemente, el alumnado con diversidad funcional debe estar en clases normalizadas, donde la vinculación sea multidireccional, para dar la posibilidad de relación emocional con los demás. He descubierto que, en muchos casos, se conectan con algunos de sus compañeros y compañeras de clase. Nuestra función educadora es estar atentos para discernir el alumnado con capacidad de vinculación.
Acompaño desde hace años a un alumno, con un diagnóstico a la espalda de desconexión social, que desde los tres añitos se vinculó a una amiguita de clase y ahora está muy presente en la vida. Veo a diario a un chico con dificultades de comunicación, que se está vinculando con un compañero de su edad. Disfruto viéndolo en el patio jugar con su amigo a pillar. El pilla pilla y el escondite son dos juegos esenciales para la conexión vital. Sólo hay que dejarles espacios de juegos para que aprendan a mirarse, buscarse, encontrarse, conectarse, vincularse,... amarse.
He visto, muchas veces, cómo algunas personitas con dificultades de aprendizaje mejoran notablemente gracias al amor de su tutora o tutor. Pero sobre todo, siento cómo los enseñantes vamos mejorando nuestra capacidad para urdir con amor el complejo entramado del aula, conectando con miradas de cariño para que pueda producirse ese milagro llamado educación.

 

Cristóbal Gómez Mayorga

Otoño 2018

2 de marzo de 2018

¡Por cuatro esquinitas de nada!”


WorkShopOrienta, 24 de febrero de 2018. Universidad de Málaga.

Recordad este evento, esta fecha. Familias y profesionales, juntos, sintiendo y pensando sobre inclusión y diversidad en la escuela. Muchas personas con el mismo objetivo: cambiar la educación en vez de cambiar a las niñas y niños con discapacidad. Parece pretencioso pero, con tanta gente experta en la materia, me pareció, además de posible, más necesario que nunca.
En esta jornada participó gente de toda España y pasaron muchas pequeñas grandes cosas:
Todos éramos expertos, con humildad para aprender de los demás. Nos pusimos a pensar. Mucha gente sintiendo, pensando y buscando compromisos. Y es que quienes no tienen voz en la escuela gritaron en este evento. Quienes no pueden moverse, bailaron alegres. Las personas con dificultades gritaron sus capacidades. Quienes eran invisibles brillaron como luceros. Los sin palabras gritaron al viento. Las emociones se volvieron exigentes razones. La conclusión principal: debemos cambiar la escuela para que quepan todas las personas.
Algunas reflexiones que me surgieron: nos educamos por imperativo social. Nuestro cerebro y nuestra alma se adaptan al contexto y crecen al convivir con personas diferentes. Crecemos si aprendemos de los demás. Cuanto más diferentes las personas con la que nos relacionamos más inteligentes nos volvemos. La inteligencia no es más que la capacidad de pasearnos por las mentes de los demás. Así que, ante la complejidad del mundo en el que vivimos, es un lujo, y un derecho, educarnos juntas todas las personas, independientemente de las peculiaridades personales. Y es, además, una gran posibilidad para cambiar la escuela.
En la educación actual prolifera la cultura de la excelencia y la competitividad. Las personas que tienen dificultades se diagnostican, se les rellenan dictámenes y se les ponen cruces (bastante cruz llevan ya) en sus dificultades. ¿No será más fácil que cambie las escuela?
Hace más de 20 años que trabajamos por proyectos en Educación Infantil. Todos entran en nuestras aula sin  adaptación. Porque, como en el cuento “Por cuatro esquinitas de nada”, de Jérôme Ruillier
, no intentamos adaptar al alumnado, siempre buscamos cambiar el contexto. Nuestra metodología se pone en juego con cada sujeto que entra en el aula. Nuestra programación por proyectos y espacios vitales siempre pasa la prueba de fuego. Una metodología en la que cada cual aprende desde su capacidad sobre el tema que trabajemos. Proponemos no realizar ninguna adaptación a personas. La adaptación curricular, como su nombre indica, hay que hacerla al currículum: objetivos, contenidos, materiales, espacios, tiempo, evaluación, etc. Adaptemos las metodologías y los contextos para que el alumnado puedan ser lo que ya son, y que cambie para bien quien tiene que cambiar: la escuela. Así seremos mejores personas. ¡Por cuatro esquinitas de nada!”.

Febrero, 2018


28 de diciembre de 2017

DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS


DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS 
 ¿Cómo se puede diagnosticar a un niño, a una niña, sin preguntarles qué les pasa? Algo le dolerá, algún síntoma sentirá, se encontrará de alguna manera, sufrirá por algo, cierto asunto le inquietará,... ¡Alguna palabra saldrá de su boca que intente explicar su sufrimiento! 
Ya son muchos los casos de diagnósticos con los que tropiezo en los que nadie preguntó a la personita sufriente qué le pasa. Sólo dos ejemplos:
Una madre llegó con un cuestionario para diagnosticar si su hijo tenía TDAH. El caso es que saqué al niño de clase y hablé con él. Le digo que su madre está preocupada. Me dice que lo están llevando a una psicóloga. Le pregunto qué le pasa y me cuenta que está sufriendo por su hermana porque le ha ocurrido algo muy grave. Me lo cuenta. Evidentemente, para preservar el anonimato, no debo desvelar aquí su relato, pero lo que narra es para estar más que alterado y ausente. Y yo me cuestiono: ¿nadie le ha preguntado a este niño por qué no atiende en la escuela? Al poco tiempo, trae informe psicológico de Trastorno por Déficit de Atención. El orientador del centro, ante la demanda de confirmación del diagnóstico externo, quiere comprobarlo y realiza una actividad a toda la clase en la que se encuentra el alumno. Es una prueba en la que se requiere, máxima atención, memoria y capacidad ejecutiva durante un tiempo considerable. Seca la segunda mejor nota de la clase. Evidentemente el diagnóstico no era correcto. Simplemente estaba pasando por un periodo de conflictos familiares que le hacía estar ausente en muchos momentos de clase. Problemática que, quizás, la familia también quería esconder bajo un diagnóstico clínico. ¡Se puede diagnosticar sólo pasando cuestionarios a la familia, juez y parte en esta historia! Y como suele ocurrir, el padre ausente. Es evidente que con un cuestionario sobre TDAH lo más probable es que su hijo salga con la etiqueta, ya que todas las preguntas van enfocadas desde esa visión: no atiende en el colegio, no aprende, se mueve demasiado, está inquieto, etc.
En otra ocasión teníamos un alumno diagnosticado de TDAH desde los 4 años. No sé si la edad es adecuada para una etiqueta tan pesada. El informe venía firmado por un neurólogo. Esto ya es más serio, ¡era médico!. Pues bien, en el diagnóstico ponía como prueba de la etiqueta un cuestionario a la madre. Nadie le preguntó al niño por qué pegaba a sus compañeros, por qué estaba nervioso, por qué no atendía en la escuela, qué le pasaba... Es verdad que tenía 4 años, pero a esa de edad tengo comprobado que los niños y las niñas ya piensan, hablan y razonan. Cuando hablo con el niño me cuenta que su padre pega a su madre y él tiene que separarlos con mucha fuerza, para que no le haga daño... Se me caen dos lagrimones.
Podría contar más historias de este tipo. En cierta ocasión pasé cuestionarios de diferentes “trastornos” al mismo niño y me encajó en todos. Así que es necesario elegir muy bien el cuestionario que pasamos porque puede ser causante de su destino.  Y es que creo que bajo el yugo supuestamente objetivo de las pruebas diagnósticas habría que introducir algún argumento subjetivo: la narración de la persona a diagnosticar. Creo que somos seres subjetivos, no somos objetos. Sería conveniente, antes de cualquier diagnóstico, preguntar primero al diagnosticado. Porque no es tan importante lo que creemos que tiene alguien, sino cómo se siente, qué está sufriendo, qué cree que le pasa  la persona con dificultades.
Como maestro novato de Pedagogía Terapéutica, he llegado a una conclusión provisional, como todas las conclusiones en educación. Creo que debemos ayudar a los niños y niñas preguntándoles primero cuál es su sufrimiento, porque si no tratamos a las personas como sujetos sintientes, reflexivos, con narración propia, autoestima, identidad y conciencia, estamos deshumanizando a la tiernas infancia antes de tiempo.

Diciembre de 2017

8 de agosto de 2017

LA ESPIRAL DEL MERCADO EN LA ESCUELA



Ya llegó a la escuela la lógica del dinero, la panacea económica: lo importante es vender sin miramiento. Y es ahí donde entra en juego el engaño de las palabras, para que no se note demasiado la lógica del mercado. Gestión, eficiencia, calidad, tecnología y liderazgo, comienzan a cubrir, con un brillante barniz, la mediocridad educativa imperante en estos momentos. Los cimientos, el sostén, el interior, la esencia,… la estructura básica del edificio nunca se ve, pero sostiene la vida. Encima, recubriendo, está la forma, la vestimenta, la estética, lo que se muestra. La fachada se adorna con uniformes, orlas, fiestas, discursos y supuestos proyectos. La esencia va por dentro, es difícil de escudriñar, es menos visible y se escapa a la mirada superficial. Necesitamos reflexiones más profundas y complejas.

Regalan pantalla digital si pones para el curso libros de texto. Para ello, haces comprar, a las familias de los infantiles, libros que duran un año (porque se escriben en ellos) por valor de más de 100 euros. El compromiso con la editorial es mantener esos libros por varios cursos. Por lo que, evidentemente, son las familias las que pagan la dichosa pantalla.

Se va trazando la espiral:

·        El profesorado vive con desasosiego tanto libro que rellenar, porque las familias se han gastado mucho dinero y lo tienen que justificar. ¡Pendientes del qué dirán!

·        Los niños y niñas desde los 3 años están mucho tiempo sentados copiando en las fichas y mirando la pantalla. ¡Otra pantalla más!

·        Hay tanto que trabajar que se dejan de hacer actividades importantes en estas edades: juegos, psicomotricidad, canciones, bailes, teatro, salidas,… ¡mirar, pensar, sentir, amar!

·        La metodología, basada en libros de textos, es transmisiva y homogeneizadora, contraria a la legislación vigente para estas edades. ¡Contraria al sentido común, obviamente!

·        No se respetan los diferentes ritmos personales, ni se atiende la diversidad, ¡como mandan las directrices legales!

·        La administración elude responsabilidades y cubre sus proclamas de desarrollo tecnológico permitiendo donaciones que implican metodologías contrarias a sus directrices legales y al sentido común. ¡Así no se gasta un euro!

·        Según la ley, la educación obligatoria es gratuita, pero son las familias las que pagan la pantalla digital y los libros de textos. ¡El copago, a educación, también ha llegado!

Todos tienen razones para que este círculo vicioso funcione sin que nadie se sienta responsable. El profesorado necesita ordenadores y pantallas y la administración no se los da. Por ello, se echa en brazos de los comerciales. Las direcciones de los centros no se atreven a pedir pantallas digitales, libros y materiales a la Administración porque son sus jefes y no quieren problemas. Las familias, dentro de la lógica mercantil, aceptan pagar para que sus hijos “tengan mejor educación”. Así se equiparan con la enseñanza concertada, en donde hay uniformes, libros caros, pizarras digitales y aparentan una educación eficaz. Tampoco tienen otra opción. ¡Es lo que hay!

Y es así cómo, sin querer queriendo, la escuela se va empobreciendo en su esencia, y luce bella por fuera, con sus pantallas gigantes y sus libros de textos. Mientras los niños y niñas, amarrados al duro banco, lloran por dentro.

Y el mercado, -¡el negocio, asegurado!- el más contento.



Xtóbal, agosto de 2017

25 de julio de 2017

Detectando discapacidades


El discurso de la diversidad se ha instalado en el Sistema Educativo para quedarse. Pero, como todo discurso, corre el riesgo de convertirse en palabras huecas. La diversidad y la inclusión son los nuevos mantras que llenan nuestras bocas en estos tiempos convulsos. Se escriben una y mil veces en papeles de todas las texturas: leyes, proyectos, programaciones, discursos y oposiciones. Pero la realidad es tozuda y resistente a toda idea que suponga una transformación profunda y, sobre todo, un cambio de mentalidad. Y es difícil, en estas circunstancias, discernir lo que es mentira o verdad. 

Menos mal que en mi cole tengo a alguien especial, detecta la esencia y separa el grano de la paja. Es una chica diagnosticada como TEA y tiene un poder mágico: sentir el alma de las personas y huir de la gente desalmada.

En su aula descubre a los compañeros excepcionales, deja que le abracen, que le ayuden o le cojan de la mano. Y sonríe contenta cuando están jugando con ella. Pero también delata a los chicos y chicas con alguna discapacidad: los que tienen miedo de acercarse, quienes miran con recelo, los que no saben conectar, los que tienen dificultades de ponerse en el lugar de los demás.

También mi alumna es capaz de discernir entre el profesorado competente y el discapacitado. Es elocuente al dejar en evidencia a  quienes no saben acercarse a ella, a quienes no la tiene en cuenta, a los que no miran de verdad, a quienes no se abren en cuerpo y alma, a los que tienen prejuicios o falta de empatía, a quienes tienen algún tipo de dificultad en conectar con los demás. Y es que mi alumna es un espejo en donde nos miramos y descubrimos el lado oculto que todos llevamos dentro: los miedos, el qué dirán, la incompetencia,… y tantas deficiencias que todas las personas tenemos. 

Lo interesante de esta alumna tan especial es que, además de descubrir discapacidades, es capaz de mejorar a los demás. Es una luz que nos alumbra y ayuda a desarrollar muchas capacidades sólo conviviendo con ella: la empatía, el respeto, la tolerancia, la inteligencia emocional, nos ayuda a pensar y sentir, enseña a conectar y mirar de verdad. Los niños y niñas de su clase han desarrollado unas cualidades especiales que es difícil de aprender de otra manera.


Pero esta alumna tiene más poderes: es capaz de detectar la discapacidad que tiene el Sistema Educativo. Por ejemplo, ha  vislumbrado a una Administración insensible y discapacitada que no pone a alguien que le eche una mano en sus dificultades en el aula. Y la familia tiene que estar buscando a personas, por “su cuenta”, que le ayuden, para poder estar en un aula como los demás. Sí, también mi alumna ha detectado una Administración discapacitada, que se le llena la boca de integración y diversidad, pero no pone los medios necesarios, ni contrata a personas que hagan factible la inclusión que la ley proclama con letras de oro y subrayadas.

Pero lo más interesante es que soy el maestro de esta alumna singular. En teoría, soy especialista en Pedagogía Terapéutica y, cada día, me descubre mis discapacidades: por no saber entenderla, por no prever sus demandas, por no saber conectar, por no tener la formación suficiente,… y no sé por cuanto más. Sí, mi alumna también detectó mis discapacidades y me ha puesto a estudiar y a seguir indagando sobre los seres humanos. Menos mal que es benévola y comprensiva y, cada día, me mira a los ojos, aleteando sus manos de alegría, me da un abrazo y nos vamos de la mano a seguir aprendiendo juntos, con los demás. 


Xtóbal, Julio de 2017


22 de noviembre de 2016

UNA OPORTUNIDAD



UN ACCIDENTE: UNA OPORTUNIDAD PARA APRENDER

Todo acontecimiento negativo es una oportunidad para trasformar dos signos menos en un más. Hay que ser experto en cambiar la orientación de una simple rayita para que un accidente sea una oportunidad de aprendizaje en la vida.  

Un chico de mi cole se cayó jugando en el patio. Se hizo una herida y comenzó a sangrar de forma alarmante. Todo el alumnado contempló el incidente, y cada cual lo sintió de forma particular. El caso es que ya nada fue como debería. Había que improvisar.

Al entrar del recreo, cada maestro y maestra se dispuso a dar clase. Pero la audiencia estaba en un estado emocional excitado, debido al suceso. Nuestro compañero estaba sangrando por un golpe en la frente y lo llevaron al hospital. Nuestras cabezas lo acompañaban y ya no estaban en la escuela.

¿Qué hacer en estos casos? Un colega profesor me dijo al acabar el día: tenía todo programado muy bien y no he podido dar clase, he perdido toda la hora, porque el incidente ha impedido que el alumnado estuviera centrado. Es lo que pasa con estas cosas, que hemos perdido el tiempo.

En otros cursos, en cambio, han ganado la hora. Han convertido dos signos menos en un más. El profesorado ha entendido algo esencial: lo que hay es lo que es. No hay más. Ya lo dijo Epicteto hace más de dos mil años. Lo que es, es lo que hay y con ello hay que lidiar.

Compartí clase con un tutor y cuento lo que pasó. Viendo a sus alumnos excitados por lo que aconteció, el maestro decidió parar la clase y atar tantas emociones con palabras, para que no se desbordaran. Lentamente, respiraron y se dio la consigna principal: cada cual levanta la mano si quieren hablar y los demás escuchamos.

Fueron saliendo las primeras emociones en forma de exageraciones, bulos y comentarios infundados: “se ha abierto la cabeza, se le ve los sesos, alguien ha dicho que está muy mal,…”. ¡Menos mal que se ha parado tanto espaviento! Unos a otros se fueron matizando y, al rato, ya más sosegados, se habló del bulo y lo peligroso que es, de que hay que contrastar la información, de que no podemos exagerar, de que es importante en esos momentos mantener la calma y contralar nuestras emociones desatadas por un acontecimiento de esas dimensiones. Y reflexionamos sobre la proliferación existente, hoy día, de los bulos en internet.

A continuación se hizo al grupo una pregunta: “Qué ha sentido cada cual”. Es importante afrontar los problemas desde nuestras emociones. Fueron apareciendo todos los sentimientos sentidos: miedo, nervios, lástima, un pellizco en el estómago,… Alguien explicó a sus compañeros que, en vez de alarmar a los pequeños, les dijo que se había hecho una herida muy pequeña y se iba a curar pronto. Resaltamos la empatía que tuvo el compañero para quitar miedo y tensión a los más débiles.

En la primera sesión del día se había hablado de sentimientos en Ciudadanía, según me dijo el tutor. Ahora se había sentido de verdad, ya se estaba en disposición de aprenderlos. Es importante primero sentir, luego nombrar, matizar, expresar y compartir.

A continuación, se buscó posibles causas de la caída del compañero. Parece que no había desayunado y tuvo un posible desmayo en una actividad extenuante como el fútbol.  Así que hablamos de la importancia de la alimentación para el esfuerzo físico e intelectual. Muchos intervienen para contarnos que sus entrenadores les incitan a comer frutas en medio de los partidos, para tener energía. Todos van contando anécdotas que les ha pasado en sus vidas por no haber comido suficiente. Se trata sobre las diferentes clases de alimentos y sus aportes energéticos.

La clase ya es toda calma. Se ha puesto palabras a las emociones derramadas. Se ha trabajado temas sentimentales desde las propias emociones. Se ha hablado mucho sobre alimentación. Se ha contextualizado el aprendizaje. Se ha sentido, hablado, escuchado y respetado al compañero. Se ha debatido, nos hemos mostrados con nuestros sentimientos. Y, sobre todo, no hemos perdido la hora de clase que otros perdieron, porque supimos hacer, de algo negativo, una posibilidad para aprender.



Cristóbal Gómez Mayorga

Otoño 2016

29 de octubre de 2016

¿Damos religión en la escuela?



Cuando reflexiono si damos religión en la escuela, no me refiero a la materia que la nueva ley educativa ha elevado a la categoría de asignatura evaluable, como si de una ciencia se tratase. Esta cuestión no tiene discusión. Es un ejercicio de poder que nos han colado. ¡Como si los dioses fuesen mundanos!

Cuando afirmamos que damos religión en la escuela queremos decir que impartimos las distintas asignaturas como si de religión se tratara. Me explico con pocas palabras:

Tenemos un libro de texto, con verdades que debemos transmitir, como un catecismo de antaño.

El alumnado tiene que aprender, de memoria, las verdades y creer en ellas, como si fuese la religión de la nueva era.

Comprobamos, mediante exámenes parciales, finales o externos,  que las conocimientos han sido aceptados y grabados a fuego en nuestra alma y en nuestro cuerpo.

La liturgia: el silencio. Asentir con el cuerpo, sentados en fila, mirando al frente, al dios supremo. Antes, la pizarra de tizas, donde se escribían las máximas. Hoy, estamos más modernos, miramos a la pizarra digital, el nuevo crucifijo, el dios de la era neoliberal, sin cuestionamiento.

Para ser un buen discípulo sólo hay que aprobar, memorizar el catecismo de pe a pa, sin miramiento, sin preguntas, sin duda alguna. El catecismo, ya se sabe, dice verdades como puños, sin fisura.

Las editoriales, las nuevas iglesias, nos han revelado las verdades supremas. El dios dinero está detrás, no me cabe la menor duda.  El magisterio religioso sólo tiene que dar sermones en el púlpito, con las técnicas más modernas, para que los súbditos devotos, sin digerir siquiera, sólo tengan que comulgar, tragar, contenidos para luego vomitar en un examen cualquiera.

Esta es la era de la nueva religión. Creer sin pensar siquiera.

¡Cuándo llegará una nueva escuela! En la que la duda sea cotidiana y razonable; en la que pensar sea la norma, en donde la verdad se ponga a debate, en la que las chavalas y los chavales naveguen a ciegas en un futuro inalcanzable.  Cuándo llegará una escuela en la que, quienes la habiten, la disfruten sin ningún dios que la limite. ¡Cuando llegará la nueva escuela!

Noviembre de 2016