28 de febrero de 2013

10 IDEAS CLAVES. LA EDUCACIÓN INFANTIL. MARI CARMEN DÍEZ


Este es un libro de llaves y puertas. Llaves que abren puertas a la construcción de los futuros ciudadanos, a los educadores de la primera infancia, a la esperanza de una sociedad más justa y a otro mundo mejor.  
La función de la escuela consistente en dar llaves a los niños para que abran, por sí solos, las puertas de la vida. Cómo conseguir esas llaves tan prometedoras es el motivo de los tratados de pedagogía, de las diferentes leyes educativas, de cientos de debates y congresos en todo el mundo, de revistas especializadas y de toda la sociedad que anhela un presente saludable para su infancia y un futuro esperanzador para el mundo. Pues bien, este libro nos muestra 10 llaves que abren las puertas esenciales de la educación de la primera infancia.
Existen escuelas abiertas de par en par y escuelas herméticas, hay maestros que cierran puertas y maestros que las abren, pero los imprescindibles son los que dan las llaves, los que desarrollan autonomía, los que otorgan posibilidades de crecimiento. En este libro, Mari Carmen Díez nos muestra con maestría las claves de la educación infantil, porque ella es una maestra clave en la actualidad, una llave maestra.
Le proponen a Mari Carmen algo muy difícil, enseñar sus cartas, buscar las claves de una educación saludable y esencial en la primera infancia. Es un gran reto poner orden en su dilatada experiencia, en sus cientos de vivencias, en su extensa producción literaria, para comunicarnos, de forma sencilla y estructurada, lo más complejo de este mundo: la construcción de los seres humanos.
¡Dónde está la llave...!, como dice la canción infantil, es la tarea que le han encomendado. Buscar las llaves que abran las principales puertas educativas es buscar las claves de la educación. Es muy difícil buscar las claves que alumbran la esencia de la escuela. Es por ello que sólo alguien valiente y experimentada se atreve a mostrarnos luces que alumbren las incertidumbres de nuestra educación en tan sólo 10 claves. Y ella lo hace porque es una llave maestra, alguien que durante toda su práctica educativa nos ha ido regalando llaves-claves en cada uno de sus libros, en cada encuentro, en cada charla, en cada experiencia. Las llaves maestras abren todas las puertas, las puertas del alma de la infancia, las puertas del aprendizaje de los maestros, las compuertas de otra educación posible. Y este libro hace eso, darnos pautas sobre la educación de la infancia, regalarnos prácticas didácticas al profesorado de infantil y alumbrar el camino de una educación saludable para un mundo futuro.
El libro trata de abrir las puertas que nos llevan a ser personas saludables, solidarias, respetuosas, cultas y responsables. Estas puertas tienen cerraduras-preguntas y hay que encontrar las claves-llaves que las abran. Esta es la tarea de este libro: buscar las puertas esenciales y las llaves que las abren. Es un libro que se hace preguntas filosóficas y responde con prácticas cotidianas, un libro práctico reflexionado, un manual de experiencias pensadas.
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Con esta llave maestra ya podemos ir abriendo puertas para la vida, gracias Mari Carmen, amiga. Gracias por mostrarnos tus llaves, maestra.

Un trozo del prólogo del libro, para ir abriendo boca.
Cristóbal Gómez Mayorga

7 de enero de 2013

PROHIBIDO PENSAR



En la alfombra de mi cole, en la asamblea diaria, nos da, a menudo, por pensar. Y pensamos y pensamos sobre cualquier tema que nos llegue en forma de objeto, cuento, conflicto o entusiasmo. Y es que pensar es un deporte que se está perdiendo en la escuela, y en la vida.
Estamos, quizás, tan preocupados del cuerpo que, a veces, nos olvidamos de la mente. Cada vez hay más gimnasios y menos bibliotecas.
El poder, el sistema, o simplemente la inercia irracional se han apoderado del alma de la infancia y la ningunea de mil formas, para evitar, en lo posible, que sean personas “sentipensantes”, como dice Eduardo Galeano en su Libro de los abrazos.
Mediante el miedo, la infancia se encadena a cadenas televisivas, se encierra en escuelas infranqueables y se premia en parques de atracciones de cartón piedra con vivos colores.
Lo definitivo sería prohibir los niños y niñas de nuestras vidas. Es la única forma de evitar el peligro. Ya hay muchos colegios que no utilizan tijeras, ni punzones, para evitar accidentes, ni pegamentos para no provocar el consumo de droga; y es usual ver patios de colegios envueltos en cemento aséptico, en los que está prohibido subir a los árboles.
¿Cómo educar, entonces, en la autonomía?, ¿cómo aprender el autocontrol?, ¿cómo crecer en autoestima si no hay peligros que salvar?
En mi cole, los niños y niñas se comportan como niños y  niñas, como en todos los colegios del mundo, pero cuando cogen las tijeras o usan el ordenador saben que son objetos peligrosos, de mayores, de verdad. Y es ahí cuando crecen, cuando se crecen, cuando desarrollan capacidades adultas, cuando maduran a golpe de atención y de cuidado.
Eso se pierden los niños y niñas que parapetados en un cuadernillo de fichas y lápices de colorear, se les priva del asumible peligro. Porque el crecimiento se produce en el riesgo, en la aventura, en el peligro, en marcarse retos y superarlos.
Pero lo más grave es que, en muchos colegios, han prohibido pensar.  Y rellenan fichas y fichas sin sentido, sentados en sus sillas, sin articular palabra,  para evitar, en lo posible,  cualquier movimiento de neuronas amenazantes. Ese es el gran peligro. No vaya a ser que les de, en un futuro, por cambiar el mundo.

Pensando sobre el nuevo año.
Enero de 2013


28 de diciembre de 2012

ALMA DE PAPEL

Presentación del libro ALMA DE PAPEL de PACO ABRIL

Érase una vez… una oreja verde: La oreja verde del famoso poema de Rodari. Esa oreja que es capaz de oír el lenguaje de los niños y que poca gente posee. La encontré por primera vez en el libro de nuestra amiga Mari Carmen Díez “La oreja verde de la escuela”. Cuando le escribí agradeciendo esa maravillosa obra, que me había convertido en maestro, me contó que no sólo ella poseía era oreja mágica, y me puso en contacto con un tal Paco Abril. Otro privilegiado que, semana tras semana, ponía su oreja verde al servicio de los niños y niñas de Gijón, y lo plasmaba en el suplemento dominical del periódico La nueva España. El destino quiso que muchos suplementos dominicales viajaran de norte a sur y llegaran a mis manos. Aprendí mil y una ideas para mi tarea educativa. ¡Lo que es la vida!, ahora tengo la oportunidad de darte las gracias, Paco, por todo lo que me enseñaste.
Luego fuiste responsable de que viniera a Málaga una exposición sobre un cuento maravilloso titulado Juul, un muñeco de madera que se destruía en cada insulto, y que sólo el amor de una niña lo componía de nuevo, y lo convertimos en un símbolo de paz y convivencia. También nos presentante a Elmer, un elefante multicolor que nos ayudó a aceptar la diversidad y que, desde tu atalaya cultural, supiste recrear con mucho imaginación para que penetrara, sin esfuerzo, en el alma de la infancia.
Y luego vinieron otros cuentos, los tuyos, que han tomado vida en nuestras escuelas. Como Resdán, ese monstruo que salió del dibujo de Andrés para apaciguar su alma, y que nos motivó para jugar con nuestros nombres y sacar el monstruo que todos llevamos dentro. Y qué de decir de ¿Sois vosotros los Reyes Magos?, que cada Navidad trabajamos en clase y nos ayuda a guardar nuestros pesares en la caja “quitapenas” o a viajar, con la imaginación, en la alfombra mágica. Luego viniste a Málaga y nos regalaste “La niña de la luna”, que ayudó a construirse a una chica invisible que tenía en mi aula. Muchos de estos cuentos los hemos trabajado en mi escuela y se han convertido en narraciones mitológicas, en cultura viva.
Las personas no están compuestas de células, éstas sólo forman organismos, sino que se construyen de narraciones, como afirma Eduardo Galeano. Y tú, has sabido narrar de forma magistral para ayudarnos a construirnos.
Gracias, Paco, porque has trazado puentes entre la literatura y el alma de la infancia. Has hecho mucho por la alfabetización y la cultura de los niños y niñas de este país. Ya sabes que un cuento es un tesoro y las letras sólo son llaves que abren esos cofres. Ese es el secreto del aprendizaje de la lectura. A ver si los maestros y las maestras nos vamos enterando.
Los cuentos tienen poderes, lo aprendí de ti. Ya se sabe que un cuento plantea conflictos existenciales de la vida y nos ayudan a construirnos como personas. Y tú has sabido crear cuentos porque descubriste el secreto: trazar lazos desde lo simbólico, que es el lenguaje de nuestra mente, hasta la prosaica realidad.
Ya sé que vienes a presentar tu nuevo libro, ahora hablo de él. Pero no podía perder la ocasión de darte las gracias por tantos regalos. Especialmente por el que me hiciste un buen día: el cuento “La pregunta del cuco”. Tú y yo sabemos por qué.
Este año he recibido el mejor de los regalos. Hace unos días me llegó a casa un sobre con un lacito lila. Dentro había un tesoro, tu última creación: Alma de papel. Alma, al fin y al cabo.
Sólo alguien como tú, con una oreja verde, es capaz de oír hasta lo que dice la diminuta hoja de un papel. Llevas tanto tiempo escudriñando el alma de la infancia que has conseguido ver lo nunca visto y narrar sus historias.
Esta vez desnuda tu prosa y haces poesía del alma, del alma del papel. Y el alma era diminuta y negra por fuera, y esencial y bella por dentro. Un libro que cabe en un bolsillo para llevarlo pegado al cuerpo, y al alma. Un libro para ver y leer, para pensar y soñar, para sentir y disfrutar. Un libro para degustar despacio en este mundo de prisas, para releer, para posarlo en la mejilla de noche, perdón, en la mesilla de noche y llevártelo puesto en los sueños.
Leí tu libro de un tirón, pero es de esos libros redondos, que cuando lo acabas siempre te quedan ganas demás, y, sin darte cuenta, ya estás otra vez en el principio.
Y es que has conseguido lo sublime: resumir lo esencial de la vida en un pequeño frasco de esencias. Eso es la poesía, según Juan Ramón Jiménez, desnudar la prosa, poco a poco, hasta dejarla en los huesos, que es lo que da sustancia. Sólo los sabios eliminan letras para decir la verdad.
Y qué decir de tus colages: desnudos de líneas, color, textura o matices. Sólo, el alma escondida del árbol que un día fue. Puro arte. Arte vivo, que habla enigmas, como todas las artes, pero que sólo tú, con tu oreja verde, pudiste oír lo que decían.
Mil gracias por hacernos soñar, sentir, disfrutar y jugar en cuerpo y alma, cuerpo de poemas y alma de papel.

Cristóbal Gómez Mayorga
Librería Luces, Málaga
Navidad 2012

24 de noviembre de 2012

EL APOYO PEDAGÓGICO

Apoyar es, sostener, proteger, auxiliar, soportar, amparar, defender, ayudar y compartir.

Este curso, por primera vez en mi vida docente, ejerzo de maestro de apoyo pedagógico al ciclo de infantil. ¡Menuda tarea! La mínima consideración en la escala profesional es, no obstante, una tarea difícil, necesaria e importante.

Aprender a ser humilde, un nuevo reto. Intentar ayudar, una encomiable labor.

Habitualmente, ha sido una actividad reservada para el último que llega al centro, para quien no tiene experiencia, para quien está demasiado cansado para soportar el gran esfuerzo que requiere tutelar un curso. Llevo más de 20 años sosteniendo un aula y necesité de ayuda, que no siempre llegó. Es por eso que tengo ideas sobre las funciones del apoyo pedagógico.

Creo que deberíamos asignar como persona de apoyo a alguien capacitada y experimentada para echar una mano a quien empieza, a quien necesita compartir sus tanteos en el aula, a quien tiene dificultades en llevar un grupo, a quienes necesitan compartir riesgos con alguien que le acompañe. También es importante el apoyo pedagógico para quien, aún estando experimentado, necesita que le solucionen todos los flecos del aula. Todo aquello que, aún siendo importante, requiere de tanta dedicación que, a menudo, tiene que abandonar el aula a la deriva: alguien que llora, otro que se hizo pipí, una pintura que volcó, agua en el suelo, un familiar que llega con un problema, el conserje con fotocopias, etc.

Pero para ejercer de apoyo pedagógico se necesita mucha humildad y mucho tacto. No podemos suplantar a quien ejerce la autoridad en la clase. Debemos ser personas invisibles que solucionan, sin estruendo, los problemas cotidianos de cada aula. Así, si alguien llora debemos saber consolar. Si alguien se hace pipí, podemos ayudarle a que se cambie, desarrollando la autonomía necesaria mientras aligeramos el peso de la tutora. Que alguien va más atrasado, le ayudamos con la tarea, con susurros cómplices, evitando interferir en la marcha de la clase. Si un chaval está enfermo o vomita, o sabe usted qué, estamos ahí para evitar que la maestra interrumpa las muchas actuaciones que se producen en el aula en cada momento. También podemos hacernos cargo del grupo mientras la maestra se dedica a ese claval necesitado de atención especial.

Otra labor importante es la de ser pareja pedagógica. Alguien con quien compartir dudas y experiencias didácticas, con quien aminorar la angustia de las mil decisiones diarias.

El apoyo es, por ejemplo, alguien que, a primera hora soporta los llantos, a segunda gestiona los pipis y ayuda en los desayuno, a tercera acompaña en la psicomotricidad si la tutora lo requiere, a cuarta hora canta y, a última, controla la salida del colegio, para compartir el último adiós a las familias.

Y no debemos olvidad que también es un excelente referente de apego para aquellos niños y niñas que no conectan demasiado con la tutora. O alguien que está siempre ahí para sustituir a la tutora cuando se produzca una ausencia inesperada.

Es por eso que, este curso, asumo el apoyo pedagógico, y quiero cambiar el concepto y convertirme en alguien que comparte, auxilia, protege, soporta, ampara, consuela, defiende y ayuda a mis compañeras de Infantil.

Otoño 2012

21 de octubre de 2012

REGLAMENTO DE CONVIVENCIA


Me escribe una compañera de infantil desde Navarra en el foro de mi web en los siguientes términos:

- Hola Cristóbal, soy Mary. En mi cole se empeñan en que hagamos un reglamento de convivencia también para las aulas de infantil, en el que aparezcan las consecuencias (castigos) de cada acto. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo, considero que cada momento y cada niñ@ necesita una respuesta, siempre razonada más que impuesta. Por supuesto que hay normas, las que indica el sentido común... A mi me funciona así, pero desde la comisión de convivencia se argumenta que hay profesoras que no consiguen controlar a sus niños (sobre todo gente nueva en esto de infantil), y que si están las mismas normas y consecuencias para todos y todas escritas y aprobadas y las aplicamos igual (por ejemplo, a la tercera... te sientas cinco minutos), será más fácil.
¿Qué opináis?

Le contesto:
- Querida Mary:
Esto es una locura de nuestra sociedad, de nuestras escuelas burocratizadas. Ya sabes que a los chicos hay que educarlos, amarlos y construirlos como personas.
Los límites son necesarios en las relaciones humanas, pero se construyen en la convivencia del aula en función de la lógica de cada momento, del contexto, de las características de cada chico, de cada chica. No pueden prefijarse en función de conductas concretas sino de las características personales de cada cual, de sus necesidades, de su situación emocional y evolutiva.
Pero esto no lo van a entender los abogados. No saben nada de educación. Tampoco lo entenderán los que juegan a ser abogados y no saben mirar a los ojos de los niños y las niñas de infantil. Éstos necesitan de leyes, técnicas objetivas para gestionar el aula. No es que sean objetivos, sino que son objetos que no pueden-quieren implicarse ni comprender las relaciones humanas. Por ello, necesitan instrumentos objetivos para aplicar sin implicarse.
Quizás, lo más sensato sea no discutir. No lo van a entender. No malgaste tus energías en luchar con la gente que no conoce, ni entiende, ni ama la infancia. No van a comprender que las normas hay que construirlas juntos, que existe una lógica de la convivencia que genera actuaciones lógicas, que debemos construirlas en asambleas entre todos, a partir de los conflictos que se generen, provocando pensamiento, reflexión, escucha y diálogo.
Aunque lo suyo sería mandarlos a tomar.... FANTA. Je, je, je,…
BESOS.

P.D.: Puedes ven en mi web la actividad sobre el libro de las leyes:
http://cgomezmayorga.webcindario.com/4ANOS2010/constitu/constitu.htm

- Gracias Cristóbal, sólo decir en su descargo que no son mala gente (el equipo de mi escuela está muy implicado), pero necesitan seguridad, y quieren evitar problemas con compañeros que no saben qué hacer en sus aulas...
El curso pasado ya hicimos normas consensuadas, pero sin puniciones. Leeré tu libro de las leyes y te cuento. Bss.

- Querida Mary: Se me ocurre un decálogo de correcciones para el Reglamento de Convivencia ante conductas no deseables de los niños y niñas de Infantil:
- Si tira algo al suelo, lo recoge.
- Si pega a un compañero, pide perdón.
- Si dos compañeros se enfadan por el mismo juguete, para ninguno, hasta que decidan jugar juntos.
- Si no recogen los juguetes, no podrá jugar hasta que lo recojan.
- Si alguien está enfadado, lo besamos para que se le pase el enfado...
- Así, hasta diez consecuencias lógicas sobre comportamientos no deseados.
- El décimo podría ser:
“Cuando veamos a un compañero enfadado pensemos que tiene una pena. Busquemos la raíz de su pena y se le pasará el enfado”.
Cristóbal y Mary vía Internet.

Otoño de 2012

2 de septiembre de 2012

La pareja educativa


LA PAREJA EDUCATIVA
El curso pasado tuve a un estudiante de magisterio de prácticas en mi aula. En teoría, ellos vienen a aprender de mí, pero soy yo el que más aprendo. Este curso descubrí que la solución para muchos problemas de la educación infantil es La Pareja Educativa.
Mis programaciones eran reconocidas y valoradas de forma inmediata, aumentando mi autoestima y mi entusiasmo. Mis dudas las consultaba con él y se mitigaba mi angustia. Los proyectos se materializaban mientras le contaba mis pretensiones y él me escuchaba atentamente. Mis apreciaciones sobre el alumnado eran contrastadas por otra mirada que alumbraba nuevas perspectivas. En muchos momentos discutíamos sobre las posibilidades educativas del alumnado con dificultades o me invitaba a observar actuaciones que me pasaban inadvertidas. Diariamente me hacía sugerencias sobre posibles actividades.
Con él descubrí que los niños y niñas de infantil aprenden, sobretodo, en pequeños grupos. En el tiempo libre por rincones, mientras yo estaba atento al funcionamiento general del aula, él solía trabajar con un grupito pequeño. Y así surge, de forma natural, actividades y experiencias muy sugerentes difíciles de realizar por un solo maestro. Por ejemplo, cuando se nos murió el saltamontes, se fue al jardín con los que estaban interesados en el acontecimiento y lo enterraron, hicieron una tumba con flores y escribieron notas de cariño. Tras visitar el Museo Thyssen de Málaga, montaron un taller de pintura y exposiciones muy sugerente. Cuando algún acontecimiento interesante ocurría en el aula siempre requerían de su presencia para que lo grabara y dejara constancia gráfica. Así llegó a crear una carpeta en el ordenador del aula titulada vídeos de los animales de la clase, en donde se podía contemplar a nuestro sapo comiendo lombrices o la carrera que realizamos entre la babosa y el caracol. También dejó documentación gráfica de muchos proyectos, como las salidas por el pueblo o la siembra de plantas.
Ya no era el único adulto en el aula. Ahora podía compartir mis temores, conjeturas, dudas e ilusiones con alguien. Y es así como la ansiedad se fue disipando poco a poco, como la mente se abría al contrastar con otra mirada, como las ilusiones se contagiaban y compartían.
Al acabar el curso, Isidro, que así se llama mi práctico compañero educativo, me regala un libro de Alfredo Hoyuelo titulado “La ética en el pensamiento y obra pedagógica de Loris Malaguzzi”. Y sigo aprendiendo durante el verano con su lectura. Descubro que lo que habíamos experimentado durante el curso es lo que el gran maestro de la escuela de Reggio Emilia llama la pareja pedagógica. Os recomiendo formar parejas educativas con algún adulto que tengáis a mano (apoyo, auxiliar, limpiadora, conserje o práctico), para compartir, disfrutar y aprender de la compleja y gratificante tarea  educativa en excelente compañía.

Cristóbal Gómez Mayorga,
Verano de 2012  

27 de mayo de 2012

La escuela del deber versus la escuela del deseo



Una ola de conservadurismo inunda la educación. Los centros educativos se atiborran de leyes, de normas, de dictámenes y diagnósticos. Los libros de textos imponen verdades absolutas mientras alimentan al mercado. La asamblea de aula, que en otro tiempo fue centro de construcción del conocimiento, crea urticaria cuando se nombra en ciertos círculos conservadores. Las direcciones de los centros docentes pierden poder moral mientras ganan en prebendas burocráticas.  
Se oye a muchos voceros decir que no creen en la democracia en la escuela, en un intento de conquistar la autoridad perdida. No se trata de ser democráticos cuando se alienta la participación y se promueven las votaciones en la escuela, que también. Se trata de educar, y cuando se deja al alumnado decidir se alimenta la responsabilidad y se crea ciudadanos autónomos. ¡Es que no se enteran!
Existe una escuela en la que hay que obedecer, en la que se impone la verdad, y otra, en la que se potencia el pensamiento crítico, poniendo en entredicho las verdades absolutas. En una,  impera el dogma, en la otra, el espíritu científico y la filosofía.
Frente a la escuela de los exámenes está la escuela de la reflexión. Frente a la escuela del esfuerzo sin sentido, está la escuela en donde el esfuerzo merece la pena porque tienen sentido.
Frente a la escuela de los deberes, no es casual la palabreja “deberes”, hay una escuela del deseo.
Frente a la escuela de unos pocos, está la escuela de todos y todas.
Frente a la escuela de las fichas está la escuela de la dicha.
Frente a frente, dos modelos. Frente a frente, dos mundos futuros: el de la sumisión y la verdad absoluta frente al de la libertad, la responsabilidad y la solidaridad.
Existe la escuela de las certezas y la escuela de las incertidumbres. En la escuela de las certezas, los niños y niñas hacen deberes dentro y fuera del aula, deberes basados en repetir una y mil veces una tarea hasta que se grabe a fuego en el cuerpo, nunca en el alma, pura mecánica.
En la escuela de la incertidumbre los niños y las niñas hacen preguntas, una y otra vez, hasta desmontar las verdades establecidas, hasta ensanchar sus mentes buscando el infinito.
Estoy aprendiendo a navegar en la duda y la incertidumbre para crear una escuela que no acepta verdades indiscutibles. Estoy aprendiendo a desarrollar el deseo, la madre de todos los aprendizajes. Como estoy en una escuela inacabada, sigo aprendiendo, deseo seguir aprendiendo, y eso es lo que enseño.

Cristóbal Gómez Mayorga
En mayo, los borricos son caballos, de 2012

8 de abril de 2012

LA MARGINACIÓN DE LO DIVERSO


Ante la complejidad del aula, existen dos concepciones enfrentadas que gastan argumentos para imponerse una a la otra: la diversidad es riqueza o es una rémora en el proceso de aprendizaje. Siempre vi posibilidad en la diversidad del alumnado y en la complejidad de la vida. Las concepciones simplistas son falsas por definición, porque existe toda una gama de grises, porque la verdad tiene matices, porque la vida es compleja aunque nuestra mente intente simplificarla para poder comprenderla.
La posición desde la cual abordamos la diversidad alumbra las construcciones ideológicas que hemos construido del alumnado con necesidades especiales o de los niños y niñas con diferentes capacidades, ritmos de aprendizajes o peculiaridades.  Así, consciente o inconscientemente, en vez de indagar sobre tópicos como las diferencias culturales, las peculiaridades físicas o psíquicas de las personas, las metodologías educativas integradoras o no, la tendencia unificadora de las organizaciones educativas, la historia como determinante de lo que somos, las contradicciones sociales como constante en nuestra sociedad, el etnocentrismos como visión que enmascara la realidad, los valores mercantilistas de eficacia por encima de la ética o la moral, etc., hemos caído en los tópicos justificatorios de la escuela, que no hacen más que marginar a los gitanos, alumnado con déficit, pobres, inmaduros o inmigrantes, pero por características asociadas que esconden la verdadera razón del rechazo. Ya se sabe que argumentamos desde posiciones políticamente correctas. Ya sabemos que la razón puede justifica cualquier discurso que se  proponga.
Algunos de estos tópicos simplistas que camuflan la xenofobia, el clasismo y la marginación y que esconden posiciones segregadoras son:
. La raza, como si ésta fuera determinante de una forma de ser independiente de la cultura y la situación histórica que la ha construido. Como si la raza existiera, como si no fuésemos todos iguales con una diferencia sólo de cantidad de melanina, como si nuestros antepasados no hubieran sido todos negros en tiempos remotos, como si no fuésemos todos inmigrantes venidos de África en algún momento histórico.
. El absentismo escolar, en un intento exculpatorio de la escuela que reprocha y culpabiliza a las familias de los retrasos escolares de sus vástagos. Se sustenta, implícitamente, la falsa lógica de que si el alumnado absentista no faltase tendría éxito en la escuela, obviando las variables socioeconómicas y culturales que determinan los éxitos escolares.
. La salud es un tópico de la sociedad industrializada, indiscutible, que se aplica a los gitanos o al alumnado marginal y que provoca un rechazo de estos grupos en los que la higiene no es tan importante o no se tienen medios ni condiciones para ello, produciendo actitudes de rechazos y baja autoestima. Algunos planes de salud e higiene pueden provocar más marginalidad y rechazo que el supuesto bien saludable que se pretende. La higiene es una construcción cultural que se produce cuando otras necesidades básicas están cubiertas. Es necesaria la higiene, pero antes está el cariño y la estabilidad emocional.
. El desconocimiento del idioma puede ser una excusa para la marginación, aunque se realice con el mejor de los propósitos. Es indiscutible que las personas extranjeras que vienen a nuestro país sin saber el castellano necesitan, cuando llegan a la escuela, una ayuda extra para mejorar la comunicación, pero en demasiadas ocasiones el desconocimiento de la lengua sirve como excusa para la desintegración y marginación de los inmigrantes.
. La disciplina suele construir en los centros educativos un ritual de normas, castigos  y actuaciones culpabilizadoras del alumnado con dificultades especiales, que los penaliza sin poner en entredicho la organización disciplinar de los centros educativos, sin respetar la identidad de culturas más permisivas y sin implicar al resto del alumnado en lo que sería un abordaje de la cuestión bajo una concepción de convivencia.
Es necesario descubrir estos tópicos que enmascara las auténticas razones de la marginalidad y de la pobreza, porque, como dijo Camus: "uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen".
Lo dicho: la diversidad es riqueza y posibilidad educadora. Sólo mentes simples son incapaces de ver la belleza del arco iris en un día lluvioso.

Cristóbal Gómez Mayorga.
Abril, aguas mil, 2012

11 de marzo de 2012

Un proyecto de verdad


Son muchos los proyectos interesantes que hacemos en el aula: el cuerpo humano, los peces, la prehistoria, los dinosaurios, los castillos o las hadas. Hay veces que acertamos, que el proyecto de trabajo se vincula emocionalmente con los intereses de los niños y niñas del cole. Otras veces vamos a trompicones intentando ilusionar al alumnado para que se interese por esos contenidos que nos parecen relevantes para su desarrollo. Pienso que un verdadero proyecto funciona realmente cuando los chavales lo juegan diariamente en su tiempo libre, en su vida cotidiana, en sus actividades simbólicas, sin que medie ningún adulto. Esto no siempre ocurre. Por ejemplo, hace meses que trabajamos los dinosaurios y aún siguen jugando en el patio a que son paleontólogos que limpian con pinceles trozos del suelo buscando fósiles de animales. Pero con el proyecto de Perú se ha producido una situación mágica. Una vez acabado, siguen jugando a que son Incas que cazan anacondas, llamas o cóndor, bailan las danzas andinas, canturrean canciones peruanas y escriben cartas para que vuelvan de nuevo a visitarnos los amigos de Perú. Y es que este proyecto comenzó siendo de verdad y, por tanto, sigue vivo en el alma de los chavales.
Comenzamos colaborando con los mercadillos solidarios organizados por el AMPA del cole, desprendiéndonos de nuestros juguetes de pequeños para comprar nuevos juegos. Y tomamos conciencia sobre el valor real del dinero, que puede salvar de la calle y dar de comer a gente que lo necesita.   Vimos vídeos de los niños y niñas de la Comunidad Sagrada Familia de Perú, a la que iban destinados los fondos del mercadillo. Y una vez vista sus caras, los sentimos cercanos y comenzamos a hacernos preguntas sobre sus costumbres, sus juegos, sus vestidos o su pobreza. Y aprendimos muchas cosas sobre Perú. Nos interesamos especialmente sobre los antiguos habitantes como los Incas. Y construimos indiacas para jugar como ellos, y tragasueños para desterrar nuestras pesadillas, y nos disfrazamos con plumas y pinturas hechas con tierras de colores de nuestro patio. Y aprendimos danzas andinas, que bailamos, junto a todo el colegio, el día de la Paz, en una liturgia de comunión entre los pueblos. Y entonces, se produjo el acto mágico: los niños y niñas de la Comunidad Sagrada Familia de Lima vinieron a nuestro colegio. Viajaron desde Perú para vernos, para deleitarnos con sus canciones, para convivir con nosotros, para compartir sentimientos y para ayudarnos a construir otra mirada sobre los pueblos más desfavorecidos, en donde habita gente como nosotros. Y es entonces cuando el proyecto se hizo vida, porque era de verdad.
Gracias amigos y amigas de Perú por elevar nuestra torpe mirada.
Cristóbal Gómez Mayorga
Marzo de 2012

11 de febrero de 2012


El informe Pisa, nos muestra una cuestión incontestable: el nivel educativo depende de forma determinante del nivel sociocultural del alumnado. Es algo obvio, pero debemos recordarlo, porque existe gente interesada en que se nos olvide: lo más determinante en la educación es la cultura en la que alguien se ha construido. (Ver monográfico de Cuadernos de Pedagogías sobre informe PISA, Julio, 2008, por ejemplo). Los niveles socioeducativos de un país es difícil de cambiar en poco tiempo, la historia pesa que es un gusto. Se necesitan varias generaciones de cambios esenciales, porque las familias y sus formas de vida determinan, en gran medida, la construcción psíquica de los chavales. Esto no debe servir de justificación sino como acicate para la búsqueda de soluciones que mejoren la educación del futuro.
Podemos comenzar analizando la cultura que se aprende en las escuelas.  Las fichas y el libro de texto son los elementos de productividad básicos. Hay que dar el libro entero, cada día hago tantas fichas. La concepción que subyace es que el conocimiento se divide en porciones y se administran una a una, con un supuesto orden lógico. Hoy damos el concepto de lejos, cerca, mañana el número 2 o el color rojo.  La ficha no es una actividad cultural, sino una rutina escolar decimonónica que denota una base psicológica conductistas: repetición, adiestramiento, memorización, sometimiento, domesticación. Pero, además, parte de la mayor falacia tácita existente en la cultura escolar de que todo el alumnado tiene el mismo nivel y pueden aprender lo mismo, de la misma forma, al mismo tiempo.
Es obvio que todos tenemos talentos, pero no todos tenemos los mismos. La madurez de los chicos de una clase dista, al menos, un año entre los más maduros y los menos por imperativo biológico, y más de dos años si tenemos en cuenta otros condicionantes ambientales y culturales. Esto sin nombrar las peculiaridades de carácter, estilos de aprendizajes, o de vaya usted a saber qué.  
Parece que aprendemos por inmersión cultural. Es decir, por vivir en un contexto narrativo y simbólico determinado. Y no todo el mundo vive el mismo contexto. La escuela puede, eso sí, suplir deficiencias, compensar desigualdades, equilibrar los desajustes sociales y crear condiciones que propicien la construcción psíquica.
Es necesario crear espacios culturales ricos en el aula en los que la vivencia produzca los aprendizajes de forma natural y significativa, respetando los ritmos y posibilidades de cada uno, que propicien la mirada y la escucha de los otros para ayudar a la construcción de la subjetividad de cada cual.  
Si lo que educa no son programas individualizados de instrucción sino la cultura en la que estamos inmersos, los docentes podemos ayudar recreando espacios y actividades culturales en nuestros centros educativos, creando una cultura de aula en donde convivan los niños y niñas durante mucho tiempo cada día con elementos verdaderamente culturales, como son los cuentos, la música, la pintura, la naturaleza, el teatro, etc., supliendo así los espacios culturales que faltan en nuestras ciudades, en los medios de comunicación o en muchas familias.
Alguna gente necesita de las fichas para sentirse seguros de que se trabaja porque no saben mirar a los ojos de los niños para ver lo que van aprendiendo. 

3 de enero de 2012

EL ALMA DE LA INFANCIA


No tengo ni idea de lo que pasa en la mente de los niños y niñas de mi clase, pero seguiré indagando.
Como todos los años, hemos trabajado La Navidad en el aula: decoración del colegio, degustación de mantecados, el árbol de Navidad, los villancicos, cuentos y teatros. Los maestros siempre programamos minuciosamente cada actividad de aprendizaje, en un alarde pedagógico de transmitir nuestra cultura y de controlar todo lo que aprende nuestro alumnado.
En una de las tareas realizadas, pretendía que aprendieran sobre el calendario, la necesidad de contar los días, de apresar el tiempo. Observamos nuestro almanaque, tachamos los días pasados, apuntamos las fiestas y señalamos nuestros cumpleaños. Es una actividad educativa muy potente porque desarrolla la tan compleja percepción temporal. Les fui explicando que el año se acaba, que quedan pocos días para terminar la última hoja de nuestro calendario. Vendrán las fiestas de Navidad y luego, el último día del año. 
Raúl me miró con cara de espanto y me preguntó:
- Entonces, si se acaba el año, ¿nos morimos?
- No, hay otro año -le dije.
- ¡Uf, menos mal!, -exclamó.
Mi hijo se despertó, el otro día, angustiado con una pesadilla.
-Ha sido un sueño -le dije- ¿Qué has soñado?
- Que se termina el año –me respondió. Que se termina todo, pareció decirme. Que nos morimos, sintió en su sueño.
Al día siguiente, insistió: -¿Y el 2013 estaremos vivos? –seguía rondando la muerte en su cabeza.
Y es que los niños y niñas de la primera infancia piensan y sienten de forma diferente a como sentimos y pensamos los adultos. Y no acabamos de empatizar con sus mentes imaginativas. Unas mentes en las que la muerte acecha de forma permanente.
De mayores desarrollamos estrategias de supervivencia. Quizás es por eso que los adultos hemos inventado La Nochevieja, en la que nos disfrazamos, nos emborrachamos y bailamos como si fuera la última noche de nuestras vidas. Hemos ritualizado este sentimiento infantil de que todo se acaba, y bailamos hasta la madrugada tomando uvas de la suerte y bebiendo burbujas doradas, para intentar soportar el miedo que nos produce que algo se acabe.
¡Menos mal que hay otro año! Para seguir viviendo, para diseñar nuevas ilusiones, para nacer de nuevo e intentar, una vez más, comprender el alma de la infancia.

Feliz año 2012

Cristóbal Gómez Mayorga

5 de diciembre de 2011

ESTUDIANDO LA VIDA

Si La Geografía es el estudio de los lugares en donde vive la gente; si La Historia es la narración de lo que nos ha pasado a los seres humanos; si Las Ciencias de la Naturaleza estudia toda la vida que nos rodea: plantas con las que nos alimentamos o disfrutamos, animales a los que admiramos o nos da compañía o sustento, el universo en el que habitamos, o a nosotros mismos; si Las Matemáticas nos suministra de técnica para construir edificios, carreteras y puentes, calcular distancias o ir de compras; si La Lengua no es más que el vehículo en el que nos expresamos y comunicamos nuestros pensamientos y sentimientos; si El Arte es el medio de expresión de los seres humanos y la mejor forma de superar nuestra mediocridad biológica; ... Entonces, ¿qué hacemos en la escuela contestando a preguntas absurdas de libros de textos?

Viajemos por el mundo para descubrir la geografía real, subamos a los montes, atravesemos ríos, vivamos la cultura de otros pueblos hermanos, acariciemos animales y contemplemos las plantas o las nubes de un día lluvioso. Conozcamos a nuestros hermanos que en otros tiempos sufrieron persecución, lucharon por una vida digna y realizaron el progreso que hoy disfrutamos. Salgamos al campo a coger frutas, disfrutemos de las puestas de sol y cuidemos de los animales de compañía. Pintemos, visitemos museos, bailemos, hagamos música, montemos teatros y oigamos el sonido de las olas del mar. Calculemos lo que nos costará la cesta de la compra o la distancia que nos separa de otros pueblos. Estudiemos las diferencias de los seres humanos y sintamos las características que nos hacen iguales.

La escuela, que un día se constituyó para estudiar nuestro legado cultural, ha degenerado. Ha desmontado el universo en trocitos y lo administra en pequeñas porciones con la absurda idea de que los niños y niñas los montarán en sus mentes, como si de un puzle se tratara. No se aprende si no es en contexto, con sentido y con vivencias reales. Así que pasemos de los libros de textos y vayamos a la vida, a contemplarla, a conocerla y a disfrutarla. Esta es la solución a tanto fracaso de nuestras escuelas. Sintamos la vida, analicemos la vida y vivamos la vida. Y, por último, expresemos la vida, con lenguaje, cuerpo y alma, con el arte. Este es nuestro trabajo en la escuela: sentir, vivir, percibir, concebir, reflexionar y expresar.

Menuda tarea: desmontar tanta rutina, tanta burocracia, tanta inercia, tanta falacia, tanto negocio, tanta mentira, que sólo pretende transmitir estereotipos y perpetuar estatus sociales y privilegios.

Cristóbal Gómez Mayorga

Navidad 2011

2 de noviembre de 2011

PALABRAS VACÍAS


Hay palabras llenas, que nos salvan, y palabras vacías, que nos ningunean. Como dijo Eduardo Galeano, uno escribe para juntar sus pedazos. La palabra tiene el poder de narrarnos, construiros o racionalizar lo que hacemos y sentimos. Es el poder mágico de los decires. Fue Nietzsche quien argumentó sobre el poder sanador del discurso: lo que no sabemos explicarnos nos vuelve loco. Es por eso que siempre estamos buscando narraciones que nos justifiquen, que nos sostengan, que pongan orden en este desequilibrio cotidiano que es la vida.

Pero este poder salvador del discurso posee, al mismo tiempo, el más grande de los peligros. Las palabras tienen tanto poder de estabilización y de justificación que, a veces, nos sirven de salvavidas, para justificar nuestras incongruencias, para suplir nuestra inactividad, para racionalizar nuestras irracionalidades. Son muchas las ocasiones en las que las palabras, en vez de dar coherencia a nuestras actuaciones, simplemente, las sustituyen. Suele ocurrir, hoy más que nunca, que en vez de hacer, decimos. Estamos montando un mundo de discursos sin contenidos, un mundo en el que los gabinetes de marketing suplen las actuaciones reales, en el que los políticos se dedican a hablar, en vez de hacer, en el que los educadores programamos en el vacío más absoluto. A las escuelas ha llegado esta tendencia posmoderna de palabras escritas en programaciones, proyectos, planes y discursos, que se vale de su poder de convicción para justificar los grandilocuentes planes de calidad en educación, aunque estén vacías de contenidos.

Suelo aprender de los niños y niñas de mi clase, que siempre hacen, sienten, se muestran y actúan, sin palabras. Debemos aprender del activismo infantil, del poder de los sentimientos y de las emociones frente a las palabras huecas, vacías y rimbombantes. Es por eso que debemos dejar de argumentar, demostrar, convencer, discutir y decir. Por el contrario, estamos obligados, diariamente, a sentir, hacer, actuar, y vivir, sin discursos justificatorios. Y haciendo, actuando, sintiendo y viviendo, esperar a que pase este tiempo de humo y apariencia, hasta que las palabras, de nuevo, sean referentes de las cosas reales, de las acciones vividas, espejos de los hechos. Y es que las palabras, si están huecas, saben a nada, y sólo son saludables cuando se nutren de las acciones vividas y sentidas.

Xtóbal, noviembre de 2011

15 de octubre de 2011

LLENANDO HUEQUITOS


LLENANDO HUEQUITOS

Todos nacemos con un hueco en las entrañas. Ese agujero que nos dejó el pecho de nuestra madre en la boca, ese hueco que nos deja el primer abrazo en el alma. Esa oquedad que solemos llenar de llantos, de comida, de angustia, o de nada. Ese hueco es el origen del deseo, que nos arrastra por el mundo en busca de cosas, de seres o de sombras. Es por eso que nos pasamos la vida llenando nuestra boca con chucherías, tabaco, comidas o compras. Es por eso que nos abrazamos a cualquier credo que nos salve.
Somos seres impletos que venimos al mundo a llenarnos de vida, de otros, de mundo, de amores.
Todos tenemos vacios que intentamos llenar. Los niños y niñas de la primera infancia comienzan a tener su primer gran hueco, el que deja su madre. Y este inmenso hueco, buscan llenarlo, con una voracidad extrema, cuando la mamá se aleja. Al principio, con objetos que huelen a madre o a hogar: el trapito, el chupe, o el juguete de apego. Más tarde, se sustituyen estos objetos por personas, y ahí estamos los educadores para ofrecernos como vínculos. Al poco tiempo, si sabemos retirarnos a tiempo, lo llenan con amigos. Si estamos acertados podemos influir para que lo llenen de valores, de deseos de conocimiento, de capacidad de trabajo, de disfrutes y de voluntad de saber. Si no estamos atentos los llenarán de chuches, de ilusiones de ilusos, de falsos dioses y de consumo.
Durante los primeros años de escolaridad, la separación de la familia, produce pérdida de indentidad. Se deja de ser parte de la madre o del padre durante un tiempo para no ser nadie. Es una época convulsa, de ansiedad y pesadumbre. La necesidad de ser, la necesidad de identidad es el principal modelador de la personalidad de los niños y las niñas de estas edades. Es por ello que se enganchan con cualquier personaje de la televisión que se les presenta como héroe, con cualquier muñeco o muñeca que les calme el alma, con cualquier personaje que se cuele en su corazón y llene su vacío emocional.
Cuando vienen al cole por primera vez, vemos a niños y niñas deambular por el patio de recreo como zombis vivientes, perdidos, aungustiados, ansiosos. Buscando una mano donde agarrarse, una mirada donde reflejarse, una sonrisa en donde descansar, mientras vienen sus madres a recogerlos. A recoger sus pedazos. Vienen sus familias y de nuevo los sacian de amor, llenan sus huequitos de afectos, los colman de paz, los estabilizan emocionalmente. Así hasta que, poco a poco, comienzan a soportar la pérdida, a asumir su huequito, a madurar su espera, a posponer su plenitud.

Cristóbal Gómez Mayorga
octubre de 2011.

30 de septiembre de 2011

UN ESPEJO REVELADOR


UN ESPEJO REVELADOR
Cada semana hacemos yoga en clase. Es una forma de aprender a respirar, a tranquilizarnos, a tomar consciencia de nosotros mismos y a sentirnos vinculados unos a otros. Meme, una madre del AMPA que dirige las sesiones, ha traído un espejo para mirarnos. Teníamos que pasarnos el espejo y decir: soy especial y único en el mundo.
Tres niños y una niña de mi clase no han querido mirarse y decirse cosas bonitas. Curiosamente, mis alumnos con más  dificultades. Parece que, sólo cuando nos reconocemos como personas, cuando hemos construido una identidad segura, somos capaces de desafiar la mirada implacable del espejo. Cuántas pruebas psicológicas desperdiciadas, cuantos especialistas enredados en etiquetar con diagnósticos, cuando un espejo es suficiente para identificar al alumnado con dificultades, para descubrir quiénes tienen verdaderos problemas.
Hace tiempo que la psicología descubrió que no podemos ver en el exterior lo que no tenemos en nuestras mentes. Así que nos reconoceremos en el espejo cuando tengamos una imagen equilibrada y segura de nosotros mismos.
Cuando alguien nos mira con cariño y con deseo construimos esa imagen de personas que llegamos a ser. Quizás seamos sólo una imagen de alguien que se ha mirado en nosotros. Evidentemente, son los padres y madres los que construyen a sus vástagos, aunque muchos nos llegan al aula sin terminar de dibujarse. Y es por eso que, en nuestro cole, programamos actividades de construcción de identidades. Como la asamblea, en la que cuando alguien habla los demás lo escuchan y lo miran; o como el libro de los amigos en el que cada día miramos a un compañero, le abrazamos y le decimos cosas bonitas; o el proyecto de nuestras vidas en el que construimos nuestra historia y la contamos a los demás.
Son, por tanto, los otros los que nos construyen con sus miradas. He aquí el enigma del espejo.
La madrastra no miró nunca a Blancanieves con deseo sino con envidia. Es decir se miraba sólo a sí misma. Blancanieves, se sintió perdida por el bosque de la incertidumbre hasta que fue mirada por alguien con amor. No fue el beso, sino la mirada, la que hizo despertar a Blancanieves de su eterno letargo, de su ¿déficit de atención? Es nuestra mirada cariñosa, por tanto, la que ayudará a construir, en el alumnado, una imagen ajustada de sí mismo y le despertará definitivamente para el verdadero aprendizaje.

         Cristóbal Gómez Mayorga
         Septiembre de 2011