14 de abril de 2019

VERBOS QUE CREAN REALIDADES

Es sabido que el lenguaje crea pensamiento, pero no sólo. Las palabras pueden, también, cambiar realidades. Es necesario, por tanto, modificar los nombres para mejorar la existencia.
Empecemos por nuestra profesión: Maestros Especialistas en Pedagogía Terapéutica. Comenzamos mal. La denominación está determinando la acción que realizamos y es responsable de la demanda que sufrimos. Cierto profesorado pide que normalicemos al alumnado con discapacidad. La consideración de que somos terapeutas presupone que tratamos con gente enferma a las que debemos curar. Nada más lejos de la realidad. Subyace una visión en la que nos consideran terapeutas y que nuestra actuación debe centrarse en lo individual. Es un modelo médico que se ha asumido en el medio educativo sin cuestionamiento crítico alguno.
No somos terapeutas, somos educadores. Y en educación actuamos siempre en un medio social. Aprendemos y crecemos gracias a la mirada y consideración del resto de las personas con las que convivimos. No nos mejora un especialista sino que nos construimos con los demás: personas que nos miren con aceptación, cariño, ayuda y consideración.
Para cambiar la función de quienes nos dedicamos a trabajar con la diversidad debemos cambiar primero la denominación de nuestra especialidad. Se hace necesario una nueva mirada, un nuevo nombre para que cambie las actuaciones. Podríamos llamarnos “especialistas en mejoras educativas para la diversidad”, o algo así. Desde esta concepción seríamos educadores sistémicos, con una visión holística, que intervendríamos sobre todos los elementos que condicionan una buena educación para todas las personas que viven en la escuela.
Es necesario cambiar el paradigma. Nuestra función, desde esta nueva perspectiva, no se centraría en intervenciones individualizadas sobre personas con dificultades, sino en mejorar el contexto para que mejore todo el alumnado.
Algunas de estas intervenciones serían:
·         Ayudar y compartir con el profesorado innovaciones metodológicas para trabajar con todas las personas de aula.
·         Cambiar actitudes y concepciones a todo el personal de los centros.
·         Comunicación constante con la familia para compartir visiones, experiencias y miradas sobre la marcha de sus vástagos.
·         Evaluación constante de los espacios y los tiempos para posibilitar la diversidad de necesidades y deseos del alumnado.
·         Tratamiento globalizado de las materias para que los aprendizajes sean funcionales, significativos y comprensibles, respetando la variedad de niveles y modos de aprendizajes.
·         Propuestas de actividades didácticas, dispositivos informáticos y materiales cotidianos que superen la dictadura de los libros de textos, tan segregadores ellos.
·         Superación de los exámenes como medios de evaluación discriminatoria basada en contenidos memorísticos. Evaluar, por el contrario, procesos de para la mejora de todos los elementos implicados en la educación, y no sólo en el alumnado...
Lo dicho, que para cambiar la realidad debemos comenzar por el lenguaje, que las palabras nos conforman, que somos verbos que se hacen carne, verbos que crean realidades. No somos terapeutas, somos educadores.

Abril de 2019

10 de febrero de 2019

MATICES DE GRISES

Quienes tuvimos la suerte de no ser diagnosticados en su momento, tenemos la desgracia de intentar disimular lo que nos pasa. Nos afecta al profesorado de manera especial. Por culpa de una falta de diagnóstico a tiempo, pasamos la vida viendo en los demás todo aquello que no resolvimos en su momento. Y vemos a niñas y niños torpes, proyectando nuestras torpezas. Vemos a niños y niñas deficientes reflejando nuestras incapacidades. Sufrimos el excesivo movimiento en espejos que reflejan nuestra inmovilidad, y los rompemos. Distinguimos problemas familiares en la infancia del alumnado, eludiendo los que sufrimos en nuestras familias. Vemos conflictos en la clase de los mayores, en vez de verlas en nuestras relaciones. Vislumbramos demandas de amor, obviando nuestras carencias emocionales. Y así, todo el tiempo.
Es complicado ponerse en uno de los dos lados: normales o diagnosticados. Es difícil porque la dualidad es una simplicidad y, por tanto, no es verdad. 
Entre el blanco y el negro hay una extensa gama: blanco roto, gris hielo, gris perla, gris platino, gris humo, gris plomo, gris ceniza, gris pizarra,... así hasta el azabache. Y entre tantos colores navegamos sin llegar a ningún puerto. Pasa lo mismo con la sexualidad. Hay gente simple que sólo distingue entre heterosexuales  y homosexuales, cuando la variedad de género existente está llena de matices y colores. Es nuestra mente, en su torpeza, la que simplifica la realidad de la vida hasta el extremo de no decir verdad.
Pues lo que venía diciendo: somos muchos los maestros y maestras que tenemos problemas en nuestras vidas, como es natural, como todo hijo de vecina. Y es muy difícil bregar con una clase de unos 25 niños y niñas, cada cual con su peculiaridad, sin un mínimo de equilibrio personal. Se hace necesario, hoy más que nunca, mirar lo que nos pasa para poder lidiar con la chiquillada sin proyectar nuestras dificultades.
No debemos ser maestros y maestras sin habernos mirado primero en nuestra complejidad, y adecentarnos un poco, para no proyectar demasiado nuestra simplicidad. Para educar tenemos que, no sólo vislumbrar la variedad de grises,  sino incluir todos los colores con sus matices. De lo contrario, estamos marginando todo lo que no hemos resuelto de lo que nos pasa.
La solución: sólo tres palabras que se dijo en un discurso de Los Goyas sobre la película Campeones: diversidad, aceptación y visibilidad. Sólo tres palabras que no se harán realidad hasta que no solucionemos nuestros traumas no resueltos.
 Febrero de 2019

19 de diciembre de 2018

FRUTOS DEL DESENCUENTRO

Es una simplicidad pensar que existe un enfrentamiento entre familia y escuela, por mucho que los medios de comunicación lo vociferen. Es necesario ver más allá. Los cambios sociales tan vertiginosos de estos tiempos nos han pillado en pañales. Las familias no entienden qué sucede con sus vástagos y la escuela no acaba de adaptarse a los cambios. Ante tamaña impotencia, las dos instancias caemos en la torpeza de señalar al otro como responsable. El hecho objetivo es que, en el conflicto que mantienen escuela y familia, todos los golpes se los lleva la infancia.
Desde ambas partes buscamos razones para excusarnos; y así, vamos educando en el desencuentro. Sí, nuestros niños y niñas están siendo protagonistas de una situación conflictiva que los adultos no somos capaces de resolver porque la línea que delimita cada ambiente se desdibuja en la sociedad actual. Escuela y familia  se encuentran en el mismo barco, aunque remando en dirección contraria. Las fronteras no son nítidas, y pretender seguir en el camino de  hace años, resulta obsoleto y rancio. Eran otros tiempos, otros los objetivos, las funciones estaban claras, las responsabilidades eran precisas.
Sin embargo, la solución nos parece evidente. La experiencia no miente. La responsabilidad individual es importante, pero insuficiente. Debemos buscar responsabilidades comunes. La escuela debe mirarse por dentro, valorar, examinar, ejercer la autocrítica, esa que se practica tan poco; y entender que sólo compartiendo responsabilidades se llegará a buen puerto. Acercarnos para entender, compartiendo para transformar, mirar en la misma dirección. Tener claro que el objetivo es común: el desarrollo integral de la infancia.
La familia en la actualidad es diversa, abierta, democrática, multicultural, multirracial,… pero, al mismo tiempo, está cambiando su función, estructura, disponibilidad,… La organización de la escuela se mantiene, en  infinidad de ocasiones, rígida, jerárquica, impenetrable y hermética. No es difícil adivinar que las relaciones entre ambas están destinadas a no encontrarse.
La retórica necesita acciones prácticas y, en ese sentido, son muchas las experiencias educativas que parten de la conexión entre la escuela y la familia. Ramón Flecha es un pionero en estas prácticas en España. Su aportación con las “Comunidades de Aprendizajes” ha demostrado que la colaboración entre ambas instituciones, mejora sensiblemente la educación. Las actuaciones, no sólo de las familias, sino con voluntarios que desean el cambio educativo, el cambio social. Estas prácticas aportan el convencimiento de que “todos los hombres y mujeres se educan entre sí, con la mediación del mundo” como dice Paulo Freire.  Las escuelas que trabajan en “comunidades de aprendizaje” basan su estrategia metodológica en la apertura de puertas, en la realización de prácticas educativas con padres, madres, abuelas, abuelos, estudiantes en prácticas o voluntariado. En definitiva, han apostado por el aprendizaje dialógico, y han ganado. Lo dicen los resultados, está empíricamente probado. Estas experiencias han elevado a un rango superior a las familias, que siempre estuvieron relegadas en la escuela a fiestas o tutorías. Y es que, parten del concepto de que, tanto el profesorado como las familias no somos más que facilitadores de la interacción educativa. Porque la educación no se transmite, se facilita. Porque el saber se construye, no se hereda. Y esta construcción educativa se realiza de forma holística, con participación de los agentes sociales y en diferentes contextos. La educación está determinada por la cultura, la sociedad, las modas, los medios de comunicación, la publicidad, los estereotipos sociales imperantes... Y todo ello ha de tenerse en cuenta.
Todas las personas somos protagonistas del cambio, pero sólo si educamos desde el encuentro, sin verdades absolutas, sin egos, compartiendo. Porque necesitamos personas críticas, dialogantes, pensantes, abiertas…. maduras. El milagro educativo surge en las relaciones amorosas, equilibradas, libres de prejuicios; con la mirada puesta en el futuro de nuestra infancia. Por eso, es necesario, más que nunca, encontrarnos, navegar en el mismo barco, hacia el mismo puerto: la educación integral de la infancia.     
Pensando juntos,
Ana María Fernández Marín y
Cristóbal Gómez Mayorga.
Diciembre de 2018
 

1 de diciembre de 2018

PALABRAS

Conversar es un milagro que construye seres humanos. Yo te digo, tú me dices, mientras nos acercamos. Eres cuando me hablas, soy cuando te oigo y te digo. Somos cuando conversamos. Ya lo dijo el Dr. Maturana, “yo llamo conversar a este entrelazamiento de lenguaje y emociones. Por esto el vivir humano se da, de hecho, en el conversar”.
Se produce conexión cuando nos comunicamos. Las palabras son lazos que unen cerebros y corazones. Si no hablamos, no somos nadie. Las palabras son el soporte por donde fluye nuestros pensamientos y emociones. Estamos hecho de palabras, como dijo un pajarito a Eduardo Galeano.
La gramática no es más que caminos por donde andamos para encontrarnos, las sendas del lenguaje y la comunicación. La fonética es un canto, una música celestial. La gramática son las normas necesarias que debemos de cumplir para entendernos. La semántica, la esencia, lo que sentimos, lo que queremos decir, el significado de tanto garabato. El vocabulario son los adoquines que pisamos, llenos de significados. La pragmática, el arte de la empatía y la socialización necesaria.
Y así, en ese pasear acompañados, vamos construyéndonos como seres humanos. Discurriendo por el lenguaje conversado nos hacemos personas. Somos en cuanto, armados de palabras, nos decimos y nos narramos.
Pero, hoy día, las palabras comienzan a estar huecas, vacías de tanto usarlas. Se han llenado de agujeros y ya no dicen nada. ¡Escuchad, si no, a los que mandan! No es que mientan, es que usan palabras sordas que ni dicen ni conversan, suenan huecas. Han vaciado las palabras y ya no construyen nada.
En la escuela, hay que volver a dar vida a las palabras, para que podamos entendernos, comunicar, construirnos y querernos.
Pues eso, hay que meter, dentro de la escuela, palabras vivas, palabras sinceras, palabras sentidas, palabras de amor..., palabras.

 

24 de noviembre de 2018

¿EDUCAR EN LAS CREENCIAS?

Simplificando, para entendernos, hay dos escuelas, dos principios pedagógicos, dos modos de transitar en la vida académica. Uno, el de la incertidumbre, recorriendo el camino que la filosofía anduvo durante siglos, cuestionando la existencia. El otro, más rápido, es transmitir lo ya descubierto, más directo, acaso más eficaz, pero menos verdadero.

Cada sendero tiene sus consecuencias. Si andamos el camino veloz, imponemos las verdades aceptadas para que, suponiendo una infancia irreflexiva, almacenen los conocimientos en un museo de cera, su cerebro memorístico, su sesera irreflexiva, su cabeza a secas.

Si buscamos un ser pensante e inteligente, deberemos andar, de nuevo, el camino de los descubrimientos, más lento, más incierto, menos preciso,... pero más certero.

El camino rápido es un camino religioso que se mueve por la fe. Deben creer en las verdades descubiertas. Sólo hay que decir amén. Se memoriza, se repite letra a letra, se devuelve en el examen, te la doy por buena, y me creo que sabes. Es la escuela que tenemos. Es una escuela religiosa que se mueve con la fe de verdades verdaderas.

El camino de la construcción de conocimiento es más lento. Deben transitar, con razonamiento, indagación, búsqueda, confrontación, discusión y cuestionamiento,  el camino trazado a través de los tiempos. ¡Menuda tarea!

Algunas personas preferirán el camino corto, para llegar antes, más rápido y certero, como el lobo del cuento. Pero, tiene consecuencias. Convertimos a nuestro alumnado en meros receptáculos, postes de teléfonos que transmiten la información, pero sin la emoción que fija el conocimiento descubierto.

Otras personas apostamos por el camino lento, el que se hace preguntas, el que recorre todo el sendero ya andado por la humanidad, propiciando el verdadero sentido de la existencia, y considera, a las personas que aprenden, inteligentes, gente que piensa, niños y niñas que se creen capaces.

Para ello necesitamos profesorado competente que enseñe con aprendizajes potentes, que den saltos de gigantes por la historia, que construyan el conocimiento a partir de las preguntas que la humanidad se fue haciendo a través de los tiempos. 

Nunca el sendero fácil fue el verdadero. Nunca es mejor cortar trochas cuando lo importante no es llegar rápido y primero. Si vas a Ítaca..., pues eso.

Gracias Cavafis, por tanta sabiduría, por desvelarnos que el camino es lo primero. 

noviembre de 2018

Xtóbal


3 de noviembre de 2018

SOBRE EL LÍMITE Y EL AMOR

La literatura pedagógica de los últimos tiempos es insistente: hay que poner límites a la infancia, hay que decir no, hay que contener a una chiquillada derramada... Es verdad que vivimos en tiempos líquidos y maleables, como escribe Muñoz Molina en su libro “Todo lo que era sólido”, basado en el concepto de modernidad líquida de Zygmunt Bauman .
Amor sin límites. Los límites del amor. Amar los límites. Amores limitados. Límites amorosos. Limitar los amores. Poner límites al amor,... poner amor en los límites. ¡Sí! Encontré la expresión adecuada: ¡poner amor en los límites! Esa es la esencia de cualquier proceso educativo, de cualquier litigio amoroso.
Estamos haciendo bonsáis, pequeños árboles sometidos con mil técnicas ancestrales para no dejar crecer. Ya se sabe, inseguridades y miedos nos delatan. Mejor dependientes a nuestro lado, mejor pequeños que lejanos. Las ciencias de las “Psic” lo avalan: hay que poner límites, hay que decir no, hay que someter (ellos lo llaman modificación de conducta, o no sé qué).                    
El caso es que me pongo a observar y pienso:
¿Acaso no son los niños y niñas los que nos dicen no? ¿Acaso no son las personitas de 13 ò 14 años quienes cada día nos retan? ¿Acaso los límites no es una necesidad de quienes van creciendo, especialmente en momentos claves de maduración?      
La infancia, al igual que una planta, va apuntando espacios para crecer. Va macando territorios para hacerse un hueco en el mundo. Quizás, igual que a las plantas, lo que debemos hacer es regar, dar luz, aire puro y amor. No tanto limitar.
Y es que, las personas que nos dedicamos a educar, no trabajamos sobre leyes que hay que cumplir. No hablamos de normas, ni de comportamientos adecuados o no, ni de chorradas legales con castigos ancestrales. Trabajamos sobre la complejidad de crecer, de que para madurar desarrollamos eso tan esencial que se llama identidad. Y para el desarrollo de la identidad necesitamos tiempo, espacio, e ir regando y abonando de vez en cuando, eso sí, con mucho amor. Nuestra obligación como adultos no es tanto decir no, como disfrutar de su crecimiento mientras soportamos sus no y aceptamos los límites necesarios. Menos límites y más amor. ¿O es que, acaso,  sin amor es posible poner el límite necesario?

Noviembre, 2018.

14 de octubre de 2018

CONECTADOS


Dice Humberto Maturana, biólogo y filósofo chileno, que los seres humanos somos Homo Sapiens Amoroso. Argumenta este contemporáneo humanista, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Málaga, que la razón para la convivencia y lo social es el amor. Y como la educación es el principal legado social, además de fuente de toda convivencia, podríamos consensuar que sólo desde el amor  podemos educar.
Lo veo cada día en la escuela: el profesorado que enseña es el que ama. Para enseñar primero hay que conectar, para educar, no digamos.
¿Y cómo nos vinculamos? -Con la mirada y la escucha atenta, con el roce, que hace el cariño, con sentido del humor y risas,... y, siempre, desde el amor.
Hay personas en la escuela que no enseñan, no tanto porque no sepan, sino porque tienen dificultades de conexión con los demás, porque ellos mismos no están conectados a la vida, porque hace tiempo que no fluyen desde el amor. Hay niños y niñas que aprenden a pesar de ellas, porque vienen conectados de casa. Pero en estos tiempos cada vez vemos a una infancia más desconectadas, o conectadas ciegamente a través de una pantalla.
Somos seres amorosos y sociales. Sólo desde el equilibrio que nos da el amor y el vínculo con los seres queridos tenemos la seguridad para atrevernos a lidiar con nuevos aprendizajes. Las personas inseguras no se atreven a recorrer el camino del conocimiento, siempre tan incierto y desequilibrante.
Lo aprendí ejerciendo de maestro de Educación Infantil, que es la edad en la el vínculo es imprescindible. El profesorado de esta etapa vive en una dicotomía esencial: o vincula o no educa, o ama o fracasa en la tarea de educar.
En Educación Primaria también hay personas que saben conectar y son excelentes educadores. Pero hay personas enredadas en los contenidos, en el temario, en los libros de textos, en tareas burocráticas y en la supuesta presión familiar. Tampoco La Administración ayuda obligándonos cada vez más a mirar a plataformas burocráticas. Mirar a tantos lados limita el vínculo amoroso imprescindible en educación.
A medida que ¿subimos? en el sistema educativo percibimos menos dedicación al vínculo necesario para el aprendizaje. Y luego se quejan de que no aprenden, de que no atienden, de que no se interesan, que si patatín, que si patatán.
Ahora que me dedico al alumnado con discapacidad es cuando más estoy aprendiendo sobre la necesidad de la conexión, el vínculo y el amor. Me gusta esta tarea de conectar con quienes tienen más dificultades, con quienes para vincularse necesitan que alguien los mire aceptando su peculiaridad. Suelen tener dificultades de que el profesorado conecte con ellos. Porque los docentes estamos limitados en la capacidad de empatizar con la diversidad del aula. Y estos niños y niñas nos delatan a diario, a la vez que nos dan la oportunidad de seguir mejorando.
Muchos son los motivos por los que hay  niños y niñas que no aprenden: se ven diferentes en algún aspecto o perciben que no son como cualquiera, no cumplen las expectativas, se mueven demasiado, tienen la mente en cuestiones familiares que les inquietan, necesitan más tiempo para procesar, aprenden de otra manera, sus emociones se derraman más de lo exigido, sus sistema nervioso va a su aire,... o están ensimismados en construir su historia persona. La cuestión es que para que aprendan hay que vincularlos, como a los demás. 
Vamos aprendiendo algunas estrategias para conectar con niños y niñas desconectados, que dejan de aprender: canciones, poesías o retahílas, trucos de magia, tocar la guitarra, valorar sus capacidades, decirles lo guapo, grande, alto o listas que son, escuchar lo que dicen pacientemente,... pero, sobre todo, mirar a sus ojos con atención mientras nos hablan.
Evidentemente, el alumnado con diversidad funcional debe estar en clases normalizadas, donde la vinculación sea multidireccional, para dar la posibilidad de relación emocional con los demás. He descubierto que, en muchos casos, se conectan con algunos de sus compañeros y compañeras de clase. Nuestra función educadora es estar atentos para discernir el alumnado con capacidad de vinculación.
Acompaño desde hace años a un alumno, con un diagnóstico a la espalda de desconexión social, que desde los tres añitos se vinculó a una amiguita de clase y ahora está muy presente en la vida. Veo a diario a un chico con dificultades de comunicación, que se está vinculando con un compañero de su edad. Disfruto viéndolo en el patio jugar con su amigo a pillar. El pilla pilla y el escondite son dos juegos esenciales para la conexión vital. Sólo hay que dejarles espacios de juegos para que aprendan a mirarse, buscarse, encontrarse, conectarse, vincularse,... amarse.
He visto, muchas veces, cómo algunas personitas con dificultades de aprendizaje mejoran notablemente gracias al amor de su tutora o tutor. Pero sobre todo, siento cómo los enseñantes vamos mejorando nuestra capacidad para urdir con amor el complejo entramado del aula, conectando con miradas de cariño para que pueda producirse ese milagro llamado educación.

 

Cristóbal Gómez Mayorga

Otoño 2018

2 de marzo de 2018

¡Por cuatro esquinitas de nada!”


WorkShopOrienta, 24 de febrero de 2018. Universidad de Málaga.

Recordad este evento, esta fecha. Familias y profesionales, juntos, sintiendo y pensando sobre inclusión y diversidad en la escuela. Muchas personas con el mismo objetivo: cambiar la educación en vez de cambiar a las niñas y niños con discapacidad. Parece pretencioso pero, con tanta gente experta en la materia, me pareció, además de posible, más necesario que nunca.
En esta jornada participó gente de toda España y pasaron muchas pequeñas grandes cosas:
Todos éramos expertos, con humildad para aprender de los demás. Nos pusimos a pensar. Mucha gente sintiendo, pensando y buscando compromisos. Y es que quienes no tienen voz en la escuela gritaron en este evento. Quienes no pueden moverse, bailaron alegres. Las personas con dificultades gritaron sus capacidades. Quienes eran invisibles brillaron como luceros. Los sin palabras gritaron al viento. Las emociones se volvieron exigentes razones. La conclusión principal: debemos cambiar la escuela para que quepan todas las personas.
Algunas reflexiones que me surgieron: nos educamos por imperativo social. Nuestro cerebro y nuestra alma se adaptan al contexto y crecen al convivir con personas diferentes. Crecemos si aprendemos de los demás. Cuanto más diferentes las personas con la que nos relacionamos más inteligentes nos volvemos. La inteligencia no es más que la capacidad de pasearnos por las mentes de los demás. Así que, ante la complejidad del mundo en el que vivimos, es un lujo, y un derecho, educarnos juntas todas las personas, independientemente de las peculiaridades personales. Y es, además, una gran posibilidad para cambiar la escuela.
En la educación actual prolifera la cultura de la excelencia y la competitividad. Las personas que tienen dificultades se diagnostican, se les rellenan dictámenes y se les ponen cruces (bastante cruz llevan ya) en sus dificultades. ¿No será más fácil que cambie las escuela?
Hace más de 20 años que trabajamos por proyectos en Educación Infantil. Todos entran en nuestras aula sin  adaptación. Porque, como en el cuento “Por cuatro esquinitas de nada”, de Jérôme Ruillier
, no intentamos adaptar al alumnado, siempre buscamos cambiar el contexto. Nuestra metodología se pone en juego con cada sujeto que entra en el aula. Nuestra programación por proyectos y espacios vitales siempre pasa la prueba de fuego. Una metodología en la que cada cual aprende desde su capacidad sobre el tema que trabajemos. Proponemos no realizar ninguna adaptación a personas. La adaptación curricular, como su nombre indica, hay que hacerla al currículum: objetivos, contenidos, materiales, espacios, tiempo, evaluación, etc. Adaptemos las metodologías y los contextos para que el alumnado puedan ser lo que ya son, y que cambie para bien quien tiene que cambiar: la escuela. Así seremos mejores personas. ¡Por cuatro esquinitas de nada!”.

Febrero, 2018


28 de diciembre de 2017

DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS


DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS 
 ¿Cómo se puede diagnosticar a un niño, a una niña, sin preguntar qué les pasa? Algo le dolerá, algún síntoma sentirá, se encontrará de alguna manera, sufrirá por algo, cierto asunto le inquietará,... ¡Alguna palabra saldrá de su boca que intente explicar su sufrimiento! 
Ya son muchos los casos de diagnósticos con los que tropiezo en los que nadie preguntó a la personita sufriente qué le pasa. Sólo dos ejemplos:
Una madre llegó con un cuestionario para diadiagnosticar a su hijo de  TDAH. El caso es que saqué al niño de clase y hablé con él. Le digo que su madre está preocupada. Me dice que lo están llevando a una psicóloga. Le pregunto qué le pasa y me cuenta que está sufriendo por su hermana porque le ha ocurrido algo muy grave. Me lo cuenta. Evidentemente, para preservar el anonimato, no debo desvelar aquí su relato, pero lo que narra es para estar más que alterado y ausente. Y yo me cuestiono: ¿nadie le ha preguntado a este niño por qué no atiende en la escuela? Al poco tiempo, trae informe psicológico privado con diagnostico de Trastorno por Déficit de Atención. El orientador del centro, ante la demanda de confirmación del diagnóstico externo, quiere comprobarlo y realiza una actividad a toda la clase en la que se encuentra el alumno. Es una prueba en la que se requiere, máxima atención, memoria y capacidad ejecutiva durante un largó periodo de tiempo. En esta 
prueba saca la segunda mejor nota de la clase. Evidentemente el diagnóstico no era correcto. Simplemente estaba pasando por un periodo de conflictos familiares que le hacía estar ausente en muchos momentos de clase. Problemática que, quizás, la familia también quería esconder bajo un diagnóstico clínico. ?Se puede diagnosticar con sólo unas preguntas a un familiar, juez y parte en esta historia? Es evidente que con un cuestionario sobre TDAH lo más probable es que su hijo salga con la etiqueta, ya que todas las preguntas van enfocadas desde esa visión: no atiende en el colegio, no aprende, se mueve demasiado, está inquieto, etc.
En otra ocasión teníamos un alumno diagnosticado de TDAH desde los 4 años. No sé si la edad es adecuada para una etiqueta tan pesada. El informe venía firmado por un neurólogo. Esto ya es más serio, ¡era médico!. Pues bien, en el diagnóstico ponía como prueba de la etiqueta un cuestionario a la madre. Nadie le preguntó al niño por qué pegaba a sus compañeros, por qué estaba nervioso, por qué no atendía en la escuela, qué le pasaba... Es verdad que tenía 4 años, pero a esa de edad tengo comprobado que los niños y las niñas ya piensan, hablan y razonan. Cuando hablo con el niño me cuenta que su padre pega a su madre y él tiene que separarlos con mucha fuerza, para que no le haga daño... Se me caen dos lagrimones.
Podría contar más historias de este tipo. En cierta ocasión pasé cuestionarios de diferentes “trastornos” al mismo niño y me encajó en todos. Así que es necesario elegir muy bien el cuestionario que pasamos porque puede ser causante de su destino.  Y es que creo que bajo el yugo supuestamente objetivo de las pruebas diagnósticas de ciertos trastornos de moda, habría que introducir algún argumento subjetivo: la narración de la persona a diagnosticar. Creo que somos seres subjetivos, no somos objetos. Sería conveniente, antes de cualquier diagnóstico, preguntar primero al diagnosticado. Porque no es tan importante lo que creemos que tiene alguien, sino cómo se siente, qué le produce sufrimiento, qué cree que le pasa.
Como maestro novato de Pedagogía Terapéutica, he llegado a una conclusión provisional, como todas las conclusiones en educación. Creo que debemos ayudar a los niños y niñas preguntándoles primero cuál es su sufrimiento, porque de lo contrario estamos deshumanizando a la infancia. Debemos considerar a las personas como subjetos sintientes, reflexivos, con narración propia, autoestima, identidad y conciencia. De lo contrario estaremos deshumanizando a la infancia antes de tiempo.

Diciembre de 2017

8 de agosto de 2017

LA ESPIRAL DEL MERCADO EN LA ESCUELA



Ya llegó a la escuela la lógica del dinero, la panacea económica: lo importante es vender sin miramiento. Y es ahí donde entra en juego el engaño de las palabras, para que no se note demasiado la lógica del mercado. Gestión, eficiencia, calidad, tecnología y liderazgo, comienzan a cubrir, con un brillante barniz, la mediocridad educativa imperante en estos momentos. Los cimientos, el sostén, el interior, la esencia,… la estructura básica del edificio nunca se ve, pero sostiene la vida. Encima, recubriendo, está la forma, la vestimenta, la estética, lo que se muestra. La fachada se adorna con uniformes, orlas, fiestas, discursos y supuestos proyectos. La esencia va por dentro, es difícil de escudriñar, es menos visible y se escapa a la mirada superficial. Necesitamos reflexiones más profundas y complejas.

Regalan pantalla digital si pones para el curso libros de texto. Para ello, haces comprar, a las familias de los infantiles, libros que duran un año (porque se escriben en ellos) por valor de más de 100 euros. El compromiso con la editorial es mantener esos libros por varios cursos. Por lo que, evidentemente, son las familias las que pagan la dichosa pantalla.

Se va trazando la espiral:

·        El profesorado vive con desasosiego tanto libro que rellenar, porque las familias se han gastado mucho dinero y lo tienen que justificar. ¡Pendientes del qué dirán!

·        Los niños y niñas desde los 3 años están mucho tiempo sentados copiando en las fichas y mirando la pantalla. ¡Otra pantalla más!

·        Hay tanto que trabajar que se dejan de hacer actividades importantes en estas edades: juegos, psicomotricidad, canciones, bailes, teatro, salidas,… ¡mirar, pensar, sentir, amar!

·        La metodología, basada en libros de textos, es transmisiva y homogeneizadora, contraria a la legislación vigente para estas edades. ¡Contraria al sentido común, obviamente!

·        No se respetan los diferentes ritmos personales, ni se atiende la diversidad, ¡como mandan las directrices legales!

·        La administración elude responsabilidades y cubre sus proclamas de desarrollo tecnológico permitiendo donaciones que implican metodologías contrarias a sus directrices legales y al sentido común. ¡Así no se gasta un euro!

·        Según la ley, la educación obligatoria es gratuita, pero son las familias las que pagan la pantalla digital y los libros de textos. ¡El copago, a educación, también ha llegado!

Todos tienen razones para que este círculo vicioso funcione sin que nadie se sienta responsable. El profesorado necesita ordenadores y pantallas y la administración no se los da. Por ello, se echa en brazos de los comerciales. Las direcciones de los centros no se atreven a pedir pantallas digitales, libros y materiales a la Administración porque son sus jefes y no quieren problemas. Las familias, dentro de la lógica mercantil, aceptan pagar para que sus hijos “tengan mejor educación”. Así se equiparan con la enseñanza concertada, en donde hay uniformes, libros caros, pizarras digitales y aparentan una educación eficaz. Tampoco tienen otra opción. ¡Es lo que hay!

Y es así cómo, sin querer queriendo, la escuela se va empobreciendo en su esencia, y luce bella por fuera, con sus pantallas gigantes y sus libros de textos. Mientras los niños y niñas, amarrados al duro banco, lloran por dentro.

Y el mercado, -¡el negocio, asegurado!- el más contento.



Xtóbal, agosto de 2017

25 de julio de 2017

Detectando discapacidades


El discurso de la diversidad se ha instalado en el Sistema Educativo para quedarse. Pero, como todo discurso, corre el riesgo de convertirse en palabras huecas. La diversidad y la inclusión son los nuevos mantras que llenan nuestras bocas en estos tiempos convulsos. Se escriben una y mil veces en papeles de todas las texturas: leyes, proyectos, programaciones, discursos y oposiciones. Pero la realidad es tozuda y resistente a toda idea que suponga una transformación profunda y, sobre todo, un cambio de mentalidad. Y es difícil, en estas circunstancias, discernir lo que es mentira o verdad. 

Menos mal que en mi cole tengo a alguien especial, detecta la esencia y separa el grano de la paja. Es una chica diagnosticada como TEA y tiene un poder mágico: sentir el alma de las personas y huir de la gente desalmada.

En su aula descubre a los compañeros excepcionales, deja que le abracen, que le ayuden o le cojan de la mano. Y sonríe contenta cuando están jugando con ella. Pero también delata a los chicos y chicas con alguna discapacidad: los que tienen miedo de acercarse, quienes miran con recelo, los que no saben conectar, los que tienen dificultades de ponerse en el lugar de los demás.

También mi alumna es capaz de discernir entre el profesorado competente y el discapacitado. Es elocuente al dejar en evidencia a  quienes no saben acercarse a ella, a quienes no la tiene en cuenta, a los que no miran de verdad, a quienes no se abren en cuerpo y alma, a los que tienen prejuicios o falta de empatía, a quienes tienen algún tipo de dificultad en conectar con los demás. Y es que mi alumna es un espejo en donde nos miramos y descubrimos el lado oculto que todos llevamos dentro: los miedos, el qué dirán, la incompetencia,… y tantas deficiencias que todas las personas tenemos. 

Lo interesante de esta alumna tan especial es que, además de descubrir discapacidades, es capaz de mejorar a los demás. Es una luz que nos alumbra y ayuda a desarrollar muchas capacidades sólo conviviendo con ella: la empatía, el respeto, la tolerancia, la inteligencia emocional, nos ayuda a pensar y sentir, enseña a conectar y mirar de verdad. Los niños y niñas de su clase han desarrollado unas cualidades especiales que es difícil de aprender de otra manera.


Pero esta alumna tiene más poderes: es capaz de detectar la discapacidad que tiene el Sistema Educativo. Por ejemplo, ha  vislumbrado a una Administración insensible y discapacitada que no pone a alguien que le eche una mano en sus dificultades en el aula. Y la familia tiene que estar buscando a personas, por “su cuenta”, que le ayuden, para poder estar en un aula como los demás. Sí, también mi alumna ha detectado una Administración discapacitada, que se le llena la boca de integración y diversidad, pero no pone los medios necesarios, ni contrata a personas que hagan factible la inclusión que la ley proclama con letras de oro y subrayadas.

Pero lo más interesante es que soy el maestro de esta alumna singular. En teoría, soy especialista en Pedagogía Terapéutica y, cada día, me descubre mis discapacidades: por no saber entenderla, por no prever sus demandas, por no saber conectar, por no tener la formación suficiente,… y no sé por cuanto más. Sí, mi alumna también detectó mis discapacidades y me ha puesto a estudiar y a seguir indagando sobre los seres humanos. Menos mal que es benévola y comprensiva y, cada día, me mira a los ojos, aleteando sus manos de alegría, me da un abrazo y nos vamos de la mano a seguir aprendiendo juntos, con los demás. 


Xtóbal, Julio de 2017