5 de diciembre de 2011

ESTUDIANDO LA VIDA

Si La Geografía es el estudio de los lugares en donde vive la gente; si La Historia es la narración de lo que nos ha pasado a los seres humanos; si Las Ciencias de la Naturaleza estudia toda la vida que nos rodea: plantas con las que nos alimentamos o disfrutamos, animales a los que admiramos o nos da compañía o sustento, el universo en el que habitamos, o a nosotros mismos; si Las Matemáticas nos suministra de técnica para construir edificios, carreteras y puentes, calcular distancias o ir de compras; si La Lengua no es más que el vehículo en el que nos expresamos y comunicamos nuestros pensamientos y sentimientos; si El Arte es el medio de expresión de los seres humanos y la mejor forma de superar nuestra mediocridad biológica; ... Entonces, ¿qué hacemos en la escuela contestando a preguntas absurdas de libros de textos?


Viajemos por el mundo para descubrir la geografía real, subamos a los montes, atravesemos ríos, vivamos la cultura de otros pueblos hermanos, acariciemos animales y contemplemos las plantas o las nubes de un día lluvioso. Conozcamos a nuestros hermanos que en otros tiempos sufrieron persecución, lucharon por una vida digna y realizaron el progreso que hoy disfrutamos. Salgamos al campo a coger frutas, disfrutemos de las puestas de sol y cuidemos de los animales de compañía. Pintemos, visitemos museos, bailemos, hagamos música, montemos teatros y oigamos el sonido de las olas del mar. Calculemos lo que nos costará la cesta de la compra o la distancia que nos separa de otros pueblos. Estudiemos las diferencias de los seres humanos y sintamos las características que nos hacen iguales.


La escuela, que un día se constituyó para estudiar nuestro legado cultural, ha degenerado. Ha desmontado el universo en trocitos y lo administra en pequeñas porciones con la absurda idea de que los niños y niñas los montarán en sus mentes, como si de un puzle se tratara. No se aprende si no es en contexto, con sentido y con vivencias reales. Así que pasemos de los libros de textos y vayamos a la vida, a contemplarla, a conocerla y a disfrutarla. Esta es la solución a tanto fracaso de nuestras escuelas. Sintamos la vida, analicemos la vida y vivamos la vida. Y, por último, expresemos la vida, con lenguaje, cuerpo y alma, con el arte. Este es nuestro trabajo en la escuela: sentir, vivir, percibir, concebir, reflexionar y expresar.


Menuda tarea: desmontar tanta rutina, tanta burocracia, tanta inercia, tanta falacia, tanto negocio, tanta mentira, que sólo pretende transmitir estereotipos y perpetuar estatus sociales y privilegios.


Cristóbal Gómez Mayorga


Navidad 2011