24 de marzo de 2020

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA


La ONU ha solicitado que se paren las guerras porque hay que combatir a un enemigo común, el coronavirus. No  me lo puedo creer, un bichito tan pequeño ganando la gran batalla, lo que parecía imposible de proponer.  
Los bancos mundiales inyectan dinero para los estados, para los necesitados, para sanidad, para paliar la pandemia,… Los gurús del liberalismo interviniendo el mercado. No me lo puedo creer, un bichito tan pequeño cambiando el mundo antes que los antisistemas.  
Mientras que el Rey de España hablaba por la tele, una cacerolada en los balcones pidiendo su dimisión y que su padre done todo lo que, ilícitamente, se llevó. Nunca un rey hizo tanto por La República. No me lo puedo creer, un bichito tan pequeño cambiando formas de estado.
Los campos de fútbol cerrados y no se ha parado el mundo. Los jugadores disfrutan el mejor encuentro de su historia jugando con sus  familias. Un bichito tan pequeño cambiando las reglas de juego.  
Adolescentes del mundo junto a sus familiares hasta altas horas de la madrugada. Niños y niñas que juegan en casa con padres y madres en vez de con funcionarios. Mayores que nunca fueron tan cuidados. Un bichito tan pequeño velando por las familias: lo que nadie nunca soñó.
En la Edad Media aumentó la mortalidad de la peste por rezar confinados en las iglesias. La nueva religión, que es la ciencia, nos confina en nuestras casas. Cada cual en su morada y Dios en la de todos. ¡Pues sí que ha cambiado el cuento! Un bichito tan pequeño cambiando las religiones.
En unos días de parón se ha mejorado la atmósfera, ya podemos respirar y salvar el ecosistema. Paradojas de la vida: lo que es una infección nos está salvando el planeta.
Cada tarde en el balcón aplaudimos a los héroes de nuestra civilización. No son deportistas, ni artistas, ni millonarios, ni youtubers. Son sanitarios, cajeras, policías, basureros, pescadores, agricultores, carteros y carteras. Gente trabajadora del pueblo, los únicos imprescindibles. Y mira tú por dónde, gracias al maldito bicho hemos tomado conciencia.
Muchos héroes y heroínas salvando el mundo sin apenas hacer nada, tan sólo quedándose en casa. Nunca se hizo tanto sin hacer apenas nada: paradojas de la vida que un bichitos nos mostró.
Que si público o privado, que si estado o libertad de mercado. Pues se acabó la contienda. En el estado estamos todas las personas. En el mercado, sálvese quien pueda. Pues mira tú que el bichito nos ha enseñado política de la buena.  
Las personas corremos para llegar a ningún sitio. De pronto se para todo y vamos a lo más profundo de nosotros mismos. Un bichito tan pequeño relativizando el tiempo.  
Y los educadores haciendo teletrabajo. Se ha liado un caos tremendo: quienes no tienen internet, ni tabletas, ni ordenador; quienes padres trabajando, quienes no tienen paciencia, quienes no sé qué es lo que pasa pero no nos aclaramos. Por favor, ¡qué acabe esto pronto y se abran las escuelas!
Lo dicho: que no hay mal que por bien no venga.

Cristóbal Gómez Mayorga

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