4 de diciembre de 2015
4 de octubre de 2015
GREGUERÍAS DE OTOÑO 2
DOS HOJAS SECAS SE APRESURAN, VIÉNDOSE YA MUERTAS, A VIVIR JUNTAS EL ÚLTIMO SUSPIRO.
SIEMPRE HAY HOJAS MUERTAS QUE PERSIGUEN A OTRAS HOJAS MUERTAS, SIN PERCATARSE DE QUE EMULAN A QUIEN YA NO EXISTE.
LAS HOJAS QUE SE DAN LA MANO
DEBEN ESTAR PREPARADAS,
PARA DESPRENDERSE UNA DE OTRA,
EN ALGÚN MOMENTO.
UNA HOJA SOLA,
TAMBIÉN DESPRENDE BELLEZA
SIEMPRE TENEMOS AGUJEROS
EN NUESTRO CUERPO,
ELLOS CONTRIBUYEN
EN HACERNOS ESPECIALES
SOMOS EN LA MEDIDA QUE NOS DIFERENCIAMOS
DEL FONDO, DEL ENTORNO.
COMO EL COLOR NARANJA
SE DIFERENCIA DEL VERDE BOTELLA.
NUESTRA TEXTURA NOS HACE FLOTAR
EN UN MUNDO ASFIXIANTE
LA BELLEZA SIEMPRE DEPENDE DEL FONDO, DEL CONTEXTO
23 de julio de 2015
LAS PALABRAS NO MIENTEN
Leo de nuevo el
maravilloso libro de Italo Calvino, Las ciudades invisibles. Un buen libro,
como es el caso, siempre nos invita a pasear por sus páginas de vez en cuando,
para descubrir todos los tesoros que quedaron oculto en un primer vistazo. Y,
efectivamente, en la primera lectura no reparé en una frase genial que, acaso,
sea la esencia del propio libro: “La
mentira no está en las palabras, está en las cosas”.
Llevo tiempo
comprobando cómo los discursos educativos se repiten, una y otra vez, en mil
foros diferentes, con palabras parecidas. En estos momentos que vivimos, no se
aprecia controversia significativa en los principios pedagógicos, en las
finalidades educativas, en los criterios de calidad, en las competencias
necesarias, en las metodologías y en los estándares de evaluación, cuando se
teoriza sobre educación.
Hace tiempo,
recuerdo debates vivos sobre si era conveniente una metodología u otra, si
clases dirigidas o democráticas, si trabajo individual o en grupo, si activismo
o memorización, si libro de textos o trabajos por proyectos, si disciplinaridad
o globalidad, etc.
Pero el
lenguaje se ha fundido en un discurso técnico uniforme que todos compartimos, y
que podríamos resumir en tres conceptos básicos:
- Competencias, ya sean básicas y claves,
pequeños matiz de insignificante diferencia, que no hace sino desvelar el
discurso unitario imperante.
- Diversidad, concepto, antes
revolucionario pero que actualmente todo el mundo utiliza de manera
inconsecuente.
- Proyecto, como metodología que se hace
patente en todas las programaciones que pretendan ser innovadoras.
Así, con tanto consenso en
las palabras, se hace difícil desligar el grano de la paja.
Y mira por
dónde, en una de las ciudades invisibles de Calvino encuentro la luz que
alumbra mis preocupaciones. Y es que las palabras no engañan, lo que engañan
son los hechos.
Efectivamente,
los discursos se han vestido con un traje tecnológico que los convierten en
veraces, y es la acción, que hay detrás de cada frase, la que dice o no verdad.
Y es por eso
que compartimos proyectos bien razonados mientras cerramos las puertas del aula
a cal y canto, para que no se note nuestras contradicciones. Y es por eso que
mantenemos a las familias lejos, de la fiesta para fuera, para que no
vislumbren nuestras incertidumbres.
Por tanto, ya
no leo discursos educativos sobre trabajos por proyectos, diversidad o
competencias. Ahora miro a los niños y niñas de la clase y observo si juegan,
si se quieren, si se comunican, si son autónomos, si se respetan, si se
divierten y aprenden.
Porque, aunque
los discursos, legislaciones y proyectos escritos digan la verdad, habrá que
estar atentos por si los hechos mienten. Porque la mentira no está en las
palabras, está en las cosas.
Cristóbal Gómez
Mayorga
Verano 2015
25 de abril de 2015
LAS SIETE SILLAS
La
quinta silla terminó en Francia, como no podía ser de otro modo, en el centro
de París, en la Cité, o isla del asentamiento, ¡qué mejor nombre para situar una
silla!, concretamente, en Notre Dame. Es la silla donde descansa la ira, la ira
de Dios. Pero aquella no era más que una de las siete sillas, repartidas por el
mundo, en las que descansa cada uno de los pecados capitales.
Todo
comienza cuando se sienta a comer, de forma desmesurada, en un intento de llenar
cada rinconcito de su cuerpo, la gula. Cuatro patas descomunales soportaban al
más pesado de los pecados conocidos. Esta primera silla se encontraba en una
cochambrosa sala de un restaurante de comida rápida, en el mismo centro de
Manhattan.
La
pereza se retrepó sobre la segunda silla, y derramó sudores y kilos de grasas
mundanas, hasta que se hizo trizas, astillas y serrín de tantos sinsabores
asentados. Aquella segunda silla estaba en Hawái, recostada en acordes de un
plomífero ukelele. Y pasaron mil años sin que la pereza levantara su pesado
trasero de la dulce anea, esperando, quizás, algún príncipe que lo despertara
de un infinito sueño seboso.
En
un cuchitril inmundo de La Habana Vieja, se encuentra la tercera silla, toda
manchada de sudores y esencias mundanas, cansada de soportar cuerpos desnudos bailando
músicas diabólicas al ritmo sabrosón más empalagoso del Caribe. Sobre ella, no
descansaba, sino que gozaba, la lujuria, emitiendo gritos de placer por todos
los agujeros de su cuerpo. Y es que la lujuria nunca reposa, ni conoce paz
alguna, pues siempre anda buscando humedades en huecos resbaladizos, oscuros y profundos.
Alemania,
albergaba la cuarta silla. Recubierta de un terciopelo granate y dorado, fue subyugada
por el enorme trasero de la avaricia. Se sentó en ella coronándose con mil adornos
brillantes, buscando, una vez más, deslumbrar al mundo con destellos de metales
imaginados y efímeros.
La envidia,
la sexta silla, osada como siempre, quiso sentarse en el lugar de otros, para
dejar constancia de sus posaderas inquietas. La envidia andaba deseosa de un
paraíso soñado, de aquí para allá, buscando descanso en la silla de un otro
imaginado. Mientras tanto, su preciosa
silla se sentía inútil en un pueblecito humilde de Costa de Marfil, en el
corazón de África.
La soberbia,
se sentó, majestuosa, en la séptima silla, con la absoluta convicción de que
había besado el mejor asiento de este mundo: Plaza Roja de Moscú, cuartel
general del Kremlin, corazón de todas las Rusias. Allí reposaba, recubierta de
oro macizo, colmada de poder, la última de las sillas.
Y
es que Dios, cansado como estaba de tantos pecados enrevesados, decidió, un
buen día, repartir las sillas, en las que descansa los siete pecados capitales,
por diferentes capitales del mundo, para que pecásemos de un pecado cada vez. Y
es por eso que, acabo de salir del Caribe y voy rumbo a un pequeño puesto de
comida rápida en el mismo centro de Manhattan.
Certamen
de relatos, Semana Cultural de Benagalbón, 2015.
Cristóbal
Gómez Mayorga
17 de diciembre de 2014
UN AULA ABIERTA AL MUNDO
Un aula abierta al mundo. Revista Didáctica. Inicial. Camus Ediciones. nº 4. Montevideo, Uruguay. 2014
21 de noviembre de 2014
LA MAGIA DE INFANTIL
Me piden que abra unas jornadas de Educación Infantil en
Granada bajo el título “La magia de infantil”. Nunca doy conferencias sobre lo
que sé, siempre hablo de lo que hago. Así que me pongo a repensar mi práctica a
través de este título tan sugerente. Y caigo en la cuenta de que los
principales aprendizajes que se producen en la infancia surgen, aparentemente,
de forma mágica. No conocemos bien los procesos de adquisición del lenguaje,
del pensamiento, de las relaciones sociales y afectivas, del conocimiento del
mundo que nos rodea, del desarrollo de la identidad, la autonomía o de la
conciencia. ¡Hay demasiada incertidumbre en nuestro trabajo! Es por ello que
hemos simplificado los aprendizajes a base de racionalizaciones lógicas que poco
tienen que ver con la complejidad del proceso de conocimiento de la mente. Y es
por eso que enseñamos los colores de uno en uno, y los números, por orden,
comenzando por el primero, luego la suma, la resta, etc. Y enseñamos a leer letra por letra, primero
las vocales, luego las sílabas,... y así, poco a poco, de forma lógica.
Explicamos las normas de comportamiento y hacemos fichas de cada contenido,
esperando que, de alguna forma, se aprendan. En general, enseñamos la
complejidad de la vida en pequeñas dosis, trocito a trocito, repitiendo una y
mil veces, hasta que se fije a fuego en la mente.
Pero en la práctica diaria nos damos cuenta que el
aprendizaje es un acto mágico, psicomágico, que diría Jodorowsky. Es decir, hay
acontecimientos que de forma mágica producen cambios neurológicos y educativos
en psíquico y que no podemos explicar de forma racional debido a su
complejidad. Nuestra experiencia nos enseña que hay acontecimientos, liturgias,
temas, materiales, espacios, canciones, cuentos o teatros que, por arte de
magia, producen aprendizajes en el alumnado de forma sorprendente. Canciones
como Chico chiquito, Se parece a su papá, Los dedos van al colegio o Cinco
ratoncitos grises; cuentos como Los tres cerditos, Gugú o Juul; proyectos como
El libro de los amigos o La caja de los tesoros,... son acontecimientos
psicomágicos. Objetos como la caja de luz, la linterna mágica o la caja de los
bichos, y materiales como la tierra, el agua y las plantas, son elementos
mágicos. Los juegos son, siempre, liturgias mágicas, que producen
socialización, relaciones emocionales, desarrollo de identidad y mil y un
aprendizajes complejos e importantes para la vida. Y es que el secreto del aprendizaje es la
emoción. La magia no es más que una lluvia de emoción que inunda cualquier
acontecimiento. Y son estas tareas emocionantes y mágicas las que producen el
verdadero aprendizaje en estas edades.
¡De pronto!, tuve una desilusión. Reparé en los últimos
avances de la Neurociencia y rescaté algunos de sus hallazgos: plasticidad del
cerebro, neuronas espejos, la unidad indisociable entre las emociones y la
racionalidad, la importancia del apego, la incidencia del contexto cultural, la
repercusión del lenguaje en los cambios neuronales, la conciencia, etc. ¡No es
magia!, me dije desilusionado, es una ciencia incipiente que apenas llegamos a
vislumbrar. Mientras tanto, seguiremos enseñando y aprendiendo con magia, la
magia de infantil.
25 de mayo de 2014
CAJAS PSICOMÁGICAS
En
la conferencia inaugural de la VI Jornadas de Educación Infantil de la
Axarquía, Jurjo Torres, catedrático de la Universidad de La Coruña, realizó un
exhaustivo y magnífico análisis crítico de los libros de textos.
A
continuación, en los talleres que impartimos los maestros y maestras sobre
nuestra práctica docente, era necesario dar alternativas válidas para sustituir
a ese salvavidas que el mercado nos ofrece cada curso escolar para acometer la
complejidad de la tarea educativa.
En
el taller “Actividades psicomágicas” presenté una caja de zapatos como una
alternativa innovadora al libro de texto. La abrí con parsimonia y todas las
personas asistentes al taller esperaban ansiosas el secreto que guardaba en su
interior. Una desilusión inundó la sala: "está vacía".
El
taller versó sobre la riqueza que ofrece una caja de cartón como elemento
psicomágico con múltiples posibilidades educativas. La caja no estaba vacía,
tenía un hueco y, por tanto, estaba llena de posibilidades.
Comenzamos
por dar las gracias a Alejandro Jodorowsky por el concepto de psicomagia,
porque nos servía para explicar los acontecimientos asombrosos que, a veces, se
producen en el aula. Según este autor, la psicomagia es un acto creativo con
carácter terapéutico. Es un acto mágico que produce cambios saludables y
educativos en lo psíquico.
Son
muchos los actos psicomágicos que acontecen en el aula: rituales psicomágicos,
objetos picomágicos, actos psicomágicos, espacios psicomágicos, momentos psicomágicos,
cuentos y canciones psicomágicos, linterna mágica para lecturas mágicas. Un
patio psicomágico es el que tiene chinos, tierra, agua, plantas y bichos porque
conecta con la esencia de la infancia. La asamblea es un ritual psicomágico
porque genera construcción de conocimiento y creación de identidades sociales
en el alumnado.
En
el taller realizamos experiencias psicomágicas, con canciones, poesías y
experiencias vitales. Experimentamos una actividad psicomágica como “El libro de
los amigos y amigas del cole”, en el que abrazamos a una compañera con los ojos
vendados para que sintiera el cariño de los demás. Todo se inundaba de la
emoción necesaria en cualquier acto psicomágico. El itinerario psicomágico pasa
por el cuerpo y la emoción, luego el
lenguaje y el pensamiento y, por último, la expresión gráfica y artística como
vehículo de comunicación.
Un
montón de cajas y juego libre dan lugar a un sinfín de actividades, porque una
caja no es una caja en manos de la infancia, sino una posibilidad. Una caja vacía
es un contenedor, un lugar para llenar, un sitio donde albergar, un habitáculo
para habitar.
Una
caja vacía nos habla de nuestros huecos, de nuestras lagunas, de nuestras
carencias, de nuestros deseos, de nuestro interior,… de nuestra alma. Una caja
vacía es un reto, un desafío. Una caja vacía nos desestabiliza, nos crea
incertidumbre, nos produce desasosiego,… nos pone en juego. Una caja vacía nos
rememora al principio y al fin, al seno materno, la primera caja, y a la
muerte, la última caja que habitaremos.
A
continuación vimos cajas vividas en mi aula: cajas de bichos, cajas de plantas,
cajas para gusanos de seda y mariposas, cajas de luz, cajas para calcar, cajas
sorpresas, cajas de músicas, cajas de zapatos,... un sinfín de cajas. El
ordenador del aula no es más que una caja que nos ofrece infinidad de información.
La tele de mi aula deja de ser la caja tonta para convertirse en una caja en la
que hacemos teatro y nos sentimos protagonistas.
La
caja es una alternativa posible al libro de texto porque la usamos en el tiempo
libre en actividades diversas, en los cuentos y en los proyectos. Y en el aula
aparecen cajas de música, cajas de tesoros, cajas de luz, cajas de secreto,
cajas de recuerdo, cajas de vida..., incluso, cajas de Pandora.
Expuse
experiencias vividas en mi aula sobre trabajos realizados con cajas. Como el
cueto “Los tres osos”, en el que una caja se convierte en la casa de Ricito de
Oro y se decora y llena de muebles de papel. También vimos el cuento de Paco
Abril “Sois vosotros los Reyes Magos”, en el que aparece una caja mágica en el
que guardar las tristezas: “Abre caja, mete pena, cierra caja y quita pena.
También en el cuento “El pájaro del alma” trabajamos con cajas psicomágica.
Porque el alma está compuesto de cajas para cada sentimiento. Hay una caja para
la alegría y otra para la tristeza, una caja para el amor y otra para el enfado,
una caja para los secretos y otra para el odio. Y el cuento nos enseña que
debemos aprender a abrir o cerrar las cajas de nuestros sentimientos para que
no se nos derrame las emociones por todo
el cuerpo sin nuestro permiso.
Por
último, presentamos “La historia de mi vida”, un proyecto para el desarrollo de
la identidad. En una caja de zapato, con la colaboración de la familia, metemos
todos los elementos importantes de nuestras vidas: los zapatitos de pequeño, el
chupete, una foto de bebé, las
ecografías y hasta un cordón umbilical van apareciendo en el aula como nuestros
mayores tesoros. Y el aula se va llenando de una veintena de historias mientras
que el alumnado se va narrando y construyendo su identidad.
Reflexionamos
sobre el aprendizaje que se produce con las cajas trabajadas y vimos que: el
cerebro es moldeable por el pensamiento y las emociones y somos, en última
instancia, los escultores de nuestro cerebro.
Y
concluimos que una caja no es una caja, que una caja vacía nos invita a un
sinfín de posibilidades, porque una caja es un elemento psicomágico. Por ello es
necesario, y casi imprescindible, tener a mano, en el aula, una caja vacía.
Cristóbal
Gómez Mayorga
VI
Jornadas de Educación Infantil de La
Axarquía.
7 de mayo de 2014
PERSONAS DE TIERRA Y AGUA
PERSONAS DE TIERRA Y AGUA
Documentación
sobre actividades libres en un patio de infantil
1.- Prejuicios.
Solemos actuar a partir de
pensamientos estereotipados que hemos construidos socialmente y que no siempre
coincide con la realidad.
Estamos cargados de
prejuicios, que pocas veces son verdad, pero que nos hacen actuar conforme a
ellos. Sólo la observación sobre la práctica
puede desmontarlos, a partir de un análisis exhaustivo y una reflexión
compartida de los educadores.
Prejuicio
1.
Son muchas las voces que argumenta que en el patio de infantil no puede haber
un jardín porque los niños no lo cuidan y acaban destrozándolo todo. Este
pensamiento es un prejuicio generalizado, que acaba paralizando cualquier
iniciativa en la creación de un jardín o de cualquier otra actividad.
Prejuicio
2.
Otro prejuicio que suele existir es que los niños y niñas con problemas de
comportamiento son los primeros que romperán cualquier actividad novedosa que
se realice.
2. Diseño de la tarea
Algunas clases de infantil
han plantado flores en el patio. Las plantas vinieron de casa o las vieron
brotar en semilleros que mimaron en el aula. En alguna clase incluso vino un
abuelo jardinero a enseñarnos a plantar.
Lógicamente, fue
entusiasta la atención y participación de los niños y niñas que plantaron en su
patio de juego. Ahora quedaba comprobar que durante los recreos, en el tiempo
libre, las plantas fueran respetadas. Y es ahí cuando se rompieron nuestros
prejuicios.
3. Rompiendo prejuicio 1
Curiosamente, en contra de nuestras expectativas, después de un tiempo de observación comprobamos que algunos chicos y chicas se acercaron a cuidar las plantas. Unos estuvieron regándolas, otros quitando chinos de alrededor, quizás para que no tropezaran al crecer, otros simplemente observándolas. Se había echado por tierra el primer prejuicio. Comprobamos que cuando los chicos y chicas son protagonistas de la construcción de su jardín, cuando lo hace suyo, lo cuidan y lo respeta. No hay más que observar las caras de entusiasmo y la atención con que observan las plantas.
4. Rompiendo prejuicio 2
Después de un tiempo de
observación detectamos que la mayoría de los chicos y chicas que cuidan las
plantas y que se pasan todo el recreo regando con un vasito lo sembrado son, sorprendentemente,
algunos chicos y chicas que presentan ciertas conductas no deseadas en clase.
Curiosamente, detectamos chicos y chicas de todas los
cursos de infantil, pero que mayoritariamente eran personas con problemas para
estar sentado en el aula, para atender durante mucho tiempo, que tenían
comportamientos inadecuados, que se mostraban impulsivos, desafiantes o desatentos
en muchas ocasiones.
5. A modo de conclusión
Reflexionando sobre la
cuestión comenzamos a pensar que existe una tipología de personas dentro del
aula, que a veces diagnosticamos de hiperactivos, desatentos, desafiantes, o
con problemas de conductas, y que en el patio se muestran atentos, cuidadosos,
responsables, cariñosos, sociables y muy interesados por actividades de tierra
y de agua.
Pensamos que, en estas
edades tan tempranas, es necesario que la infancia salga de esas aulas tan
académicas, con tantas actividades de papel, y vuelvan a donde tradicionalmente
estuvieron y de donde nunca debieron de haber salido, el campo, el jardín, la
tierra y el agua. Porque a estas edades aún necesitan de actividades al aire
libre para completar su desarrollo integral de forma saludable.
Es por ello que, sin
pretensión científica, ni estadística ninguna, convenimos en llamar a estos
niños, a estas niñas, personas de tierra
y agua.
Es por ello que intuimos
que la observación directa, la reflexión compartida y la documentación de las
actividades diarias del alumnado son las mejores formas de perfeccionamiento,
de investigación y de ruptura de prejuicios.
Cristóbal
Gómez Mayorga, primavera de 2014
Especialista
en Pedagogía Terapéutica
C.E.I.P.
EL ROMERAL (Vélez-Málaga)
6 de abril de 2014
Educar en la frontera
Quizás,
la etapa más importante de la vida, para el desarrollo de la identidad, la
inteligencia, el lenguaje, las relaciones sociales, la moral y la ética, sea la
más infravalorada, la menos conocida, la más desconsiderada.
Efectivamente,
la primera infancia es la etapa más determinante de nuestra existencia. Por
tanto, no es baladí la educación que generamos en estos primeros años de
nuestras vidas.
Podemos
crear cerebros simples en nuestros chicos y chicas. Para ello sólo tenemos que
transmitir verdades absolutas, obligar a asumirlas, premiar su obediencia y
castigar la rebeldía. Por el contrario, podemos crear seres complejos, generando
autonomía, desarrollando pensamiento, creando situaciones problemáticas, obligando
a resolver los conflictos y alentando la duda permanente. Eso sí, siempre
necesitamos de estabilidad emocional para soportar la incertidumbre que el
desafío de pensar nos genera y nos pone en entredicho.
Por
tanto, lo primero es dar seguridad, después, crear incertidumbres. Ese es el
camino del crecimiento personal que posibilita el deseo de aprender.
Ya
se sabe que nacen mariposas impedidas si las ayudamos a salir del capullo. Ya
sabemos que el esfuerzo por salir de tan difícil habitáculo genera la capacidad
de volar.
Voy
a utilizar un concepto algo difuso para delimitar el estrecho espacio en el que
transita la educación: la frontera. Justo en ese límite impreciso es donde
diariamente nos movemos los educadores. Continuamente estamos negociando dónde
están los límites, siempre difusos. Los niños y niñas que están dentro del
redil no son libres, están sometidos. Los que están fuera están locos. En
educación, debemos movernos en esa frontera que invita a la incertidumbre de
pensar en cada momento si hacer algo o no, si cumplir una norma o rebelarse, en
un equilibrio constante que requiere de un esfuerzo emocional y mental
permanente.
Es
la negociación en la frontera la que educa: cómo aceptar la trasgresión, cómo gestionar
los conflictos, cómo enriquecerse con la diversidad, cómo casar el deseo con el
deber, cómo gestionar los desajustes emocionales, cómo conciliar lo que siento,
lo que pienso y lo que hago.
Alcanzamos la madurez cuando relativizamos nuestros
propios pensamientos, cuando somos conscientes de que la realidad no coincide
con nuestros sentimientos, cuando confrontamos nuestras ideas con el otro, para
ponerlas en entredicho, para relativizar nuestra verdad egocéntrica.
Porque
lo que nos hace humano es, posiblemente, pasear por ese estrecho camino de la incertidumbre,
el conflicto y la duda permanente.
Acabemos,
de una vez por todas, con las verdades absolutas, con el estímulo-respuesta,
con el pensamiento simplista y con los trasnochados nacionalismos mentales. Seamos,
pues, educadores fronterizos.
Cristóbal Gómez Mayorga
Dudando
de forma permanente.
30 de noviembre de 2013
LA MIRADA QUE EDUCA
Mirar a los ojos. Difícil tarea. Probad, si no.
Mirar a los ojos es mirar al alma sin contemplaciones. Es un reto difícil, pero
necesario de los educadores. No hay alternativa. Ni los textos didácticos más
sofisticados, ni los programas informáticos más modernos, ni los proyectos
educativos más innovadores, pueden sustituir una mirada profunda. Porque los
ojos son taladradores que hacen agujeritos en el alma del mirado, y
penetra dentro, muy dentro, en todo su ser. Y es por eso que educar es hurgar
con la mirada, adentrarse muy hondo, hacerse camino hasta lo más profundo y crear
un huequito en las entrañas de nuestro alumnado. Aunque nos empeñemos una y mil
veces en explicar con la voz, que atraviesa los oídos sin apenas detenerse un
instante en la mente, la mirada vale más que mil palabras.
Primero vemos al otro con deseo y ayudamos a
construirlo. Luego, una vez construido, miramos hacia el mundo. Y el otro,
urgido por nuestra mirada, ve y va hacia donde miramos. Es así cómo el camino
de lo mirado se convierte en el sendero de lo educable. Y es que nos
construimos con hilos de miradas. Tejemos una trama de vínculos con agujas de
ojos profundos. Y esa mirada amorosa sostiene el atrevimiento del que conquista
el mundo, al mismo tiempo que se conquista a sí mismo y se construye como
ser humano.
El gran ojo, el famoso triángulo, el ojo de Dios, no
es más que el ojo del que educa, y esculpe humanidad en el barro de la infancia.
Y es esa mirada la que crea, a partir de unos ojos deseosos, a un ser humano, a
una futura persona. La biología se torna en nada sin ojos ávidos que vislumbren
el futuro de la niñez.
Porque con la mirada se mata, con la mirada se
humilla pero, también, y sobre todo, con la mirada se ama y se educa.
Cristóbal Gómez Mayorga
20 de octubre de 2013
LA DUDA PERMANENTE
"El guardapolvo los protegía
de los agujeros; no veían nada, aceptaban lo ya visto por otros, se imaginaban
que estaban viendo. Y naturalmente no podían ver los agujeros, y estaban muy
seguros de sí mismos, convencidísimos de sus recetas, sus jergas, su maldito
psicoanálisis, sus no fume y sus no beba..."
Julio Cortázar: "El
perseguidor".
En
los tiempos complejos y difíciles en qué vivimos, poca gente tiene la valentía
de admitir su vulnerabilidad. Muchos buscamos las respuestas verdaderas, las
soluciones definitivas, las verdades absolutas.
No
hay mayor ignorancia que la creencia de que se tiene la verdad. Una verdad
orgullosa que se impone, porque no admite ni el más mínimo de los peros
amenazantes. Una verdad infantil, que extraña el bienestar absoluto del vientre
materno.
Reivindico
llevar la duda a cuestas a diario y compartirla con todas las dudas que pesan
sobre la humanidad. Esa duda incómoda que nos desequilibra diariamente, con la
que es imposible nadar sin miedo a ahogarse.
Y
es que tenemos un inmaduro cerebro racional que, viéndose impotente para
comprender nada de lo que nos ocurre, se viste de orgullo y prepotencia para
dar coherencia a las sinrazones de lo que sentimos en cada momento. Es un
mecanismo de defensa que nos protege: la razón busca, constantemente, sin
conseguirlo, dar coherencia a lo que, diariamente, de forma confusa sentimos.
Es una solución evolutiva que los seres humanos desplegamos para no sufrir de
locura.
Y
cada vez más, en la escuela, como en todos los ámbitos de la vida, buscamos verdades
que nos libre de la incertidumbre, inherente a la existencia.
Y
nadamos con el salvavidas del libro de texto, con las libretas de dos rayas que
controla y sostiene el pensamiento escrito, con las tareas para casa que elude
responsabilidades, con el castigo permanente en el que proyectamos nuestras
carencias, con la justificación constante de lo que hacemos a diario.
Todo,
por no admitir nuestra ignorancia, por no aceptar nuestras limitaciones, por
considerarnos responsables de todas las consecuencias de nuestro tanteo vital,
por no asumir la duda como compañera inseparable y necesaria.
Estamos
necesitados de una cura de humildad. Para aceptar la incertidumbre, la duda y
la ignorancia, para no asumir toda las demandas, para hacer lo que está en
nuestras manos, que no es mucho, aunque es bastante, para dejar que la vida
fluya, lentamente, por donde, aunque no queramos, tiene que fluir.
Xtóbal
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