4 de octubre de 2015

GREGUERÍAS DE OTOÑO 2

DOS HOJAS SECAS SE APRESURAN, VIÉNDOSE YA MUERTAS, A VIVIR JUNTAS EL ÚLTIMO SUSPIRO. 

SIEMPRE HAY HOJAS MUERTAS QUE PERSIGUEN A OTRAS HOJAS MUERTAS, SIN PERCATARSE DE QUE EMULAN A QUIEN YA NO EXISTE.

LAS HOJAS QUE SE DAN LA MANO 
DEBEN ESTAR PREPARADAS,
PARA DESPRENDERSE UNA DE OTRA, 
EN ALGÚN MOMENTO. 

UNA HOJA SOLA, 
TAMBIÉN DESPRENDE BELLEZA

SIEMPRE TENEMOS AGUJEROS 
EN NUESTRO CUERPO, 
ELLOS CONTRIBUYEN 
EN HACERNOS ESPECIALES

 SOMOS EN LA MEDIDA QUE NOS DIFERENCIAMOS 
DEL FONDO, DEL ENTORNO. 
COMO EL COLOR NARANJA 
SE DIFERENCIA DEL VERDE BOTELLA.

NUESTRA TEXTURA NOS HACE FLOTAR  
EN UN MUNDO ASFIXIANTE

LA BELLEZA SIEMPRE DEPENDE DEL FONDO, DEL CONTEXTO

23 de julio de 2015

LAS PALABRAS NO MIENTEN

Leo de nuevo el maravilloso libro de Italo Calvino, Las ciudades invisibles. Un buen libro, como es el caso, siempre nos invita a pasear por sus páginas de vez en cuando, para descubrir todos los tesoros que quedaron oculto en un primer vistazo. Y, efectivamente, en la primera lectura no reparé en una frase genial que, acaso, sea la esencia del propio libro: “La mentira no está en las palabras, está en las cosas”.
Llevo tiempo comprobando cómo los discursos educativos se repiten, una y otra vez, en mil foros diferentes, con palabras parecidas. En estos momentos que vivimos, no se aprecia controversia significativa en los principios pedagógicos, en las finalidades educativas, en los criterios de calidad, en las competencias necesarias, en las metodologías y en los estándares de evaluación, cuando se teoriza sobre educación.
Hace tiempo, recuerdo debates vivos sobre si era conveniente una metodología u otra, si clases dirigidas o democráticas, si trabajo individual o en grupo, si activismo o memorización, si libro de textos o trabajos por proyectos, si disciplinaridad o globalidad, etc.
Pero el lenguaje se ha fundido en un discurso técnico uniforme que todos compartimos, y que podríamos resumir en tres conceptos básicos:
-         Competencias, ya sean básicas y claves, pequeños matiz de insignificante diferencia, que no hace sino desvelar el discurso unitario imperante.
-         Diversidad, concepto, antes revolucionario pero que actualmente todo el mundo utiliza de manera inconsecuente.
-         Proyecto, como metodología que se hace patente en todas las programaciones que pretendan ser innovadoras.
Así, con tanto consenso en las palabras, se hace difícil desligar el grano de la paja.
Y mira por dónde, en una de las ciudades invisibles de Calvino encuentro la luz que alumbra mis preocupaciones. Y es que las palabras no engañan, lo que engañan son los hechos. 
Efectivamente, los discursos se han vestido con un traje tecnológico que los convierten en veraces, y es la acción, que hay detrás de cada frase, la que dice o no verdad.
Y es por eso que compartimos proyectos bien razonados mientras cerramos las puertas del aula a cal y canto, para que no se note nuestras contradicciones. Y es por eso que mantenemos a las familias lejos, de la fiesta para fuera, para que no vislumbren nuestras incertidumbres.
Por tanto, ya no leo discursos educativos sobre trabajos por proyectos, diversidad o competencias. Ahora miro a los niños y niñas de la clase y observo si juegan, si se quieren, si se comunican, si son autónomos, si se respetan, si se divierten y aprenden.
Porque, aunque los discursos, legislaciones y proyectos escritos digan la verdad, habrá que estar atentos por si los hechos mienten. Porque la mentira no está en las palabras, está en las cosas.

Cristóbal Gómez Mayorga
Verano 2015

25 de abril de 2015

LAS SIETE SILLAS



La quinta silla terminó en Francia, como no podía ser de otro modo, en el centro de París, en la Cité, o isla del asentamiento, ¡qué mejor nombre para situar una silla!, concretamente, en Notre Dame. Es la silla donde descansa la ira, la ira de Dios. Pero aquella no era más que una de las siete sillas, repartidas por el mundo, en las que descansa cada uno de los pecados capitales.  
Todo comienza cuando se sienta a comer, de forma desmesurada, en un intento de llenar cada rinconcito de su cuerpo, la gula. Cuatro patas descomunales soportaban al más pesado de los pecados conocidos. Esta primera silla se encontraba en una cochambrosa sala de un restaurante de comida rápida, en el mismo centro de Manhattan.
La pereza se retrepó sobre la segunda silla, y derramó sudores y kilos de grasas mundanas, hasta que se hizo trizas, astillas y serrín de tantos sinsabores asentados. Aquella segunda silla estaba en Hawái, recostada en acordes de un plomífero ukelele. Y pasaron mil años sin que la pereza levantara su pesado trasero de la dulce anea, esperando, quizás, algún príncipe que lo despertara de un infinito sueño seboso.
En un cuchitril inmundo de La Habana Vieja, se encuentra la tercera silla, toda manchada de sudores y esencias mundanas, cansada de soportar cuerpos desnudos bailando músicas diabólicas al ritmo sabrosón más empalagoso del Caribe. Sobre ella, no descansaba, sino que gozaba, la lujuria, emitiendo gritos de placer por todos los agujeros de su cuerpo. Y es que la lujuria nunca reposa, ni conoce paz alguna, pues siempre anda buscando humedades en huecos  resbaladizos, oscuros y profundos.  
Alemania, albergaba la cuarta silla. Recubierta de un terciopelo granate y dorado, fue subyugada por el enorme trasero de la avaricia. Se sentó en ella coronándose con mil adornos brillantes, buscando, una vez más, deslumbrar al mundo con destellos de metales imaginados y efímeros.
La envidia, la sexta silla, osada como siempre, quiso sentarse en el lugar de otros, para dejar constancia de sus posaderas inquietas. La envidia andaba deseosa de un paraíso soñado, de aquí para allá, buscando descanso en la silla de un otro imaginado.  Mientras tanto, su preciosa silla se sentía inútil en un pueblecito humilde de Costa de Marfil, en el corazón de África.
La soberbia, se sentó, majestuosa, en la séptima silla, con la absoluta convicción de que había besado el mejor asiento de este mundo: Plaza Roja de Moscú, cuartel general del Kremlin, corazón de todas las Rusias. Allí reposaba, recubierta de oro macizo, colmada de poder, la última de las sillas.
Y es que Dios, cansado como estaba de tantos pecados enrevesados, decidió, un buen día, repartir las sillas, en las que descansa los siete pecados capitales, por diferentes capitales del mundo, para que pecásemos de un pecado cada vez. Y es por eso que, acabo de salir del Caribe y voy rumbo a un pequeño puesto de comida rápida en el mismo centro de Manhattan.

Certamen de relatos, Semana Cultural de Benagalbón, 2015.
Cristóbal Gómez Mayorga

21 de noviembre de 2014

LA MAGIA DE INFANTIL



Me piden que abra unas jornadas de Educación Infantil en Granada bajo el título “La magia de infantil”. Nunca doy conferencias sobre lo que sé, siempre hablo de lo que hago. Así que me pongo a repensar mi práctica a través de este título tan sugerente. Y caigo en la cuenta de que los principales aprendizajes que se producen en la infancia surgen, aparentemente, de forma mágica. No conocemos bien los procesos de adquisición del lenguaje, del pensamiento, de las relaciones sociales y afectivas, del conocimiento del mundo que nos rodea, del desarrollo de la identidad, la autonomía o de la conciencia. ¡Hay demasiada incertidumbre en nuestro trabajo! Es por ello que hemos simplificado los aprendizajes a base de racionalizaciones lógicas que poco tienen que ver con la complejidad del proceso de conocimiento de la mente. Y es por eso que enseñamos los colores de uno en uno, y los números, por orden, comenzando por el primero, luego la suma, la resta, etc.  Y enseñamos a leer letra por letra, primero las vocales, luego las sílabas,... y así, poco a poco, de forma lógica. Explicamos las normas de comportamiento y hacemos fichas de cada contenido, esperando que, de alguna forma, se aprendan. En general, enseñamos la complejidad de la vida en pequeñas dosis, trocito a trocito, repitiendo una y mil veces, hasta que se fije a fuego en la mente.

Pero en la práctica diaria nos damos cuenta que el aprendizaje es un acto mágico, psicomágico, que diría Jodorowsky. Es decir, hay acontecimientos que de forma mágica producen cambios neurológicos y educativos en psíquico y que no podemos explicar de forma racional debido a su complejidad. Nuestra experiencia nos enseña que hay acontecimientos, liturgias, temas, materiales, espacios, canciones, cuentos o teatros que, por arte de magia, producen aprendizajes en el alumnado de forma sorprendente. Canciones como Chico chiquito, Se parece a su papá, Los dedos van al colegio o Cinco ratoncitos grises; cuentos como Los tres cerditos, Gugú o Juul; proyectos como El libro de los amigos o La caja de los tesoros,... son acontecimientos psicomágicos. Objetos como la caja de luz, la linterna mágica o la caja de los bichos, y materiales como la tierra, el agua y las plantas, son elementos mágicos. Los juegos son, siempre, liturgias mágicas, que producen socialización, relaciones emocionales, desarrollo de identidad y mil y un aprendizajes complejos e importantes para la vida.  Y es que el secreto del aprendizaje es la emoción. La magia no es más que una lluvia de emoción que inunda cualquier acontecimiento. Y son estas tareas emocionantes y mágicas las que producen el verdadero aprendizaje en estas edades.

¡De pronto!, tuve una desilusión. Reparé en los últimos avances de la Neurociencia y rescaté algunos de sus hallazgos: plasticidad del cerebro, neuronas espejos, la unidad indisociable entre las emociones y la racionalidad, la importancia del apego, la incidencia del contexto cultural, la repercusión del lenguaje en los cambios neuronales, la conciencia, etc. ¡No es magia!, me dije desilusionado, es una ciencia incipiente que apenas llegamos a vislumbrar. Mientras tanto, seguiremos enseñando y aprendiendo con magia, la magia de infantil.


25 de mayo de 2014

CAJAS PSICOMÁGICAS

En la conferencia inaugural de la VI Jornadas de Educación Infantil de la Axarquía, Jurjo Torres, catedrático de la Universidad de La Coruña, realizó un exhaustivo y magnífico análisis crítico de los libros de textos.
A continuación, en los talleres que impartimos los maestros y maestras sobre nuestra práctica docente, era necesario dar alternativas válidas para sustituir a ese salvavidas que el mercado nos ofrece cada curso escolar para acometer la complejidad de la tarea educativa.
En el taller “Actividades psicomágicas” presenté una caja de zapatos como una alternativa innovadora al libro de texto. La abrí con parsimonia y todas las personas asistentes al taller esperaban ansiosas el secreto que guardaba en su interior. Una desilusión inundó la sala: "está vacía".
El taller versó sobre la riqueza que ofrece una caja de cartón como elemento psicomágico con múltiples posibilidades educativas. La caja no estaba vacía, tenía un hueco y, por tanto, estaba llena de posibilidades.
Comenzamos por dar las gracias a Alejandro Jodorowsky por el concepto de psicomagia, porque nos servía para explicar los acontecimientos asombrosos que, a veces, se producen en el aula. Según este autor, la psicomagia es un acto creativo con carácter terapéutico. Es un acto mágico que produce cambios saludables y educativos en lo psíquico.
Son muchos los actos psicomágicos que acontecen en el aula: rituales psicomágicos, objetos picomágicos, actos psicomágicos, espacios psicomágicos, momentos psicomágicos, cuentos y canciones psicomágicos, linterna mágica para lecturas mágicas. Un patio psicomágico es el que tiene chinos, tierra, agua, plantas y bichos porque conecta con la esencia de la infancia. La asamblea es un ritual psicomágico porque genera construcción de conocimiento y creación de identidades sociales en el alumnado.
En el taller realizamos experiencias psicomágicas, con canciones, poesías y experiencias vitales. Experimentamos una actividad psicomágica como “El libro de los amigos y amigas del cole”, en el que abrazamos a una compañera con los ojos vendados para que sintiera el cariño de los demás. Todo se inundaba de la emoción necesaria en cualquier acto psicomágico. El itinerario psicomágico pasa por el cuerpo y la emoción, luego el lenguaje y el pensamiento y, por último, la expresión gráfica y artística como vehículo de comunicación.
Un montón de cajas y juego libre dan lugar a un sinfín de actividades, porque una caja no es una caja en manos de la infancia, sino una posibilidad. Una caja vacía es un contenedor, un lugar para llenar, un sitio donde albergar, un habitáculo para habitar.
Una caja vacía nos habla de nuestros huecos, de nuestras lagunas, de nuestras carencias, de nuestros deseos, de nuestro interior,… de nuestra alma. Una caja vacía es un reto, un desafío. Una caja vacía nos desestabiliza, nos crea incertidumbre, nos produce desasosiego,… nos pone en juego. Una caja vacía nos rememora al principio y al fin, al seno materno, la primera caja, y a la muerte, la última caja que habitaremos.
A continuación vimos cajas vividas en mi aula: cajas de bichos, cajas de plantas, cajas para gusanos de seda y mariposas, cajas de luz, cajas para calcar, cajas sorpresas, cajas de músicas, cajas de zapatos,... un sinfín de cajas. El ordenador del aula no es más que una caja que nos ofrece infinidad de información. La tele de mi aula deja de ser la caja tonta para convertirse en una caja en la que hacemos teatro y nos sentimos protagonistas.
La caja es una alternativa posible al libro de texto porque la usamos en el tiempo libre en actividades diversas, en los cuentos y en los proyectos. Y en el aula aparecen cajas de música, cajas de tesoros, cajas de luz, cajas de secreto, cajas de recuerdo, cajas de vida..., incluso, cajas de Pandora.
Expuse experiencias vividas en mi aula sobre trabajos realizados con cajas. Como el cueto “Los tres osos”, en el que una caja se convierte en la casa de Ricito de Oro y se decora y llena de muebles de papel. También vimos el cuento de Paco Abril “Sois vosotros los Reyes Magos”, en el que aparece una caja mágica en el que guardar las tristezas: “Abre caja, mete pena, cierra caja y quita pena. También en el cuento “El pájaro del alma” trabajamos con cajas psicomágica. Porque el alma está compuesto de cajas para cada sentimiento. Hay una caja para la alegría y otra para la tristeza, una caja para el amor y otra para el enfado, una caja para los secretos y otra para el odio. Y el cuento nos enseña que debemos aprender a abrir o cerrar las cajas de nuestros sentimientos para que no se nos derrame las emociones  por todo el cuerpo sin nuestro permiso.  
Por último, presentamos “La historia de mi vida”, un proyecto para el desarrollo de la identidad. En una caja de zapato, con la colaboración de la familia, metemos todos los elementos importantes de nuestras vidas: los zapatitos de pequeño, el chupete,  una foto de bebé, las ecografías y hasta un cordón umbilical van apareciendo en el aula como nuestros mayores tesoros. Y el aula se va llenando de una veintena de historias mientras que el alumnado se va narrando y construyendo su identidad.
Reflexionamos sobre el aprendizaje que se produce con las cajas trabajadas y vimos que: el cerebro es moldeable por el pensamiento y las emociones y somos, en última instancia, los escultores de nuestro cerebro.
Y concluimos que una caja no es una caja, que una caja vacía nos invita a un sinfín de posibilidades, porque una caja es un elemento psicomágico. Por ello es necesario, y casi imprescindible, tener a mano, en el aula, una caja vacía.

Cristóbal Gómez Mayorga
VI Jornadas de Educación Infantil  de La Axarquía.

7 de mayo de 2014

PERSONAS DE TIERRA Y AGUA

PERSONAS DE TIERRA Y AGUA
Documentación sobre actividades libres en un patio de infantil
1.- Prejuicios.
Solemos actuar a partir de pensamientos estereotipados que hemos construidos socialmente y que no siempre coincide con la realidad.
Estamos cargados de prejuicios, que pocas veces son verdad, pero que nos hacen actuar conforme a ellos. Sólo la observación sobre la práctica  puede desmontarlos, a partir de un análisis exhaustivo y una reflexión compartida de los educadores.
Prejuicio 1. Son muchas las voces que argumenta que en el patio de infantil no puede haber un jardín porque los niños no lo cuidan y acaban destrozándolo todo. Este pensamiento es un prejuicio generalizado, que acaba paralizando cualquier iniciativa en la creación de un jardín o de cualquier otra actividad.
Prejuicio 2. Otro prejuicio que suele existir es que los niños y niñas con problemas de comportamiento son los primeros que romperán cualquier actividad novedosa que se realice.
2. Diseño de la tarea
Algunas clases de infantil han plantado flores en el patio. Las plantas vinieron de casa o las vieron brotar en semilleros que mimaron en el aula. En alguna clase incluso vino un abuelo jardinero a enseñarnos a plantar.

Lógicamente, fue entusiasta la atención y participación de los niños y niñas que plantaron en su patio de juego. Ahora quedaba comprobar que durante los recreos, en el tiempo libre, las plantas fueran respetadas. Y es ahí cuando se rompieron nuestros prejuicios.

3. Rompiendo prejuicio 1

Curiosamente, en contra de nuestras expectativas, después de un tiempo de observación comprobamos que algunos chicos y chicas se acercaron a cuidar las plantas. Unos estuvieron regándolas, otros quitando chinos de alrededor, quizás para que no tropezaran al crecer, otros simplemente observándolas. Se había echado por tierra el primer prejuicio. Comprobamos que cuando los chicos y chicas son protagonistas de la construcción de su jardín, cuando lo hace suyo, lo cuidan y lo respeta. No hay más que observar las caras de entusiasmo y la atención con que observan las plantas.


4. Rompiendo prejuicio 2
Después de un tiempo de observación detectamos que la mayoría de los chicos y chicas que cuidan las plantas y que se pasan todo el recreo regando con un vasito lo sembrado son, sorprendentemente, algunos chicos y chicas que presentan ciertas conductas no deseadas en clase.

Curiosamente,  detectamos chicos y chicas de todas los cursos de infantil, pero que mayoritariamente eran personas con problemas para estar sentado en el aula, para atender durante mucho tiempo, que tenían comportamientos inadecuados, que se mostraban impulsivos, desafiantes o desatentos en muchas ocasiones.


5. A modo de conclusión
Reflexionando sobre la cuestión comenzamos a pensar que existe una tipología de personas dentro del aula, que a veces diagnosticamos de hiperactivos, desatentos, desafiantes, o con problemas de conductas, y que en el patio se muestran atentos, cuidadosos, responsables, cariñosos, sociables y muy interesados por actividades de tierra y de agua.
Pensamos que, en estas edades tan tempranas, es necesario que la infancia salga de esas aulas tan académicas, con tantas actividades de papel, y vuelvan a donde tradicionalmente estuvieron y de donde nunca debieron de haber salido, el campo, el jardín, la tierra y el agua. Porque a estas edades aún necesitan de actividades al aire libre para completar su desarrollo integral de forma saludable.

Es por ello que, sin pretensión científica, ni estadística ninguna, convenimos en llamar a estos niños, a estas niñas, personas de tierra y agua.
Es por ello que intuimos que la observación directa, la reflexión compartida y la documentación de las actividades diarias del alumnado son las mejores formas de perfeccionamiento, de investigación y de ruptura de prejuicios.

Cristóbal Gómez Mayorga, primavera de 2014
Especialista en Pedagogía Terapéutica

C.E.I.P. EL ROMERAL  (Vélez-Málaga)

6 de abril de 2014

Educar en la frontera

Quizás, la etapa más importante de la vida, para el desarrollo de la identidad, la inteligencia, el lenguaje, las relaciones sociales, la moral y la ética, sea la más infravalorada, la menos conocida, la más desconsiderada.
Efectivamente, la primera infancia es la etapa más determinante de nuestra existencia. Por tanto, no es baladí la educación que generamos en estos primeros años de nuestras vidas.
Podemos crear cerebros simples en nuestros chicos y chicas. Para ello sólo tenemos que transmitir verdades absolutas, obligar a asumirlas, premiar su obediencia y castigar la rebeldía. Por el contrario, podemos crear seres complejos, generando autonomía, desarrollando pensamiento, creando situaciones problemáticas, obligando a resolver los conflictos y alentando la duda permanente. Eso sí, siempre necesitamos de estabilidad emocional para soportar la incertidumbre que el desafío de pensar nos genera y nos pone en entredicho.
Por tanto, lo primero es dar seguridad, después, crear incertidumbres. Ese es el camino del crecimiento personal que posibilita el deseo de aprender.
Ya se sabe que nacen mariposas impedidas si las ayudamos a salir del capullo. Ya sabemos que el esfuerzo por salir de tan difícil habitáculo genera la capacidad de volar.
Voy a utilizar un concepto algo difuso para delimitar el estrecho espacio en el que transita la educación: la frontera. Justo en ese límite impreciso es donde diariamente nos movemos los educadores. Continuamente estamos negociando dónde están los límites, siempre difusos. Los niños y niñas que están dentro del redil no son libres, están sometidos. Los que están fuera están locos. En educación, debemos movernos en esa frontera que invita a la incertidumbre de pensar en cada momento si hacer algo o no, si cumplir una norma o rebelarse, en un equilibrio constante que requiere de un esfuerzo emocional y mental permanente.
Es la negociación en la frontera la que educa: cómo aceptar la trasgresión, cómo gestionar los conflictos, cómo enriquecerse con la diversidad, cómo casar el deseo con el deber, cómo gestionar los desajustes emocionales, cómo conciliar lo que siento, lo que pienso y lo que hago.
 Alcanzamos la madurez cuando relativizamos nuestros propios pensamientos, cuando somos conscientes de que la realidad no coincide con nuestros sentimientos, cuando confrontamos nuestras ideas con el otro, para ponerlas en entredicho, para relativizar nuestra verdad egocéntrica.
Porque lo que nos hace humano es, posiblemente, pasear por ese estrecho camino de la incertidumbre, el conflicto y la duda permanente.
Acabemos, de una vez por todas, con las verdades absolutas, con el estímulo-respuesta, con el pensamiento simplista y con los trasnochados nacionalismos mentales. Seamos, pues, educadores fronterizos.


Cristóbal Gómez Mayorga

Dudando de forma permanente. 

30 de noviembre de 2013

LA MIRADA QUE EDUCA

Mirar a los ojos. Difícil tarea. Probad, si no. Mirar a los ojos es mirar al alma sin contemplaciones. Es un reto difícil, pero necesario de los educadores. No hay alternativa. Ni los textos didácticos más sofisticados, ni los programas informáticos más modernos, ni los proyectos educativos más innovadores, pueden sustituir una mirada profunda. Porque los ojos son taladradores que hacen agujeritos en el alma del mirado, y penetra dentro, muy dentro, en todo su ser. Y es por eso que educar es hurgar con la mirada, adentrarse muy hondo, hacerse camino hasta lo más profundo y crear un huequito en las entrañas de nuestro alumnado. Aunque nos empeñemos una y mil veces en explicar con la voz, que atraviesa los oídos sin apenas detenerse un instante en la mente, la mirada vale más que mil palabras.
Primero vemos al otro con deseo y ayudamos a construirlo. Luego, una vez construido, miramos hacia el mundo. Y el otro, urgido por nuestra mirada, ve y va hacia donde miramos. Es así cómo el camino de lo mirado se convierte en el sendero de lo educable. Y es que nos construimos con hilos de miradas. Tejemos una trama de vínculos con agujas de ojos profundos. Y esa mirada amorosa sostiene el atrevimiento del que conquista el mundo, al mismo tiempo que se conquista a sí mismo y se construye como ser humano.
El gran ojo, el famoso triángulo, el ojo de Dios, no es más que el ojo del que educa, y esculpe humanidad en el barro de la infancia. Y es esa mirada la que crea, a partir de unos ojos deseosos, a un ser humano, a una futura persona. La biología se torna en nada sin ojos ávidos que vislumbren el futuro de la niñez.
Porque con la mirada se mata, con la mirada se humilla pero, también, y sobre todo, con la mirada se ama y se educa.

Cristóbal Gómez Mayorga




20 de octubre de 2013

LA DUDA PERMANENTE


"El guardapolvo los protegía de los agujeros; no veían nada, aceptaban lo ya visto por otros, se imaginaban que estaban viendo. Y naturalmente no podían ver los agujeros, y estaban muy seguros de sí mismos, convencidísimos de sus recetas, sus jergas, su maldito psicoanálisis, sus no fume y sus no beba..."
Julio Cortázar: "El perseguidor".

En los tiempos complejos y difíciles en qué vivimos, poca gente tiene la valentía de admitir su vulnerabilidad. Muchos buscamos las respuestas verdaderas, las soluciones definitivas, las verdades absolutas.
No hay mayor ignorancia que la creencia de que se tiene la verdad. Una verdad orgullosa que se impone, porque no admite ni el más mínimo de los peros amenazantes. Una verdad infantil, que extraña el bienestar absoluto del vientre materno.
Reivindico llevar la duda a cuestas a diario y compartirla con todas las dudas que pesan sobre la humanidad. Esa duda incómoda que nos desequilibra diariamente, con la que es imposible nadar sin miedo a ahogarse.
Y es que tenemos un inmaduro cerebro racional que, viéndose impotente para comprender nada de lo que nos ocurre, se viste de orgullo y prepotencia para dar coherencia a las sinrazones de lo que sentimos en cada momento. Es un mecanismo de defensa que nos protege: la razón busca, constantemente, sin conseguirlo, dar coherencia a lo que, diariamente, de forma confusa sentimos. Es una solución evolutiva que los seres humanos desplegamos para no sufrir de locura.
Y cada vez más, en la escuela, como en todos los ámbitos de la vida, buscamos verdades que nos libre de la incertidumbre, inherente a la existencia.
Y nadamos con el salvavidas del libro de texto, con las libretas de dos rayas que controla y sostiene el pensamiento escrito, con las tareas para casa que elude responsabilidades, con el castigo permanente en el que proyectamos nuestras carencias, con la justificación constante de lo que hacemos a diario.
Todo, por no admitir nuestra ignorancia, por no aceptar nuestras limitaciones, por considerarnos responsables de todas las consecuencias de nuestro tanteo vital, por no asumir la duda como compañera inseparable y necesaria.
Estamos necesitados de una cura de humildad. Para aceptar la incertidumbre, la duda y la ignorancia, para no asumir toda las demandas, para hacer lo que está en nuestras manos, que no es mucho, aunque es bastante, para dejar que la vida fluya, lentamente, por donde, aunque no queramos, tiene que fluir.

Xtóbal