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10 de febrero de 2018
28 de diciembre de 2017
DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS
DIAGNÓSTICOS OBJETIVOS, SIN SUBJETOS
¿Cómo
se puede diagnosticar a un niño, a una niña, sin preguntar qué les pasa?
Algo le dolerá, algún síntoma sentirá, se encontrará de alguna manera, sufrirá
por algo, cierto asunto le inquietará,... ¡Alguna palabra saldrá de su boca que
intente explicar su sufrimiento!
Ya
son muchos los casos de diagnósticos con los que tropiezo en los que nadie
preguntó a la personita sufriente qué le pasa. Sólo dos ejemplos:
Una
madre llegó con un cuestionario para diadiagnosticar a su hijo de TDAH. El
caso es que saqué al niño de clase y hablé con él. Le digo que su madre está
preocupada. Me dice que lo están llevando a una psicóloga. Le pregunto qué le
pasa y me cuenta que está sufriendo por su hermana porque le ha ocurrido algo
muy grave. Me lo cuenta. Evidentemente, para preservar el anonimato, no debo
desvelar aquí su relato, pero lo que narra es para estar más que alterado y
ausente. Y yo me cuestiono: ¿nadie le ha preguntado a este niño por qué no
atiende en la escuela? Al poco tiempo, trae informe psicológico privado con diagnostico de Trastorno
por Déficit de Atención. El orientador del centro, ante la demanda de
confirmación del diagnóstico externo, quiere comprobarlo y realiza una
actividad a toda la clase en la que se encuentra el alumno. Es una prueba en la
que se requiere, máxima atención, memoria y capacidad ejecutiva durante un largó periodo de tiempo. En esta
prueba saca la segunda mejor nota de la clase. Evidentemente el diagnóstico no era correcto. Simplemente estaba pasando por un periodo de conflictos familiares que le hacía estar ausente en muchos momentos de clase. Problemática que, quizás, la familia también quería esconder bajo un diagnóstico clínico. ?Se puede diagnosticar con sólo unas preguntas a un familiar, juez y parte en esta historia? Es evidente que con un cuestionario sobre TDAH lo más probable es que su hijo salga con la etiqueta, ya que todas las preguntas van enfocadas desde esa visión: no atiende en el colegio, no aprende, se mueve demasiado, está inquieto, etc.
prueba saca la segunda mejor nota de la clase. Evidentemente el diagnóstico no era correcto. Simplemente estaba pasando por un periodo de conflictos familiares que le hacía estar ausente en muchos momentos de clase. Problemática que, quizás, la familia también quería esconder bajo un diagnóstico clínico. ?Se puede diagnosticar con sólo unas preguntas a un familiar, juez y parte en esta historia? Es evidente que con un cuestionario sobre TDAH lo más probable es que su hijo salga con la etiqueta, ya que todas las preguntas van enfocadas desde esa visión: no atiende en el colegio, no aprende, se mueve demasiado, está inquieto, etc.
En
otra ocasión teníamos un alumno diagnosticado de TDAH desde los 4 años. No sé
si la edad es adecuada para una etiqueta tan pesada. El informe venía firmado
por un neurólogo. Esto ya es más serio, ¡era médico!. Pues bien, en el diagnóstico
ponía como prueba de la etiqueta un cuestionario a la madre. Nadie le preguntó
al niño por qué pegaba a sus compañeros, por qué estaba nervioso, por qué no
atendía en la escuela, qué le pasaba... Es verdad que tenía 4 años, pero a esa
de edad tengo comprobado que los niños y las niñas ya piensan, hablan y
razonan. Cuando hablo con el niño me cuenta que su padre pega a su madre y él
tiene que separarlos con mucha fuerza, para que no le haga daño... Se me caen
dos lagrimones.
Podría
contar más historias de este tipo. En cierta ocasión pasé cuestionarios de
diferentes “trastornos” al mismo niño y me encajó en todos. Así que es
necesario elegir muy bien el cuestionario que pasamos porque puede ser causante
de su destino. Y es que creo que bajo
el yugo supuestamente objetivo de las pruebas diagnósticas de ciertos trastornos de moda, habría que
introducir algún argumento subjetivo: la narración de la persona a
diagnosticar. Creo que somos seres subjetivos, no somos objetos. Sería
conveniente, antes de cualquier diagnóstico, preguntar primero al
diagnosticado. Porque no es tan importante lo que creemos que tiene alguien,
sino cómo se siente, qué le produce sufrimiento, qué cree que le pasa.
Como
maestro novato de Pedagogía Terapéutica, he llegado a una conclusión provisional,
como todas las conclusiones en educación. Creo que debemos ayudar a los niños y
niñas preguntándoles primero cuál es su sufrimiento, porque de lo contrario estamos deshumanizando a la infancia. Debemos considerar a
las personas como subjetos sintientes, reflexivos, con narración propia,
autoestima, identidad y conciencia. De lo contrario estaremos deshumanizando a la infancia antes de tiempo.
Diciembre
de 2017
8 de agosto de 2017
LA ESPIRAL DEL MERCADO EN LA ESCUELA
Ya llegó a la escuela la
lógica del dinero, la panacea económica: lo importante es vender sin
miramiento. Y es ahí donde entra en juego el engaño de las palabras, para que
no se note demasiado la lógica del mercado. Gestión, eficiencia, calidad, tecnología
y liderazgo, comienzan a cubrir, con un brillante barniz, la mediocridad
educativa imperante en estos momentos. Los cimientos, el sostén, el interior,
la esencia,… la estructura básica del edificio nunca se ve, pero sostiene la
vida. Encima, recubriendo, está la forma, la vestimenta, la estética, lo que se
muestra. La fachada se adorna con uniformes, orlas, fiestas, discursos y supuestos
proyectos. La esencia va por dentro, es difícil de escudriñar, es menos visible
y se escapa a la mirada superficial. Necesitamos reflexiones más profundas y
complejas.
Regalan pantalla digital si pones para el curso libros de texto. Para ello, haces comprar, a las familias de los infantiles, libros que duran
un año (porque se escriben en ellos) por valor de más de 100 euros. El
compromiso con la editorial es mantener esos libros por varios cursos. Por lo
que, evidentemente, son las familias las que pagan la dichosa pantalla.
Se va trazando la espiral:
·
El profesorado vive con desasosiego tanto libro
que rellenar, porque las familias se han gastado mucho dinero y lo tienen que
justificar. ¡Pendientes del qué dirán!
·
Los niños y niñas desde los 3 años están
mucho tiempo sentados copiando en las fichas y mirando la pantalla. ¡Otra
pantalla más!
·
Hay tanto que trabajar que se dejan de hacer actividades
importantes en estas edades: juegos, psicomotricidad, canciones, bailes, teatro,
salidas,… ¡mirar, pensar, sentir, amar!
·
La metodología, basada en libros de textos, es
transmisiva y homogeneizadora, contraria a la legislación vigente para estas
edades. ¡Contraria al sentido común, obviamente!
·
No se respetan los diferentes ritmos personales,
ni se atiende la diversidad, ¡como mandan las directrices legales!
·
La administración elude responsabilidades y
cubre sus proclamas de desarrollo tecnológico permitiendo donaciones que
implican metodologías contrarias a sus directrices legales y al sentido común. ¡Así
no se gasta un euro!
·
Según la ley, la educación obligatoria es
gratuita, pero son las familias las que pagan la pantalla digital y los libros
de textos. ¡El copago, a educación, también ha llegado!
Todos tienen razones para que
este círculo vicioso funcione sin que nadie se sienta responsable. El
profesorado necesita ordenadores y pantallas y la administración no se los da.
Por ello, se echa en brazos de los comerciales. Las direcciones de los centros no
se atreven a pedir pantallas digitales, libros y materiales a la Administración
porque son sus jefes y no quieren problemas. Las familias, dentro de la lógica
mercantil, aceptan pagar para que sus hijos “tengan mejor educación”. Así se
equiparan con la enseñanza concertada, en donde hay uniformes, libros caros,
pizarras digitales y aparentan una educación eficaz. Tampoco tienen otra
opción. ¡Es lo que hay!
Y es así cómo, sin querer
queriendo, la escuela se va empobreciendo en su esencia, y luce bella por
fuera, con sus pantallas gigantes y sus libros de textos. Mientras los niños y
niñas, amarrados al duro banco, lloran por dentro.
Y el mercado, -¡el negocio,
asegurado!- el más contento.
Xtóbal, agosto de 2017
25 de julio de 2017
Detectando discapacidades
El discurso de la diversidad se ha
instalado en el Sistema Educativo para quedarse. Pero, como todo discurso, corre
el riesgo de convertirse en palabras huecas. La diversidad y la inclusión son
los nuevos mantras que llenan nuestras bocas en estos tiempos convulsos. Se
escriben una y mil veces en papeles de todas las texturas: leyes, proyectos,
programaciones, discursos y oposiciones. Pero la realidad es tozuda y
resistente a toda idea que suponga una transformación profunda y, sobre todo, un
cambio de mentalidad. Y es difícil, en estas circunstancias, discernir lo que es
mentira o verdad.
Menos mal que en mi cole tengo a alguien
especial, detecta la esencia y separa el grano de la paja. Es una chica diagnosticada
como TEA y tiene un poder mágico: sentir el alma de las personas y huir de la
gente desalmada.
En su aula descubre a los compañeros excepcionales,
deja que le abracen, que le ayuden o le cojan de la mano. Y sonríe contenta
cuando están jugando con ella. Pero también delata a los chicos y chicas con
alguna discapacidad: los que tienen miedo de acercarse, quienes miran con
recelo, los que no saben conectar, los que tienen dificultades de ponerse en el
lugar de los demás.
También mi alumna es capaz de discernir
entre el profesorado competente y el discapacitado. Es elocuente al dejar en
evidencia a quienes no saben acercarse a
ella, a quienes no la tiene en cuenta, a los que no miran de verdad, a quienes
no se abren en cuerpo y alma, a los que tienen prejuicios o falta de empatía, a
quienes tienen algún tipo de dificultad en conectar con los demás. Y es que mi
alumna es un espejo en donde nos miramos y descubrimos el lado oculto que todos
llevamos dentro: los miedos, el qué dirán, la incompetencia,… y tantas
deficiencias que todas las personas tenemos.
Lo interesante de esta alumna tan especial
es que, además de descubrir discapacidades, es capaz de mejorar a los demás. Es
una luz que nos alumbra y ayuda a desarrollar muchas capacidades sólo conviviendo
con ella: la empatía, el respeto, la tolerancia, la inteligencia emocional, nos
ayuda a pensar y sentir, enseña a conectar y mirar de verdad. Los niños y niñas
de su clase han desarrollado unas cualidades especiales que es difícil de aprender
de otra manera.
Pero esta alumna tiene más poderes: es
capaz de detectar la discapacidad que tiene el Sistema Educativo. Por ejemplo,
ha vislumbrado a una Administración
insensible y discapacitada que no pone a alguien que le eche una mano en sus
dificultades en el aula. Y la familia tiene que estar buscando a personas, por “su
cuenta”, que le ayuden, para poder estar en un aula como los demás. Sí, también
mi alumna ha detectado una Administración discapacitada, que se le llena la
boca de integración y diversidad, pero no pone los medios necesarios, ni
contrata a personas que hagan factible la inclusión que la ley proclama con
letras de oro y subrayadas.
Pero lo más interesante es que soy el
maestro de esta alumna singular. En teoría, soy especialista en Pedagogía
Terapéutica y, cada día, me descubre mis discapacidades: por no saber
entenderla, por no prever sus demandas, por no saber conectar, por no tener la
formación suficiente,… y no sé por cuanto más. Sí, mi alumna también detectó
mis discapacidades y me ha puesto a estudiar y a seguir indagando sobre los
seres humanos. Menos mal que es benévola y comprensiva y, cada día, me mira a
los ojos, aleteando sus manos de alegría, me da un abrazo y nos vamos de la
mano a seguir aprendiendo juntos, con los demás.
Xtóbal, Julio de 2017
22 de noviembre de 2016
UNA OPORTUNIDAD
UN
ACCIDENTE: UNA OPORTUNIDAD PARA APRENDER
Todo acontecimiento negativo
es una oportunidad para trasformar dos signos menos en un más. Hay que ser
experto en cambiar la orientación de una simple rayita para que un accidente
sea una oportunidad de aprendizaje en la vida.
Un chico de mi cole se cayó
jugando en el patio. Se hizo una herida y comenzó a sangrar de forma alarmante.
Todo el alumnado contempló el incidente, y cada cual lo sintió de forma
particular. El caso es que ya nada fue como debería. Había que improvisar.
Al entrar del recreo, cada
maestro y maestra se dispuso a dar clase. Pero la audiencia estaba en un estado
emocional excitado, debido al suceso. Nuestro compañero estaba sangrando por un
golpe en la frente y lo llevaron al hospital. Nuestras cabezas lo acompañaban y
ya no estaban en la escuela.
¿Qué hacer en estos casos?
Un colega profesor me dijo al acabar el día: tenía todo programado muy bien y
no he podido dar clase, he perdido toda la hora, porque el incidente ha impedido
que el alumnado estuviera centrado. Es lo que pasa con estas cosas, que hemos
perdido el tiempo.
En otros cursos, en cambio,
han ganado la hora. Han convertido dos signos menos en un más. El profesorado
ha entendido algo esencial: lo que hay es lo que es. No hay más. Ya lo dijo
Epicteto hace más de dos mil años. Lo que es, es lo que hay y con ello hay que
lidiar.
Compartí clase con un tutor
y cuento lo que pasó. Viendo a sus alumnos excitados por lo que aconteció, el
maestro decidió parar la clase y atar tantas emociones con palabras, para que
no se desbordaran. Lentamente, respiraron y se dio la consigna principal: cada
cual levanta la mano si quieren hablar y los demás escuchamos.
Fueron saliendo las primeras
emociones en forma de exageraciones, bulos y comentarios infundados: “se ha
abierto la cabeza, se le ve los sesos, alguien ha dicho que está muy mal,…”. ¡Menos
mal que se ha parado tanto espaviento! Unos a otros se fueron matizando y, al
rato, ya más sosegados, se habló del bulo y lo peligroso que es, de que hay que
contrastar la información, de que no podemos exagerar, de que es importante en
esos momentos mantener la calma y contralar nuestras emociones desatadas por un
acontecimiento de esas dimensiones. Y reflexionamos sobre la proliferación
existente, hoy día, de los bulos en internet.
A continuación se hizo al
grupo una pregunta: “Qué ha sentido cada cual”. Es importante afrontar los
problemas desde nuestras emociones. Fueron apareciendo todos los sentimientos
sentidos: miedo, nervios, lástima, un pellizco en el estómago,… Alguien explicó
a sus compañeros que, en vez de alarmar a los pequeños, les dijo que se
había hecho una herida muy pequeña y se iba a curar pronto. Resaltamos la
empatía que tuvo el compañero para quitar miedo y tensión a los más débiles.
En la primera sesión del día
se había hablado de sentimientos en Ciudadanía, según me dijo el tutor. Ahora
se había sentido de verdad, ya se estaba en disposición de aprenderlos. Es
importante primero sentir, luego nombrar, matizar, expresar y compartir.
A continuación, se buscó
posibles causas de la caída del compañero. Parece que no había desayunado y
tuvo un posible desmayo en una actividad extenuante como el fútbol. Así que hablamos de la importancia de la
alimentación para el esfuerzo físico e intelectual. Muchos intervienen para
contarnos que sus entrenadores les incitan a comer frutas en medio de los
partidos, para tener energía. Todos van contando anécdotas que les ha pasado en
sus vidas por no haber comido suficiente. Se trata sobre las diferentes clases
de alimentos y sus aportes energéticos.
La clase ya es toda calma.
Se ha puesto palabras a las emociones derramadas. Se ha trabajado temas
sentimentales desde las propias emociones. Se ha hablado mucho sobre
alimentación. Se ha contextualizado el aprendizaje. Se ha sentido, hablado,
escuchado y respetado al compañero. Se ha debatido, nos hemos mostrados con
nuestros sentimientos. Y, sobre todo, no hemos perdido la hora de clase que
otros perdieron, porque supimos hacer, de algo negativo, una posibilidad para
aprender.
Cristóbal Gómez Mayorga
Otoño 2016
29 de octubre de 2016
¿Damos religión en la escuela?
Cuando
reflexiono si damos religión en la escuela, no me refiero a la materia que la
nueva ley educativa ha elevado a la categoría de asignatura evaluable, como si
de una ciencia se tratase. Esta cuestión no tiene discusión. Es un ejercicio de
poder que nos han colado. ¡Como si los dioses fuesen mundanos!
Cuando
afirmamos que damos religión en la escuela queremos decir que impartimos las
distintas asignaturas como si de religión se tratara. Me explico con pocas
palabras:
Tenemos
un libro de texto, con verdades que debemos transmitir, como un catecismo de
antaño.
El
alumnado tiene que aprender, de memoria, las verdades y creer en ellas, como si
fuese la religión de la nueva era.
Comprobamos,
mediante exámenes parciales, finales o externos, que las conocimientos han sido aceptados y
grabados a fuego en nuestra alma y en nuestro cuerpo.
La
liturgia: el silencio. Asentir con el cuerpo, sentados en fila, mirando al
frente, al dios supremo. Antes, la pizarra de tizas, donde se escribían las
máximas. Hoy, estamos más modernos, miramos a la pizarra digital, el nuevo
crucifijo, el dios de la era neoliberal, sin cuestionamiento.
Para
ser un buen discípulo sólo hay que aprobar, memorizar el catecismo de pe a pa,
sin miramiento, sin preguntas, sin duda alguna. El catecismo, ya se sabe, dice
verdades como puños, sin fisura.
Las
editoriales, las nuevas iglesias, nos han revelado las verdades supremas. El
dios dinero está detrás, no me cabe la menor duda. El magisterio religioso sólo tiene que dar sermones
en el púlpito, con las técnicas más modernas, para que los súbditos devotos,
sin digerir siquiera, sólo tengan que comulgar, tragar, contenidos para luego
vomitar en un examen cualquiera.
Esta
es la era de la nueva religión. Creer sin pensar siquiera.
¡Cuándo
llegará una nueva escuela! En la que la duda sea cotidiana y razonable; en la
que pensar sea la norma, en donde la verdad se ponga a debate, en la que las
chavalas y los chavales naveguen a ciegas en un futuro inalcanzable. Cuándo llegará una escuela en la que, quienes la
habiten, la disfruten sin ningún dios que la limite. ¡Cuando llegará la nueva
escuela!
Noviembre
de 2016
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