4 de julio de 2023

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

La educación pública es el único resquicio que nos queda para compensar la galopante desigualdad que este mundo genera.

Wordl Inequality [i], el último trabajo sobre desigualdad, ha puesto de relieve una situación injusta e insostenible: el 50 % de la población mundial más pobre solo posee el 2 % de la riqueza global, mientras que el 10% más rico detenta el 76%. [ii]

Además de la lucha política, necesaria para aminorar esta injusta situación, desde la escuela, en los primeros años de vida, podemos ir construyendo un mundo mejor. Para ello, debemos crear una escuela pública y de calidad que aporte nuestro granito de arena a la mejora del mundo en que vivimos.

La infancia no entiende de clases sociales, por lo que es fácil que se quieran, convivan y crezcan en igualdad. Recuerdo la simbiosis que se produjo entre una chica pobre y gitana con el chico más listo de la clase con dificultades de sociabilidad. Los juegos de luchas en la alfombra limaron sus diferencias y dificultades. Y es que el roce hace el cariño. Creo que ambos contribuyeron a crear un mundo más humano.

Que en la escuela convivan niñas y niños de todo el mundo repercutirá en la paz mundial, no tengo la menor duda. Que exista gente de muchos países en la escuela es una riqueza que debemos aprovechar. Recuerdo cuando trabajamos el proyecto “Nuestros países”, en el que aprendimos sobre las culturas de Polonia, Argentina, Francia, Paraguay, Alemania y España, las nacionalidades de nuestro alumnado. El aula parecía la ONU en pequeña. Aprendimos a decir buenos días en todos los idiomas, escuchamos música, cuentos y leyendas de todas las identidades, degustamos comidas y bebidas venidas allende los mares…; y la empatía entre personas de otros países nos convirtió en ciudadanos del mundo. Por eso creo que la convivencia en la escuela de alumnado de distinta procedencia siempre es un enriquecimiento, si somos capaces de aprender, aprendernos y convivir en paz a pesar de las sutiles diferencias.[iii]

También es necesario trabajar sobre pueblos que nos quedan lejos, para enseñar que hay culturas y miradas diferentes a las nuestras: otras religiones, creencias, costumbres y formas de ser. Recuerdo cuando hicimos el proyecto sobre Perú. Fue el mayor aprendizaje de vida: aprender otra cultura, sentirla, vivirla y comunicar con ella. No hay mayor aprendizaje [iv]

Mi aula siempre acogió la diversidad como un regalo que nos hizo mejores personas. Recuerdo aquel chico con tetraplejia que consiguió que sus compañeros jugaran al fútbol de rodilla, como él. A cambio, este chico les prestaba el ordenador en el que escribía porque tenía dificultades en coger el lápiz. Otro alumno, con síndrome de Down, ayudó a resto del alumnado a mejorar la flexibilidad, en el que él era aventajado, dirigiendo las sesiones de educación física.  Aprender a dar abrazos a una chica con autismo fue el reto más difícil de superar para el alumnado de mi aula. Y es que había que hacerlo con mucho tiento, mirándola a los ojos, sin alterarla. Así aprendimos en mi aula a tener empatía y aceptar la diversidad.

En la escuela es necesario educar sobre situaciones reales, para que de mayores no pensemos a partir de narraciones inventadas, inservibles para mejorar el mundo en que vivimos.  Trabajar a partir de un periódico y de las noticias locales o hacer salidas al entorno desarrolla en el alumnado conciencia sobre el mundo en el que vivimos. Recuerdo las visitas que hicimos a nuestro pueblo: al parque, al castillo, al museo, al polideportivo, al mercado, a la biblioteca, a la radio, a otros colegios y a la casa de cada personita del aula. Esos aprendizajes sobre el entorno real nos enseñaron a mirar el mundo real, fuera de los libros de textos, a impregnarnos de vida, de aprendizajes significativos.

La escuela pública es el último baluarte para mejorar nuestras vidas, creando conocimiento sobre el mundo real en que vivimos y prodigando la igualdad de oportunidades. Por eso debemos mimarla, apoyarla, subvencionarla, generalizarla y mejorarla. Porque una sociedad desigual genera violencia estructural, pobreza, maltrato, racismo, discriminación, guerras, terrorismo y mil cosas más. Parece una exageración, pero creo que los problemas sociales debemos solucionarlos en la infancia, para que en la adultez tengamos personas sensatas. Por eso debemos apostar por una educación pública de calidad. No me refiero a la titularidad de los centros educativos sino al ideario real de los mismos. Una escuela es pública y de calidad si admite a todo el alumnado y le enseña a convivir en la diversidad, independientemente de su procedencia social, económica o cultural y de su capacidad o peculiaridad identitaria. Porque es en convivencia con la diversidad donde construimos la futura paz social en el colegio y, quizás, también en el mundo.

 



[i] Lucas Chancel, Emmanuel Saez, Piketty y Zucman Wordl (2022) Wordl Inequality: Summary_WorldInequalityReport2022_Spanish.pdf (wid.world)

 [ii] Andreu Missé (2023) Explosión de la riqueza de papel. El País. 5-6-2023. Pg. 46.

[iii] Gómez Mayorga, C. (2007) Nuestros países, una geografía sentimental. Cooperación Educativa. Kikirikí.

 [iv]  Gómez Mayrga, C. (2014): Un aula abierta al mundo.  Revista: Didáctica. Uruguay. Año 1, nº 4. Pag. 28-33: Un aula abierta al mundo.pdf - Google Drive

 

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