6 de mayo de 2026

PRESENTACIÓN DE "SINTIENDO LA INFANCIA"

 Presentación del libro Sintiendo la infancia[i]

Cristóbal Gómez Mayorga

Buenas tardes. En primer lugar, gracias a Rosario Moreno-Torres, jefa del Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga y a todo su equipo; gracias a Nacho Rivas Flores por acoger mis dos libros en la colección Innovación Educativa que dirige; y gracias a Miguel Ángel Santos Guerra por la generosa contribución a este libro con su magnífico y cariñoso prólogo.

Gracias a los asistentes que me acompañáis en esta presentación, por dedicar un rato de vuestra vida a pensar en algo que nos concierne profundamente: la infancia. No solo la de los niños y niñas de nuestras escuelas, sino también, la infancia que nos configuró como personas y aún nos habita por dentro.

Este libro que presentamos es continuación y complemento de mi anterior publicación, Pensando en la infancia[ii]. En la presentación de mi primera obra, mi amigo, Emilio Andrés, me sugirió que el título debería haber sido Sintiendo la infancia, porque hay mucho de emoción en él. Pues esta segunda entrega no podría titularse de otra manera que con la sugerencia de quien, desde su experiencia como psicólogo infantil, tanto me ayudó a pensar sobre educación en nuestros paseos junto al mar.

Sintiendo la infancia es un compendio de reflexiones realizadas después de mi jubilación, escritos desde lo vivido en mi etapa como educador. Reúne textos a partir de recuerdos sentidos de mi práctica; textos, por tanto, ya reposados, con cierta distancia, con más reflexión y con dosis de emociones sentidas en los muchos momentos que viví en el aula.

No sé si este texto aporta conocimientos científicos relevantes, pero siempre he creído que las maestras y maestros tenemos la responsabilidad de pensar nuestra práctica, escribirla y compartirla. Eso intento aportar con este modesto ensayo: narrar, desde la subjetividad de un maestro de escuela, los pensamientos y emociones que me han acompañado en mi vida escolar.

Estos escritos surgieron a borbotones emocionales. El libro se organiza en capítulos no previstos, no diseñados en un principio. Yo solo fui escribiendo lo que me soliviantaba por dentro. Fueron análisis posteriores los que crearon categorías que conformaron los capítulos. Me ha sido interesante descubrir que escribo sobre determinados temas esenciales que marcan mi práctica educativa: la diversidad, la inclusión, el poder, lo esencial en educación, la conexión entre las personas y, especialmente, sobre lo que nos hace humano.

Sintiendo la infancia, es un viaje a través de la educación entendida como un acto profundamente humano, un territorio donde se entrelazan la fragilidad y la posibilidad, la dificultad y la esperanza, la identidad personal y la responsabilidad colectiva. Este libro nace de una vida dedicada a mirar, escuchar y acompañar a niños y niñas en la escuela, pero también a quienes educamos: familias, docentes y comunidades enteras que, a veces sin saberlo, modelan el porvenir.

La obra se articula en siete capítulos que funcionan como ventanas desde donde contemplar la educación en su complejidad. No es un tratado teórico ni un manual de recetas. Es, más bien, un cuaderno de navegación pedagógica donde la experiencia vivida se encuentra con la emoción y la reflexión crítica, en un intento de invitarnos a pensar sobre cómo educamos a la infancia.

Capítulo 1. Sobre lo humano

El primer capítulo comienza explorando cómo se construye un ser humano, y aborda cuestiones como la importancia del vínculo, la infancia anestesiada en nuestros días, lo que no se puede medir en la educación, la irrupción de la inteligencia artificial y lo que es esencial para educar. Aquí se exploran los cimientos de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Porque la educación es un acto de humanización y empieza siempre en la mirada que reconoce a la otra persona.

Capítulo 2. Supercapaces

Este bloque aborda la diversidad: desmontando etiquetas, diagnósticos apresurados y normalidades ficticias. Se habla de miedos, expectativas, esfuerzos, talentos invisibles y heridas silenciosas. Aquí aparece la escuela como espacio que puede potenciar o limitar, acompañar o desorientar. El capítulo reivindica una idea esencial: todos los niños y niñas son capaces, pero no de lo mismo ni de la misma manera. La tarea educativa consiste en descubrir y potenciar posibilidades, no en uniformar.

Capítulo 3. Lo que educa

En estas páginas se despliega la vida cotidiana de la escuela: las mariposas en el estómago del comienzo de curso, la necesidad de los límites, la escucha imprescindible, la psicomotricidad a menudo ausente, la magia educativa o las pantallas. También se reflexiona sobre el pensamiento crítico, la pasión por enseñar, la creatividad, la comunidad educadora y los malentendidos que enturbian la práctica docente. Es un capítulo que recuerda que la escuela educa no solo por lo que enseña sino, sobre todo, por lo que es.

Capítulo 4. Lidiando con el poder

La educación no ocurre en el vacío. Está atravesada por decisiones políticas, estructuras de poder, desigualdades, rutinas históricas que han perdido su sentido y narrativas falaces que condicionan la vida escolar. Este capítulo analiza la confianza, la utopía, la hipersexualización de la infancia, el racismo, la guerra, las escuelas públicas y privadas, la perversión del lenguaje, las pantallas, la responsabilidad y la falta de ella. También denuncia la burocratización que asfixia al profesorado, y reivindica la necesidad de recuperar el sentido profundo de la educación.

Me ha encantado las palabras de Miguel Ángel Santos en el prólogo sobre este tema. Dice así:

No me sorprende su visión crítica de la Administración Educativa, obsesionada muchas veces por la burocracia que absorbe un tiempo precioso en tareas aburridas y poco fecundas. Pero sí me sorprende que haya dejado para después de la jubilación la denuncia de algunas situaciones abiertamente condenables. Lo digo porque, dada su condición de funcionario, era fácil objeto de represalias, como sucedía en el caso de aquel empresario que en una cena de empresa, cuenta un chiste a la hora de los postres y ve que todos los trabajadores se ríen a carcajadas menos uno que se queda impasible. El empresario le pregunta:

¿A usted no le ha hecho gracia?

A mí me ha hecho la misma gracia que a todos los demás, pero es que yo me jubilo mañana.

Pues eso: después de jubilado se es más libre para contar algunas cosas de la escuela.

Capítulo 5. El “coronacurso”

La pandemia nos puso a prueba, supuso un terremoto educativo inexplorado. Aquí se recogen vivencias, aprendizajes y heridas de aquel tiempo extraño: el confinamiento, la función docente, la juventud en las nubes, las tareas escolares, los rituales que perviven y los que desaparecieron. Lejos de la nostalgia o el dramatismo, este capítulo sostiene una idea luminosa: no fue tiempo perdido. La escuela demostró su capacidad de reinventarse y de seguir siendo hogar, incluso en la distancia. Pero también demostró que hay rémoras ancestrales en las escuelas que no son necesarias en la tarea educativa y hay que desterrar.

 

 

Capítulo 6. Conexión

Este capítulo es una celebración del vínculo: la mirada, el asombro, el juego, la emoción, el espejo que somos, los cuentos que nos construyen... Educar es ponerse en juego, abrir el corazón, permitir que el otro nos transforme. Aquí la pedagogía se vuelve poética, recordándonos que la infancia es un territorio sagrado que exige presencia, ternura y autenticidad.

Capítulo 7. Referentes educativos

El libro se cierra con un homenaje a quienes han marcado mi camino como educador de la infancia: profesorado de universidad, maestros y maestras, asesoras, alumnado de práctica…, referentes que han dejado huellas profundas en mi vida educativa. Son textos que combinan gratitud, memoria y reconocimiento. Porque nadie educa solo; todos somos fruto de las personas que nos marcan e inspiran en la vida.

En definitiva, Sintiendo la infancia pretende ser una obra para pensar, sentir y transformar. Es una invitación a detenernos y a reflexionar, a mirar la escuela con ojos nuevos, a recuperar la humanidad que a veces se pierde entre prisas, informes y pantallas. En suma, a recordar que la infancia no es un trámite, sino un territorio complejo donde se juega el futuro de la humanidad.

Este libro no pretende ofrecer respuestas definitivas. Busca plantear preguntas, provocar reflexión, despertar conciencia y, sobre todo, reconciliarnos con el placer de educar. Si logra que miremos a los niños y niñas con un poco más de ternura, con un poco más de paciencia y un poco más de respeto, entonces, habrá cumplido su propósito.

Por último, quiero reivindicar el valor de todas las personas que dedican su tiempo a la educación de la infancia, porque de ellas depende el futuro de este complejo e incierto mundo.

Gracias por acompañarme en este viaje de pensamientos y sentimientos sobre la infancia. Ojalá este libro nos recuerde que educar es, siempre, un acto de generosidad, responsabilidad y de amor.



[i] Gómez Mayorga, C. (2026): Sintiendo la infancia. Ed. UMA.

[ii] Gómez Mayorga, C. (2022): Pensando en la infancia. Ed. UMA.

 

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